Cuando la humildad desaparece.

“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8).

En un periodo de la apostasía en Israel, DIOS no cesa de invitar al pueblo para que se vuelva a él, pues quiere favorecerlos. Está extendida la invitación para que todos anden humildemente con DIOS.

Humildad es la principal condición de la ciudadanía celestial. DIOS es humilde y JESÚS también lo es. DIOS aun siendo el rey del Universo, es humilde. Para amar a las criaturas, para hacer el bien, para servir a los otros, hay que ser humilde. La ley de DIOS solo funciona perfectamente en humildad. JESÚS consiguió vencer porque fue humilde. En el Cielo, ser humilde no es ser inferior, sino ser un ciudadano perfecto que sabe cómo utilizar los principios del amor para vivir en armonía y felicidad.

Cuando la humildad desaparece, otras cosas ruines aparecen, como la desconfianza, el egoísmo, la voluntad de sacar provecho de los demás, la violencia, y así por el estilo. No hay como alcanzar la vida eterna con falta de humildad, y sin ella, nada funciona bien.

Miqueas miró hacia el futuro y vio la venida del Mesías. Vio que éste era verdaderamente humilde, que poseía la verdadera nobleza. Vio que él sería el Salvador, y que para perdonar tendría que ser humilde, pues tendría que amar a sus enemigos. O no nos perdonaría. Además, tendría que ser capaz de restablecernos a la condición original.

El propósito de Dios al dar la ley a la raza humana caída fue que el hombre pudiera, por medio de Cristo, elevarse de su baja condición para llegar a ser uno con Dios, para que los mayores cambios morales pudieran manifestarse en su naturaleza y carácter. Esta transformación moral debe efectuarse, o en caso contrario el hombre no sería un súbdito seguro en el reino de Dios, porque produciría una rebelión” (Hijos e Hijas de Dios, MM, 52).

Los profetas son escogidos entre las personas que tienen un nivel aceptable de fidelidad a DIOS para las obligaciones que vendrán. Una gran parte de la obra de los profetas ha sido de amonestación en tiempos de crisis espiritual, para salvar al pueblo que quiere seguir el mundo. Observemos que siempre hubo conflicto entre los líderes políticos y los profetas y entre estos y los líderes religiosos. Así ocurrió con JESÚS, que llegó a ser crucificado y fueron los líderes religiosos quienes tramaron su muerte. Así fue con la moderna profetiza Elena G. de White, que fue mandada para Australia, más o menos como José lo fue a Egipto, en el entendido de los líderes religiosos de entonces que así se librarían de ella.

Un profeta puede saber con absoluta seguridad cuál será la historia futura de su pueblo, como fue el caso de Miqueas, que sabía sobre el futuro de Jerusalén que sería destruida por los babilonios, y de Samaria que sería destruida por los asirios. Pero felizmente DIOS también les rebeló que en un futuro distante él mismo vendría como Mesías, redentor y rey eterno en la persona de JESÚS. Sin embargo, tener ese conocimiento produce una gran angustia en el profeta, pues él es parte del pueblo, de la misma sangre, es pariente y tiene sentimientos, lo ama y no quiere un futuro trágico así como DIOS también no quiere. Pero muchas veces el pueblo prefiere hacerse el ciego e ignorar la tendencia. Isaías 28:10

Otros profetas también sufrieron la ingratitud del pueblo o de sus líderes. Moisés fue uno de los que más sufrió. Recordamos también a Elías, quien llegó a desistir de enfrentar a Jezabel, la cual quería matarlo aun viendo claramente que ella estaba en el camino equivocado. Y el pueblo, siempre manipulable, ¡cómo es fácil de ser engañado! El pueblo, que sigue a cualquier líder que se aparece, en general no cuestiona, y de hábito, siempre se inclina a seguir a los mal intencionados que llevan a la perdición. Por eso es tan fácil manipular a las multitudes conduciéndolas al engaño y muerte. No seamos como uno más en la multitud, que sigue la tendencia del momento. Seamos como quien se aferra de la mano del amante Salvador.

¿Cuál era la condición a la que el pueblo de Judá había caído en los tiempos de Isaías? Haremos un breve resumen, aunque es horrible.

Se iban a dormir, pensando en lo que podrían hacer para aumentar sus riquezas al día siguiente;

Tramaban cómo apoderarse de las cosas de los otros, por ejemplo, cómo tomar la tierra o la casa o el ganado u otros bienes de quienes les debían;

Se hicieron amigos del mal y enemigos del bien. ¿Quiénes actuaban así?

El rey Acáz, quien debería ser ejemplo de fidelidad a DIOS;

Los príncipes, que eran personas influyentes en las decisiones nacionales;

Los sacerdotes, que se corrompieron y que ya no enseñaban más la verdad pura;

Los falsos profetas que surgieron para apoyar al rey, a los príncipes y a los sacerdotes.

Ahora intente imaginar una nación así constituida. ¿Qué es lo que su pueblo iría a hacer? ¿No se corrompería también? Con raras excepciones, generalmente el pueblo sigue a sus líderes. No se pregunta para saber si están en lo correcto o si están equivocados. Hay relatos rarísimos en la Biblia de quienes hicieron lo contrario, que investigaron acerca de lo que les era enseñado, para ver si coincidía con lo que estaba escrito. En realidad, hay solo una excepción, los bereanos. Y prestemos atención: nosotros, adventistas del séptimo día, debemos ser investigadores de lo que se dice en las predicaciones. No quiere decir que estaremos buscando los errores, nada de eso, sino que debemos estar siempre dispuestos a confirmar la veracidad de lo que se predica y a profundizarnos en ella, investigando el asunto en la Biblia, en el Espíritu de Profecía, y en otras fuentes.

Y eventualmente, si fuere el caso, si llegamos a descubrir algún error o alguna herejía, que infelizmente hoy abundan, aproximarnos a la persona que lo hizo y corregirla. Y también defender a los más débiles en la fe y a los recién conversos. Todo eso es exactamente lo que no estamos haciendo. “Si hay un aspecto de la verdad que no podéis entender, con el que no concordáis, investigad, comparad un versículo con otro, ahondad el pozo de la verdad en la mina de la Palabra de Dios. Debéis ofreceros vosotros mismos y vuestras opiniones sobre el altar de Dios, abandonar vuestras ideas preconcebidas y permitir que el Espíritu del cielo os guíe a toda verdad” (Testimonios para los Ministros, 476).

¿Con ese estilo de vida que llevaban, a qué situación nacional el pueblo de DIOS llegó en aquellos tiempos? Continuemos enumerando:

Pensaban que por el hecho de creer en el DIOS verdadero, eran inmunes a las catástrofes naturales, a los castigos divinos y a las amenazas de las naciones extranjeras;

Se imaginaban superiores a las demás naciones porque, gracias a las dádivas de DIOS, vivían en una situación especial.

¿Pero, a dónde les llevó?

Hacían cultos mecánicos, rutinarios, sin sentido y sin entrega del corazón;

Adoraban a ídolos y dioses falsos, aquellos mismos de las naciones extranjeras que tanto criticaban;

Vivían apartados de DIOS y de sus principios.

Practicaban injusticias contra los más pobres y menos favorecidos, explotándolos y apoderándose de sus bienes.

Y por actuar así, las buenas promesas de DIOS se transformaron en graves dificultades. Tuvieron que soportar la pesada acción de la mano enemiga, exactamente de las naciones que despreciaban y que consideraban inferiores. Tuvieron que someterse a ellas y estas pasaron a dominar al pueblo de DIOS. Como consecuencia de su constante descuido para con las cosas de DIOS, se volvieron esclavos de aquellos a quienes deberían haber atraído hacia él. Fueron atraídos por los dioses que no valían absolutamente nada.

Nunca nos olvidemos: hoy en día nuestro problema no es la adoración de ídolos de hierro, de madera, de concreto, de yeso o algo por el estilo. No tenemos que preocuparnos con eso. Nuestro problema es la complacencia con la mundanalidad que las otras iglesias toleran tanto. He aquí un ejemplo de lo que debemos evitar: ese tal (Artes Marciales Mixtas) que tanto está atrayendo últimamente a los siervos de DIOS de todos los niveles entre nosotros. ¿Por qué muy pocos predican contra ese tipo de exhibición que no pasa de una cruel bajeza?

David fue un gran rey en Israel. El hijo más humilde de una familia también humilde fue llamado para ser rey en Israel. Debería substituir al rey Saúl que los israelitas pidieron y que fue un rotundo fracaso. En medio de la trayectoria de una nación rumbo al fracaso total, el profeta Miqueas previó el futuro y predijo que un Hijo de David sería el nuevo Rey, un rey eterno. Él estaba profetizando la venida del Mesías, que reinaría sobre aquél pueblo y sobre todos aquellos que aceptasen su señorío.

Ahora preguntamos finalmente, ¿cuál es la adoración que DIOS desea y que él aprueba? ¿Qué culto es agradable a DIOS? ¿Serían los sacrificios de animales perfectos como se hacía en la antigüedad? ¿O tal vez de animales superiores, obtenidos por el perfeccionamiento de razas y linajes para exclusiva dedicación a DIOS? ¿Sería una gran cantidad de ofrendas? ¿O un culto más largo con oraciones profundas que incluyesen todo lo que se pueda recordar, algo preparado con días de anticipación? ¿En estos tiempos, quién sabe sería la devolución de un diezmo mayor? ¿Sería la entrega a la iglesia de bienes para fines misioneros? ¿Sería la frecuencia continua a los cultos y la participación activa en ellos? ¿Sería el estudio diario de la lección de ES, el enseñar a otros y el dar un buen testimonio? ¿O sería la dedicación completa al trabajo por la salvación de las almas, después de la jubilación? ¿Por último, qué más puede decirse sobre el culto o adoración que DIOS más desea? Seguramente muchas cosas más. Sin embargo, nada de eso es lo que DIOS desea. Lo que él desea como un culto racional, que tiene efecto salvador, es algo muy simple.

Todo lo que fue mencionado puede formar parte, pero no es la esencia. Pueden constituir la periferia de un culto a DIOS, puede que hasta sean importantes, pero no es el núcleo, sin el cual, aun haciendo todo eso, la persona que así rinde culto ciertamente se perderá. Por esa vía puede suceder que salvemos a mucha gente y que, sin embargo, nosotros mismos nos perdamos irremediablemente. ¿Qué tristeza, verdad? Pues apenas son formalidades exteriores.

¿Qué es, entonces, lo que DIOS desea, que es la esencia de la adoración y que debe ser parte de nuestro culto? Él desea una religión práctica del bien y de la justicia, de amor y de obediencia. Desea que andemos humildemente delante de él, que seamos como CRISTO, nuestro ejemplo, y que a él, nuestro Salvador, le entreguemos todo lo que somos. Él no desea tanto lo que tenemos sino lo que somos. Él no quiere tanto las cosas, sino el ser del que somos formados. La verdadera religión es la de intimidad con DIOS, amándolo y siendo amados por él. Es así que ocurre la transformación, por vivir como CRISTO vivió, tornándonos a imagen y semejanza de nuestro creador, como cuando fuimos creados en Adán y Eva. Es la religión de la restauración de los orígenes. Ahí sí, haremos todo lo demás, de menor importancia, porque amamos a DIOS y no para agradarle y obtener la salvación por medio de ellas.

No queremos que nuestros hijos sean como esas máquinas, haciéndolo todo correctamente pero sin sentimiento. Queremos que ellos sean como gente, que interactúen espontáneamente, con amor y alegría, juntos y felices. Así es como DIOS imagina que sea nuestro culto hacia él. Tenemos que dejar el puro formalismo y practicar la verdadera adoración por medio de la humilde intimidad con DIOS.

Los israelitas cayeron en esa trampa. Pensaban: “tenemos al DIOS verdadero y tenemos la verdad, luego nada nos puede pasar”. Los otros dioses no valían nada, el de ellos era infinitamente poderoso, eso era verdad, pero de ahí a pensar que se puede desobedecer y aun así ser inmunes a las ocurrencias negativas, es un terrible engaño. Es verdad que, hasta el desastre, aún hay una sucesión de hechos, pero al fin y al cabo llega si no hay arrepentimiento. DIOS primero envía mensajeros, después ya aparecen algunas dificultades, y los mensajeros continúan llegando. Las dificultades aumentan y los mensajeros traen mensajes duros. Y, si no hay cambio, el desastre llega irremediablemente, como lo fue con Israel, y unos cien años más tarde también con Judá. O DIOS hace alguna cosa, o el pueblo deja de pertenecerle.

Ciertamente es verdad que muchas veces son probadas personas que no están apartándose de DIOS. Pero en esos casos la situación es muy diferente, las pruebas ocurren para que tales personas se fortalezcan en la fe. En los otros casos, es para que demos media vuelta en nuestra dirección espiritual. Y cuando nos arrepentimos, ocurre algo maravilloso, DIOS perdona y olvida aquellos pecados. Por ellos jamás nos perderemos, y si nos perdiésemos, será por pecados nuevos de los cuales no nos arrepentimos.

El perdón de DIOS es maravilloso, es diferente del perdón del ser humano. “El perdón de Dios no es solamente un acto judicial por el cual libra de la condenación. No es sólo el perdón por el pecado. Es también una redención del pecado. Es la efusión del amor redentor que transforma el corazón. David tenía el verdadero concepto del perdón cuando oró “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” Sal. 51:10” (El Discurso Maestro de Jesucristo, 97). Así como Moisés, podemos ser victoriosos si nos desligamos de los atractivos terrenales y tenemos presente que pertenecemos a DIOS, Nuestro Creador.

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