“Y comenzaron todos a una a excusarse”
Lucas 14:18
Estas palabras son parte de una historia que Jesús conto a los que estaban sentados a la mesa de un príncipe de los fariseos.
Al observar a los convidados, el Señor notó que ese grupo de personas pertenecía a la clase pudiente de la sociedad.
El que los había invitado, no lo había hecho porque pensaban que lo necesitaban, sino que lo hacía con el fin de que después devolvieran la invitación.
El Señor Jesús aprovecho la oportunidad para aconsejar tanto a los invitados como al anfitrión, al observar como los invitados trataban de ubicarse en los principales lugares, les aconsejo que deberían tomar los lugares menos codiciados, para que se evitaran pasar un bochorno, en caso de que el dueño de la casa tuviera algunos reservados para huéspedes especiales.
Así, en lugar de tener que descender a un lugar inferior, eran invitados a tomar un asiento de más categoría, se iban a sentir mejor, la moderación y la modestia no eran muy evidentes entre los invitados.
Al anfitrión le aconsejó que invitara a los que realmente necesitaban alimento, de eso modo, aunque ellos no le pudiesen retribuir, le seria recompensado en la resurrección de los justos.
Sin duda, tanto los invitados como el anfitrión, se sintieron muy incomodos con esa exhortación.
Para cambiar el tema de esa conversación, uno de los invitados, con aire de santurrón dijo: “Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios” (Lc. 14:15)
Esa era una frase que repetían con frecuencia los fariseos, sin duda el que se expresó así, esperaba aliviar la tensión creada por las palabras de Jesús, pero resultó todo lo contrario.
Por medio de una parábola, el Señor les reveló su verdadera condición, era un pueblo que se jactaba de tener una herencia espiritual superior a todos los otros pueblos, sin embargo, estaban usando sus privilegios como una excusa para no aceptar los llamados que Dios les estaba haciendo por medio de sus profetas, y ahora por medio de su Hijo.
Las excusas de algunos eran tan triviales, que parecía que ni siquiera las habían pensado para confeccionarlas de un modo que pareciera algo más razonables.
Veamos las palabras de la ilustración: “El entonces les dijo” un hombre hizo una gran cena, y convido a muchos, y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados –Venid que ya está todo aparejado- y comenzaron todo a una a excusarse, el primero dijo… He comprado una hacienda y necesito verla, te ruego que me excuses, – Y el otro dijo, he comprado una yunta de bueyes, y voy a probarlos, te ruego que me excuses. Y el otro dijo- acabo de casarme por tanto no puedo ir. (Lc. 14:16-30)
Analicemos cuan pobres eran las excusas presentadas para no asistir al banquete preparado.
El que había comprado una hacienda dijo que la iba a ver, ¿Quien compra una hacienda sin verla primero?
Además la invitación era para una cena, no era desayuno ni comida, así podía decir que les cortaba el día ya que por razones de cortesía no iban a poder salir enseguida después de la comida, a la hora de la cena ya todos han terminado sus labores del día y tenían tiempo para ir a una cena y quedarse a platicar un rato.
Otra cosa ridícula de la excusa, es que a la hora de la cena ya no hay luz, ¿cómo iba este hombre a ver su hacienda? Hasta podía accidentarse en la oscuridad.
El que había comprado los bueyes igualmente presento una excusa, los bueyes no trabajan de noche, a la hora de la cena ya no era hora de ir al campo.
Lo cierto del caso es que no quisieron ir al banquete, pero querían aparentar que lo lamentaban mucho, pero que no era la culpa de ellos.
El ultimo aunque altanero, por lo menos fue más franco, dijo sin rodeos que no podía ir, su excusa tampoco tenía peso, porque aunque se acababa de casar, nada mejor para unos recién casados que asistir a un banquete.
Las excusas rara vez solucionan el problema, Adán y Eva presentaron sus excusas al Creador cuando los visito después que pecaron, habiendo comido del fruto prohibido.
Adán dijo: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y yo comí, En otras palabras quiso decir: Yo no tengo la culpa ¿para qué me diste esa compañera? Si no hubiera sido por ella, yo no hubiera tomado ese fruto.
Eva dijo: La serpiente me engañó, ¿para qué hiciste ese animal? Si no hubiera sido por la serpiente, yo no hubiera tomado ese fruto.
Así, en último caso era, según ellos, Dios el culpable por haber creado la serpiente, y por haber dado a Adán una compañera.
Lo triste del caso es que con esas excusas, no arreglaron nada, Dios no discutió con ellos, solamente los echó del huerto del Edén y los sentenció a trabajo duro y después morir, eso indica que las excusas de nada valieron.
Se dice que si alguien tiene una buena excusa, debe guardarla muy bien en una caja, y no usarla, las excusas son como las píldoras que quitan el dolor, no curan la enfermedad, solo hacen desaparecer los síntomas.
Las excusas adormecen la conciencia y no dejan que la persona reaccione en forma constructiva. Las excusas son un mecanismo de defensa, que después de todo nos impiden mejorar en nuestra vida cristiana.
En todas partes nos encontramos personas que recurren a las excusas para enfrentar sus errores.
El estudiante que fracasa, generalmente no es porque no estudie, puede ser porque el maestro no es bueno para enseñar, o porque él no es de sus alumnos favoritos, o porque le tiene mala voluntad.
El que pierde el empleo, no es por su culpa, sino porque hay política en la empresa.
En una familia, había mucha tensión en el hogar porque la señora se enojaba muy seguido, al llamarle la atención el pastor de la iglesia, se excusó de su mal temperamento, diciendo que su esposo le hacía perder la paciencia. A lo que el esposo dijo: ¿y cómo puedes perder lo que tienes?
El problema serio con las excusas, es que además de impedir la superación del caso, la persona puede estar mintiendo, realmente es más lo que se pierde que lo que se gana, cuando nos acostumbramos a dar excusas.
Algunos culpan a satanás por sus fallas espirituales, probablemente satanás esté detrás de nuestro errores, pero puede haber casos en los cuales ni necesita preocuparse.
Quizá es nuestro descuido o nuestra ignorancia, la verdadera causa, debemos analizar las cosas para poner la responsabilidad donde corresponde y no ser injustos.
Al visitar las cárceles, es difícil encontrar entre los detenidos a alguno que sea culpable, todos dicen ser inocentes, si alguno cometió homicidio, fue por defenderse, si robó, fue por necesidad, cualquier falta que no pueden negar, encuentran razón para justificarla.
Cuando el rey Alfonso XIII de España, visitó una cárcel, quiso saber cuáles eran las faltas más comunes entre los reos. Al primero le preguntó la razón por qué estaba preso, este le contesto que por no tener recursos para ocupar un buen abogado.
Otro dijo que lo habían acusado falsamente porque le tenían envidia, otro dijo que por haberse defendido de los que le habían atacado en la calle.
El rey se encontraba en la casa de los inocentes, pero antes de abandonar el penal, pregunto por ultimo a un joven cual era la causa por la que estaba detenido.
El joven dijo: Majestad, porque me encontraron robando gallinas, con esto el rey dijo, ¿cómo puede este ladrón vivir en medio de tantos inocentes? Los va a contagiar.
Así que ordeno echarlo fuera inmediatamente, al ver esto, los otros reos protestaron diciendo… ¿por qué a él lo dejan salir y a nosotros no? El rey respondió: a ese hombre lo hemos librado por haber tenido el valor de decir la verdad, ustedes no, son culpables y además mentirosos, porque no lo quieren reconocer.
Muchos buscan excusas para no obedecer la palabra de Dios, culpan a las circunstancias o a la mala herencia que recibieron de sus padres.
Decía una señora que ella no podía enfrentar las enfermedades con paciencia porque había heredado el carácter de su abuela.es verdad que muchos tienen que luchar con tendencias heredadas, además de las adquiridas, por eso dijo Jesús “Os es necesario nacer otra vez” y al nacer de nuevo no podemos seguir con las malas tendencias o herencias.
Tenemos ejemplos en la sagrada escritura de personas que pudieron haber presentado excusas que podían haber sonado muy razonable y sin embargo no lo hicieron.
Tal es el caso del Patriarca Abraham, Dios le pidió que sacrificara a su hijo Isaac en holocausto, como si hubiera sido un cordero, el Patriarca podía haber argumentado que eso significaba quebrantar el mandamiento que Dios mismo dio, y que dice, “No matarás”.
También podía haber mencionado que en Isaac Dios había prometido hacerle padre de una gran nación, ¿cómo iba ahora a sacrificarlo? Luego, al darse cuenta los vecinos iban a pensar que Abraham era otro Caín.
Además Sara tenía derecho como madre de ver a su hijo a su lado hasta que ella muriera, y si el volvía del campo si Isaac, estaba seguro que eso le causaría la muerte a la mama, así que era imposible cumplir con esa orden.
Pero en lugar de buscar excusas para no obedecer, Abraham buscó razones para cumplir lo que Dios le pedía.
Lo mismo podríamos decir del joven José, el joven que fue vendido como esclavo y llevado a Egipto, lejos de sus padres, en tierra de paganos, algunos dicen (a donde fueres haz lo que vieres)
Pero José no usó tal consejo, cuando la mujer de su amo Potifar lo quiso seducir a pecar, su respuesta fue- Génesis 39:9
Aunque había sido tratado injustamente por sus hermanos, no tomo eso como excusa para abandonar la fe y dar la espalda a un Dios que había permitido que lo vendieran, hasta podía haber pensado que estaba sufriendo por ser bueno.
Pero lejos de buscar excusas, prefirió sufrir las consecuencias de la calumnia y la difamación, antes que desobedecer a Dios.
Podemos ver que no hay excusas para pecar, si las hubiera, Dios hubiera disculpado a Lucifer.
Que dice la Biblia, Apoc. 2:10
Algunos se retiran de la iglesia o no entran a ella, dando como excusa el mal ejemplo que dan algunos que están adentro.
La Escritura nos dice… Rom. 8:35-39.
En la mayoría de los casos estamos lejos de llegar a la muerte por obedecer al Señor, por cosas que son insignificantes en comparación de las que sufrió Jesús por nosotros, llegamos a pensar que tenemos razón para dejar de cumplir nuestro deber como cristianos.
Dios permita que los ejemplos de fidelidad nos impulsen a vivir lo más cerca que sea posible de Nuestro Salvador, y que nuestro amor y gratitud por el Señor, nos mueva a trabajar en favor de los que no conocen su santa palabra.
Dios no ayude para que en lugar de buscar excusas, busquemos la ayuda de Dios para obedecer.
Dios te bendiga.
Himnos #62 y #434