La purificación de la iglesia

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida de Señor se acerca” (Sant 5:7,8).

¿Cuándo, finalmente, derramará DIOS el poder del ESPÍRITU SANTO sobre su iglesia? En cierto modo, ya lo está haciendo. La iglesia está, desde hace unos pocos años, predicando con mayor poder. Esta predicación despertará oposición en Babilonia y también internamente, en la iglesia. Se levantarán enemigos, y esta predicación creará temor en el enemigo que responderá con el decreto dominical. Pero como no se puede combatir a DIOS y sus propósitos, el efecto mayor de este decreto será el zarandeo y la purificación de la iglesia mediante el fortalecimiento del trigo y la exclusión de la cizaña.

Nosotros, hoy, debemos interesarnos por la purificación, para no ser sacudidos con la cizaña que se unirá a Babilonia. “Nos toca a nosotros remediar los defectos de nuestro carácter, limpiar el templo del alma de toda contaminación. Entonces la lluvia tardía caerá sobre nosotros como cayó la lluvia temprana sobre los discípulos en el día de Pentecostés” (Testimonios para la Iglesia vol. 5, 199). “…la lluvia tardía vendrá y la bendición de Dios llenará cada alma que esté purificada de toda contaminación. Nuestra obra hoy es rendir nuestra alma a Cristo para que podamos ser hechos idóneos para el tiempo del refrigerio de la presencia del Señor: idóneos para el bautismo del Espíritu Santo” (Mensajes Selectos vol. 1, 223).

¿Cuál es la gran promesa de JESUCRISTO a los que cumplen con el “Id”? Él estará con ellos todos los días para hacerles compañía, darles fuerza, orientarles y darles poder. Así será hasta la consumación de los siglos. La predicación será para toda nación, tribu, lengua y pueblo. “A nosotros, como a los discípulos, CRISTO comisionó la tarea de llevar la verdad al mundo. Pero antes de que nos involucremos en esta grande y agresiva batalla de la cual dependen resultados eternos, somos invitados por CRISTO a evaluar el costo. Él nos asegura que si tomamos posesión de la obra con el corazón no dividido, entregándonos como portadores de la luz para el mundo; si procuramos Su fuerza, haremos paz con Él y obtendremos ayuda sobrenatural que nos permitirá en nuestra debilidad producir frutos poderosos” (Comentarios de EGW, Reavivamiento y Reforma, 88).

Hoy, como hemos estudiado, es el tiempo del reavivamiento y reforma. Debemos ofrecernos a la voluntad de DIOS, y pedir que Él nos transforme para que seamos útiles. “Todo obrero debe someter sus propias cualidades a la prueba de la Palabra de Dios. ¿Tienen una correcta percepción de las cosas de interés eterno los hombres que están manejando cosas sagradas? ¿Están dispuestos a someterse a la acción del Espíritu Santo? ¿O se dejan manejar por sus propias tendencias heredadas y cultivadas? Conviene que todos se examinen a sí mismos para ver si están en fe” (Testimonios para los Ministros, 259, negrita añadida).

La ilustración del agua y de la lluvia, para enseñarnos sobre el ESPÍRITU SANTO, es muy fácil de entender. Además, como todo en la Biblia, si es bien explicado, se hace simple. El agua se usa para limpiar y purificar. La lluvia derrama mucha agua, y sirve para limpiar y también para hacer brotar y crecer. La primera lluvia (temprana), en el Oriente, es para hacer brotar el grano. La última lluvia (tardía) es para madurarlo y prepararlo para una cosecha abundante. Así se ilustra en la Biblia el trabajo del ESPÍRITU SANTO. La primera predicación, la de los apóstoles, sirvió para un impulso inicial de la iglesia y para predicar el evangelio a todo el mundo de aquellos días. La última lluvia es para la conclusión de la obra de predicación, para que JESÚS vuelva y lleve al Cielo a aquellos que fueron salvos. Entre las dos lluvias hubo una gran sequía, de 1260 años, período en el cual la iglesia sufrió en el árido desierto.

Para finalizar su obra, DIOS utiliza tanto los poco instruidos como los muy instruidos. Todos tienen una parte que hacer, cada uno según su don. Incluso aquellos que no saben leer o escribir, pueden hacer algo importante. Es DIOS quien capacita para Su obra. Así como toda buena empresa, al contratar a un nuevo empleado, le da el debido entrenamiento, DIOS prepara aún mucho más a sus obreros para que sean exitosos. “El hombre sin instrucción, que es consagrado a Dios y anhela beneficiar a otros, puede ser usado por el Señor en su servicio, y lo es. Pero los que, con el mismo espíritu de consagración, han tenido el beneficio de una educación cabal, pueden realizar una obra mucho más extensa para Cristo. Se hallan colocados en una posición ventajosa” (Mensajes para los Jóvenes, 121).

¿Qué deben hacer los miembros de la iglesia verdadera para recibir el don del ESPÍRITU SANTO? Hay algunos requisitos. Como ya estudiamos, debe haber un verdadero arrepentimiento por los pecados que se han cometido, un fuerte y definitivo deseo de no cometerlos más; debe haber confesión de esos pecados y pedidos de poder para vencerlos. No es necesario que los siervos de DIOS sean ya completamente transformados, aún serán pecadores, pero odiando el pecado. Cuando cometan alguno, no será por vicio, sino por causa de su debilidad y de su condición de pecadores.

Luego, en el camino de la santificación, personas humildes, sin pretensiones, deseando solamente servir y nunca ser servidas, y esto como efecto del poder de lo alto, deben pedir el ESPÍRITU SANTO, su poder para operar en nombre de DIOS. Tenemos que pedir para recibir. Este pedir no es para que DIOS se dé cuenta de lo que queremos, sino para que nosotros mismos nos demos cuenta de que debemos permanecer obedientes y fieles a DIOS, entregados a su buena voluntad. “Que los cristianos… pidan con fe la bendición prometida, y la recibirán. El derramamiento del Espíritu en los días de los apóstoles fue la lluvia temprana, y gloriosos fueron los resultados. Pero la lluvia tardía será aún más abundante” (El Evangelismo, 508).

El poder del ESPÍRITU SANTO será dado para que se complete la obra de predicación del evangelio por todo el mundo. Esto es necesario para que JESÚS vuelva y se lleve a muchas personas. Es por nuestra colaboración que millares de personas serán escogidas para la vida eterna. “Pero acerca del fin de la siega de la tierra, se promete una concesión especial de gracia espiritual, para preparar a la iglesia para la venida del Hijo del hombre. Este derramamiento del Espíritu se compara con la caída de la lluvia tardía; y en procura de este poder adicional, los cristianos han de elevar sus peticiones al Señor de la mies “en la estación tardía”. En respuesta, “Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante.” [Zacarías 10:1]. “Hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio [Joel 2:23]” (Los Hechos de los Apóstoles, 45).

Aquellos que no se interesen por los pre-requisitos para recibir poder de lo alto, no apreciarán este poder. Piensan que ya son buenos y competentes para realizar la obra, cuando en realidad no tienen ningún poder divino. Estos no prosperarán en la obra, y ellos mismos se perderán. “No todos los miembros de la iglesia están cultivando la piedad personal; por lo tanto no comprenden su responsabilidad personal. No comprenden que es su privilegio y deber alcanzar la alta norma de la perfección cristiana… ¿Estamos esperando la lluvia tardía, aguardando confiadamente un día mejor en que la iglesia ha de ser dotada con poder de lo alto y habilitada así para la obra? La lluvia tardía nunca refrigerará y vigorizará a los indolentes que no usen las facultades que Dios les ha concedido” (En los Lugares Celestiales, 340). “Podemos estar seguros de que cuando el Espíritu Santo sea derramado, los que no recibieron y apreciaron la lluvia temprana no verán ni entenderán el valor de la lluvia tardía” (Testimonios para los Ministros, 399). “Alrededor, otros corazones la podrán estar recibiendo, pero nosotros no lo advertiremos ni la recibiremos” (Recibiréis Poder, 27). “Dios revelará que Él no depende de mortales doctos y vanidosos” (Testimonios para la Iglesia vol. 5, 78).

Uno de los requisitos es la obediencia con humildad. En el Cielo todos son humildes, empezando por el DIOS Creador. Cuando JESÚS vino a esta Tierra, no se convirtió en humilde, Él ya era así. Debemos poner en práctica todo lo que ya sabemos respecto de las Escrituras, y así aprenderemos más, y pondremos lo aprendido aún más en práctica. Es así que los verdaderos cristianos crecen, recibiendo poder. “Únicamente los que viven en armonía con la iluminación obtenida, recibirán más luz. A menos que avancemos diariamente en la ejemplificación de las activas virtudes cristianas, no estaremos en condiciones de reconocer la manifestación del Espíritu Santo en la lluvia tardía. Alrededor, otros corazones la podrán estar recibiendo, pero nosotros no lo advertiremos ni la recibiremos” (Recibiréis Poder, 27).

JESÚS vino para bautizar con el ESPÍRITU SANTO y con fuego. Esto quiere decir que existe un bautismo por medio de las aguas, y el que concede el ESPÍRITU SANTO, con fuego. No son cosas separadas, sino una sola, pues la palabra “y” está escrita con fuego. La concesión del ESPÍRITU SANTO es el bautismo con fuego.

El bautismo del ESPÍRITU SANTO, o sea, con fuego, quiere decir que DIOS habita en aquella persona, la dirige y la orienta sobre qué y cómo hacer. Tiene la guía del poder de lo alto. Esta persona tiene el poder de lo alto para testimoniar del modo correcto, sin incoherencias, respecto del mensaje de la Palabra de DIOS, la Biblia. Da un buen testimonio, revelando una persona pura, decente, que no es afectada por las cosas negativas del mundo.

“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento –dijo Juan;– más el que viene tras mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego.” El profeta Isaías había declarado que el Señor limpiaría a su pueblo de sus iniquidades “con espíritu de juicio y con espíritu de ardimiento.” La palabra del Señor a Israel era: “Volveré mi mano sobre ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias.’ Para el pecado, dondequiera que se encuentre, “nuestro Dios es fuego consumidor.” En todos los que se sometan a su poder, el Espíritu de Dios consumirá el pecado. Pero si los hombres se aferran al pecado, llegan a identificarse con él. Entonces la gloria de Dios, que destruye el pecado, debe destruirlos a ellos también. Jacob, después de su noche de lucha con el ángel, exclamó: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (El Deseado de Todas las Gentes, 82-83, negrita agregada).

Una persona en estas condiciones puede dar un testimonio positivo. DIOS no tendrá su imagen empañada por lo que ella hace. Por tanto, como dice la sierva del Señor, “…se realizarán milagros, los enfermos sanarán y signos y prodigios seguirán a los creyentes. Satanás también efectuará sus falsos milagros, al punto de hacer caer fuego del cielo a la vista de los hombres. (Apocalipsis 13:13.) Es así como los habitantes de la tierra tendrán que decidirse en pro o en contra de la verdad” (El Gran Conflicto, 597).

Así será concluida la obra de la salvación. Cuanto más cerca se esté del fin, más poder será concedido a los santos, y más santos habrá que desearán ser puros para tener ese poder. Ellos trabajarán conforme la voluntad de DIOS y concluirán la predicación del mensaje por medios simples, después que las autoridades del mundo, luego del decreto dominical, no permitirán más la enseñanza en público y en las iglesias. “Permítame decirle que el Señor actuará en esa etapa final de la obra en una forma muy diferente de la acostumbrada, contraria a todos los planes humanos. Habrá entre nosotros personas que siempre querrán controlar la obra de Dios y dictar hasta los movimientos que deberán hacerse cuando la obra avance bajo la dirección de ese ángel que se une al tercero para dar el mensaje que ha de ser comunicado al mundo. Dios empleará formas y medios que nos permitirán ver que Él está tomando las riendas en sus propias manos. Los obreros se sorprenderán por los medios sencillos que utilizará para realizar y perfeccionar su obra en justicia” (Eventos de los Últimos Días, 173,-174, negrita añadida).

En fin, habrá poder en gente pura para dar un testimonio que sirva para la gloria de DIOS. Ellos habrán sido tan santificados por el ESPÍRITU SANTO, que es DIOS que puede re-crear, que serán valientes y perfectos como fueron los apóstoles, aunque aún pecadores. Principalmente, está también más cerca el fuerte clamor, efecto del reavivamiento y la reforma. Junto con él viene una fortísima predicación y las enseñanzas sobre la verdadera adoración. Con él viene también el refrigerio, una sensación de la fuerte presencia de DIOS con nosotros. Con él viene la mayor de todas las movilizaciones del pueblo de DIOS en esta tierra, desde la creación. Los extremos se separarán: el pueblo de DIOS, transformado y santificado hacia el lado del grupo de personas más puro de todos los tiempos. Del otro lado, los asesinos más crueles de todos los tiempos. De hecho, hoy en la actualidad, ya vemos esa tendencia.

Lo que debemos hacer con estos estudios es transformarlas en un manual para seguirlas estudiando en grupos, en las iglesias, y hasta el final, no dejarlas de lado. Así se cumplirá en nosotros lo prometido por DIOS. “Humildes cristianos, armados con sólo la Palabra de verdad, resistieron los ataques de hombres de saber, que, con sorpresa e ira, tuvieron que convencerse de la ineficacia de sus elocuentes sofismas ante los argumentos sencillos y contundentes de hombres versados en las Sagradas Escrituras más bien que en las sutilezas de las escuelas” (El Gran Conflicto, 508).

Con la finalización de la obra, y después de las plagas, la última batalla aquí en la Tierra, con la presencia de los santos, estará terminada. Lo que viene después del milenio será la ejecución final, ya no una batalla. La batalla final está justo frente a nosotros. La victoria, ya garantizada en la cruz del Calvario, se completará con la victoria del obediente pueblo seguidor de JESÚS, los mansos y humildes, reavivados y reformados. Un poco antes del cierre de la puerta de gracia estarán ellos listos para ser juzgados y aceptados, aún en vida, como pueblo puro y santo. Tienen sus pecados borrados para siempre, y sus nombres están preservados para pronto ser rescatados de esta tierra.

“El Señor tendrá un pueblo tan leal como el acero y de fe tan firme como el granito. Sus miembros han de ser sus testigos en el mundo, instrumentos que han de realizar una obra especial y gloriosa en el día de su preparación” (Joyas de los Testimonios vol. 1, 590).

Dios te bendiga.

 

 

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