El camino a la Vida

El camino a la Vida.

“Pero angosta es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida” (Mateo 7:14).

En tiempos de Jesucristo, en Palestina la gente vivía en ciudades amuralladas que solían encontrarse sobre colinas o montañas. Al atardecer, las puertas de la muralla se cerraban. Por esa razón los viajeros que regresaban a su casa por la tarde, si querían entrar en la ciudad antes de la puesta de sol y dormir en lugar seguro, tenían que apresurar el paso por un camino empinado y rocoso.

Esa vía estrecha y sinuosa que conducía al hogar y al descanso dio a Jesús una idea para ilustrar la vida del cristiano: “Pero angosta es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida” (Mateo 7:14).

La conversión y la regeneración son la puerta estrecha a través de la cual es preciso pasar para empezar a andar por la senda angosta. Esto significa que el corazón y el espíritu tienen que renovarse y que lo viejo ha de morir.

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Afinando las oraciones

Afinando las oraciones.

“Yo te he invocado por cuanto tú, Dios, me oirás; inclina tu oído, escucha mi palabra” Salmo 17:6.

¿Cuándo fue la última vez que oraste, no para pedir, sino para platicar con Dios?

Tal vez nos hemos cuestionado, o podemos llegar a cuestionarnos: Si Dios sabe lo que es mejor para nosotros y hace su voluntad, ¿para qué molestarnos en orar? Si la misma Biblia dice que “vuestro Padre sabe qué cosas necesitáis, antes que las pidáis” (Mateo 6:8). Aunque él haga su voluntad, quiere que participemos en el esfuerzo. Oramos por iniciativa propia. Dios no nos impone su voluntad.

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¿Existe el mal?

¿Existe el mal?

“No penséis que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir” Mateo 5:17.

Un pastor relata que cierto día, un ministro de otra denominación le envió un correo electrónico en el que le decía que su iglesia creía que el Antiguo Testamento tenía que ser desechado. Le dijo que no creía que un cristiano tenga que observar la ley.

En tiempos de Jesús, la Biblia solo se componía de lo que hoy llamamos Antiguo Testamento: la Ley, los Escritos y los Profetas. La ley estaba dividida en tres partes. La primera era la ley ceremonial, que representaba el plan de salvación en tipos y símbolos. Esta ley indicaba a Israel cómo tenía que adorar a Dios. Seguía la ley judicial, lo que hoy llamaríamos las leyes civiles de Israel.

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Un pie en la iglesia y el otro en el mundo.

“Dios no nos ha llamado a la inmundicia, sino a la santificación » (1 Tes. 4: 7).

Hay tres etapas para simpatizar con las atracciones ilícitas del mundo. Etapa #1, la persona está en la iglesia, sin interés en lo mundano. Etapa #2, la persona está en transición, participa en atracciones que deben evitarse, pero aún continúa en la iglesia. En esta etapa, todavía tiene interés en ser salvada, pero comparte este interés en las atracciones de Satanás. Esta es la fase de tratar de servir a dos Señores. De hecho, la persona se va, pero aún no ha perdido todo interés en la salvación. Desea salvarse, pero tampoco quiere perder las atracciones del mundo. Si hay un momento en que otros hermanos y líderes de la iglesia deben prestar atención para ayudar, este es el momento. Leer más

¿Cambiarías a DIOS por un arete?

Jueces 8:24 – Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una petición; que cada uno me de los zarcillos de su botín (pues traían zarcillos de oro, porque eran ismaelitas).

Estamos notando aquí que los ismaelitas (no los israelitas, la gente de DIOS), fueron identificados por los aros de oro que solían usar. Al examinar la Biblia, notamos que el uso de adornos (aretes, pulseras, collares, anillos, etc.) es una costumbre que proviene de los pueblos paganos, es decir, no seguidores del Dios de Israel. Cuando se nos dice que el pueblo judío llevaba estos adornos, se nos da a entender de que esta es una influencia maligna que ha contaminado al pueblo de Dios. Leer más

¿Qué es más deseable que la felicidad?

La vida proviene del amor, la felicidad proviene del cultivo del amor, que es la intimidad, Hay intimidad entre los seres humanos, necesaria para la felicidad, y hay intimidad entre los humanos y el Creador. Él es el origen del amor, es necesario para la intimidad, el amor y la felicidad entre los seres humanos. La intimidad con Dios se llama «adoración», y la intimidad entre los seres humanos se llama «honor», en el sentido de la deferencia respetuosa y el vínculo entre los humanos, incluida la comunicación y, preferiblemente, también la presencia física. La felicidad proviene de la adoración a Dios (pacto de amor con El Creador) y el honor entre nosotros (enlaces de pacto entre criaturas): la vida depende de estos dos tipos de pactos. Pero esencialmente nuestra vida feliz depende de lo que hagamos con la adoración. Porque Dios es la fuente tanto del amor como de la intimidad y la felicidad. Leer más

Una luz que ilumina el camino

Una luz que ilumina el camino.

“Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti” Isaías 60:1.

En Mateo 5:13-16 Jesús nos compara con “la sal de la tierra”, y con “la luz del mundo”, y a pesar de que nuestra reflexión se titula: “Una luz que ilumina el camino”, comenzaremos analizando la comparación que Jesús hace con la sal.

En el mundo antiguo la sal tenía un gran valor. Tanto que, de hecho, con ella se solía pagar el sueldo de las legiones romanas. Este pago se llamaba salarium, de donde deriva nuestro “salario”. ¿Qué te parecería si te pagaran tu trabajo con sal?

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Amor, sumisión y obediencia.

Posiblemente no ha habido otro pecado en la historia de este mundo que haya sido tan castigado por Dios, como lo es la idolatría. Individuos han sido aniquilados por idolatría, familias, comunidades, ciudades, países, regiones, e imperios completos, han sido raídos por Dios, por practicar la idolatría. Desde que el hombre pecó, la idolatría nació.

Diferentes formas de idolatrías han existido en la historia de la humanidad, desde adorar a un pedazo de leño o una piedra, adorar a la misma naturaleza, adorar a un humano, adorar a un muerto y adorar al mismo diablo han existido en este mundo, todas ellas en diferentes formas, todas ellas idolatrías.

“Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, Ni obras que igualen tus obras.” Salmos 86: 8 Leer más

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado.

“Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud” Salmo 143:10.

Actualmente, la palabra “obediencia” no pasa por sus mejores momentos. Casi se ha convertido en un concepto anticuado. Evidentemente, la palabra hace que la gente piense en la esclavitud y la opresión, en la violencia y el castigo. La gente del siglo XXI es tan autosuficiente que no tolera la idea de que nada ni nadie pueda ser dominado.

Los votos tradicionales de matrimonio han cedido el paso a expresiones más poéticas. De modo que la palabra “obedecer” ya casi no se usa. Nadie quiere que lo obliguen a obedecer a nada ni a nadie; ni a la ley, ni al maestro, ni al predicador y aún menos al padre o a la madre.

No obstante, si queremos ser capaces de dar nuestro mejor potencial, la obediencia es necesaria.

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El ejemplo perfecto

El ejemplo perfecto.

“Porque ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho, vosotros también hagáis” Juan 13:15.

Recuerdo que, de niño, observaba a los hermanos de la iglesia mientras se lavaban mutuamente los pies en el rito de humildad, justo antes de la Cena del Señor.

En ese entonces no entendía el significado de lo que hacían. Su verdadero significado se me escapaba incluso después de ser bautizado y empezar a participar con otros jóvenes de mi edad.

En Pakistán es común la expresión “mostrarle a alguien el zapato”. Es una muestra de desprecio por la otra persona. Ahora podemos comenzar a entender por qué Pedro le dijo a Jesús: “¡No me lavarás los pies jamás!”. “Mostrarle a alguien el zapato” es el insulto más grave porque se considera que el pie es la parte más vergonzosa del cuerpo. Por eso Pedro no podía permitir que Jesús tocara sus pies.

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