Una extraña orden

¨Y la sembraré para mí en la tierra, y tendré misericordia de Lo-ruhama; y diré a Lo-ammi: Tú eres pueblo mío, y él dirá: Dios mío¨. Oseas 2:23

La nación que DIOS había escogido con Abram, se formó a partir del nieto Jacob. De él nacieron 12 hombres de los cuales DIOS formó las doce tribus de Israel (aunque de uno de esos hijos no resultó en tribu, de los dos hijos de José salieron dos tribus, completando las 12).

Ya en la tierra prometida, tuvieron reyes. Saúl fue el primero, un desastre. El segundo fue David, un guerrero que unificó al país en una sola nación y la libró de sus enemigos. Estaba todo listo para el cumplimiento de las profecías de DIOS, y de hecho, ellas estaban en marcha. Territorialmente llegaron a las dimensiones previstas. Pero el rey Salomón, sucesor de David, que debería ser enteramente dedicado a la dimensión espiritual, se volvió idólatra a partir de un dado momento. Dejó de educar a sus hijos en los principios divinos, especialmente a Roboám, el heredero del trono. Este nació en la riqueza y no entendía al pueblo. Bajo su gobierno, por el año 931 a.C., la nación se dividió en dos. Con Roboám se quedaron dos tribus, formando el Reino de Judá, cuya capital era Jerusalén, en donde estaba el templo del Señor. Las demás tribus formaron un nuevo reino, llamado Reino del Norte, o Israel, con capital Siquem, a las órdenes del rey Jeroboám, enemigo de Salomón y de su hijo Roboám. Es a ese reino del Norte que se refiere el profeta Oseas. Ese reino nunca tuvo un rey dedicado a DIOS. Pero DIOS siempre les envió profetas, hasta que ya no fue más posible, entonces vinieron los asirios y acabaron con el reino, que nunca más se restableció. Más tarde, Judá fue destruido por Nabucodonosor, pero se restableció.

La situación y la infidelidad de la nación de Israel, que siempre comenzaba a partir de sus reyes, era dramática. Comenzó mal desde el inicio. El primer rey, como vimos, construyó dos centros de culto, donde ofrecían adoración a becerros de oro. Y no hubo rey en Israel, como sí lo hubo en Judá, que oyese la voz de algún profeta de DIOS y la siguiese.

La situación era tan degenerada en los tiempos del profeta Oseas, que DIOS dio una orden increíblemente dura a su profeta. Imagine la situación. El profeta tenía que salir por las calles y encontrar una prostituta, proponerle matrimonio, y lo peor, tener hijos con ella. Y el desdichado profeta hizo exactamente eso. Escogió a Gomer, mujer que se vendía por las calles a hombres frívolos. Ella vivía de eso.

Que maravilloso es el crecimiento de un hogar cuando son fieles los dos. Cuán bueno es ser feliz con quien se ama y se confía totalmente. Pero aquél profeta no tuvo esa suerte, pues fue determinado por DIOS que se case con una mujer que con seguridad no le daría felicidad. Los hijos con ella no serían producto del amor. Y habría el riesgo de que ella tenga hijos con otros hombres, como hacen los perros y los gatos. Así era retratada la situación de toda la nación. Tal como el profeta se sentía con aquella esposa, que huía con otros hombres, así se sentía DIOS con la nación que sacó de Egipto, lugar de prostitución espiritual. Pero Israel quería continuar prostituyéndose, adorando a dioses incapaces de hacer alguna cosa, fabricados e imaginados por los propios adoradores.

“Mediante las reprensiones más severas, Dios procuró despertar a la nación impenitente y hacerle comprender su inminente peligro de ser destruida por completo. Mediante Oseas y Amós envió un mensaje tras otro a las diez tribus, para instarlas a arrepentirse plenamente y para amenazarlas con el desastre que resultaría de sus continuas transgresiones. Declaró Oseas: “Habéis arado impiedad, segasteis iniquidad: comeréis fruto de mentira: porque confiaste en tu camino, en la multitud de tus fuertes. Por tanto, en tus pueblos se levantará alboroto, y todas tus fortalezas serán destruidas… En la mañana será del todo cortado el rey de Israel.” Oseas 10:13-15.” (Profetas y Reyes, 209).

Continuemos imaginando, con la mente y los sentimientos. En verdad, Oseas libró a la prostituta de su mundo de inmundicia. Le dio un hogar, ahora tenía un esposo, una renta, tenía protección y se le abría un camino de felicidad. Y más todavía, ¿quién era ese esposo? Un profeta de DIOS. Muchas señoritas hoy, desean casarse con un teólogo. Sin duda, es un privilegio. Pero aquella prostituta fue escogida por un profeta, aún más, fue una determinación de DIOS. ¿Puede alguien, en sana conciencia, no dar el debido valor a esa elección? ¿Puede una mujer pura y simplemente desconsiderar el hecho de ser la bendita criatura de este mundo que tiene como esposo a un profeta de DIOS? Pues Gomer, esposa de Oseas, salía en búsqueda de otros hombres. ¿Puede un pueblo no dar el debido valor a la elección de DIOS para que sea su pueblo, e ir en pos de los dioses muertos de otros pueblos depravados? Así como se sentía Oseas, así se sentía DIOS.

¿Qué hombres eran aquellos deseados por Gomer en lugar de Oseas? No eran otros profetas, ni podrían serlo. Eran hombres frívolos exactamente como ella. Sin compromiso con nada, solo para sentir el placer momentáneo, allá iba ella atrás de aquellos hombres, que solo querían sentir su cuerpo por algunos momentos y nada más. ¿Cómo se puede explicar una situación tal? ¡Cuánta ingratitud! A eso se le llama traición.

¿Con cuáles sentimientos se referían al profeta los que lo conocían? Pues el profeta era muy bien conocido por los ciudadanos de la nación. ¿Cómo hablaban esas personas? ¡Todavía un profeta de DIOS tuvo que haber escogido a esa mujer! ¡Y todavía ella serle infiel a un esposo profeta! Realmente era algo inexplicable. Una perplejidad general para con lo que estaba aconteciendo con el profeta.

Pero fue entonces que el profeta habló: “todos ustedes están haciendo la misma cosa con DIOS, así como yo estoy sufriendo, así también lo está DIOS” Fue él quien me ordenó que me case con ella para ilustrar el dolor que él siente por medio del dolor que yo estoy sintiendo por causa de ella.

Esa fue una ilustración no sólo hablada por el profeta, sino vivida por él. Así se retrataba la situación dramática del pueblo de Israel: un DIOS que los había librado de Egipto, y que ahora se tornó en una nación corriendo atrás de los dioses que no son nada. Toda falsa adoración es adulterio espiritual.

DIOS quería ver a su pueblo feliz, progresando y dando buen testimonio a las otras naciones. Él quería una nación santa, esto es, ligada a él y desligada del mundo malo, pero atrayendo a las otras naciones hacia DIOS. ¿Qué es lo que consiguió? Una nación, Israel, que dejó de lado a DIOS y se apasionó de ídolos sin ningún sentido. Ídolos de materia inerte, hechos por otros seres humanos, que querían ganar algo con eso, dinero, fama, o que querían manipular a la gente. En nada diferente a nuestros días.

“En la Biblia, el carácter sagrado y permanente de la relación que existe entre Cristo y su iglesia está representado por la unión del matrimonio. El Señor se ha unido con su pueblo en alianza solemne, prometiendo él ser su Dios, y el pueblo a su vez comprometiéndose a ser suyo y solo suyo. Dios dice: “Te desposaré conmigo para siempre: sí, te desposaré conmigo en justicia, y en rectitud, y en misericordia, y en compasiones”. Oseas 2:19 (VM). Y también: “Yo soy vuestro esposo”. Jeremías 3:14. Y San Pablo emplea la misma figura en el Nuevo Testamento cuando dice: “Os he desposado a un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”. 2 Corintios 11:2.

“La infidelidad a Cristo de que la iglesia se hizo culpable al dejar enfriarse la confianza y el amor que a él le unieran, y al permitir que el apego a las cosas mundanas llenase su alma, es comparada a la violación del voto matrimonial. El pecado que Israel cometió al apartarse del Señor está representado bajo esta figura; y el amor maravilloso de Dios que ese pueblo despreció, está descrito de modo conmovedor: “Te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor; y viniste a ser mía”. “Y fuiste sumamente hermosa, y prosperaste hasta llegar a dignidad real. Y salió tu renombre entre las naciones, en atención a tu hermosura, la cual era perfecta, a causa de mis adornos que yo había puesto sobre ti. Mas pusiste tu confianza en tu hermosura, y te prostituiste a causa de tu renombre”. “Así como una mujer es desleal a su marido, así vosotros habéis sido desleales para conmigo, oh casa de Israel, dice Jehová”. “¡Ah, mujer adúltera, que en vez de tu marido admites los extraños!” Ezequiel 16:8, 13-15, 32; Jeremías 3:20 (VM)” (El Conflicto de los Siglos, 378-379)

Al separarse de la tribu de Judá y formar otro reino, Israel demostró debilidad. Aquí podemos entender algo importante. Algunas veces en la actualidad, los líderes no son como DIOS desea. Eso puede ser visto fácilmente por todos aquellos que piensan y prestan atención. ¿Y qué es lo que hacen muchos miembros? Se escandalizan y abandonan la iglesia. Y con ellos ocurre lo que en el pasado le ocurrió a Israel: se apartan de DIOS, adoptan el mundo y fracasan en la vida espiritual. ¿Fue racional esa decisión? ¿O fue inteligente? Hasta que llegue una prueba insuperable, como lo fue Asiria para Israel, que acabó con la nación, y su pueblo desapareció en las brumas de la historia. Judá, que finalmente permaneció al lado de un rey malo, Roboán el hijo de Salomón, experimentó otro destino. Tuvo muchos reyes malos, pero también tuvo otros reyes buenos, y fue de ellos que nació JESÚS, no de alguna tribu de Israel que por esos tiempos hacía siglos que ya no existía.

En nuestros días hay escándalos de parte de muchos de nuestros líderes: en la música, con sus hijos, con sus esposas, con ellos mismos, en el uso del poder, y algunos hasta mienten descaradamente. Pero como siempre, hay otros líderes que permanecen fieles, a pesar de aquellos malos ejemplos que finalmente serán expulsados en el zarandeo. Los líderes y miembros que permanezcan fieles serán los que concluirán la obra en esta Tierra, así como el Salvador no vino de Israel sino de Judá. La salvación vino por medio de una de las tribus del antiguo pueblo de DIOS, que en el momento decisivo, cuando Roboám no era la mejor elección, esa tribu decidió permanecer fiel a su rey que los consolidó, David, del cual se dijo que nunca dejaría de haber descendiente para ser rey. Pues el último descendiente a ocupar el trono de David que el propio Señor le había dado, fue JESUCRISTO, el eterno rey. Ese descendiente ahora está para volver, como Rey de todos los que en é confían.

Un detalle importante que los habitantes que formaron el Reino del Norte no consideraron: fue a David que DIOS le dijo que siempre habría un sucesor para el trono. Jeroboám, rey del reino del Norte no era descendiente de David. Entonces es inevitable la pregunta ¿cómo es que ellos siguieron a un hombre que no era descendiente de David? Ellos mismos dijeron que no querían nada con David (I Reyes 12:16), y eso fue lo mismo que decir: ¡no queremos nada con JESUCRISTO, descendiente de David! Y en el tiempo de JESÚS, el pueblo dijo algo parecido: no queremos a JESÚS, queremos a Barrabás, y nuestro rey es César.

“La visión que recibió Isaías representa la condición del pueblo de Dios en los últimos días. Cuando, por medio de la fe, miran dentro del lugar santísimo y ven la obra de Cristo en el santuario celestial, comprenden que son un pueblo de labios inmundos: un pueblo cuyos labios a menudo hablan vanidad y cuyos talentos no han sido santificados y empleados enteramente para la gloria de Dios. Bien pueden desesperarse al ver el contraste entre su propia debilidad e indignidad y la pureza y hermosura del glorioso carácter de Cristo. Pero si, como Isaías… humillan sus almas delante de Dios, habrá esperanza para ellos” (La Fe por la Cual Vivo, MM, 192).

Israel cayó como nación. Tuvo malos líderes. Toda organización es lo que sus líderes son. La historia lo comprueba y la investigación científica también. Naciones desaparecieron o se reconstruyeron por medio de líderes. Empresas y otras organizaciones también. Y en el caso del pueblo de DIOS esa es una verdad aún más acentuada. Y en las iglesias también. No son los pastores los que se deben quejar de los miembros, sino los miembros de los pastores, cuando la iglesia va mal. Está comprobado que más del 90% del rendimiento de cualquier organización depende de sus dirigentes.

En el pasado, y sobre todo en Israel, siempre hubo conflicto entre los profetas de un lado y los reyes y sacerdotes del otro. Así fue en el tiempo de JESÚS. Con rarísimas excepciones, los profetas siempre fueron personas humildes y sencillas, fieles a DIOS. Pero los reyes y sacerdotes no siempre lo fueron. Muchos vivían en el lujo y la abundancia. Seguían sus propios caminos y se equivocaban demasiado. Y el pueblo siempre escoge al líder que le permite mayor libertad en cuanto a seguir las costumbres del mundo. Lo que en general el pueblo desea es seguir la idolatría, y si un líder no se incomoda con eso, lo seguirá más fácilmente que a otro que desee el bienestar del pueblo. Siempre fue así y aún lo es en nuestros días. El pueblo quiere vivir en conformidad con el mundo, y si líderes liberales lo permiten, fácilmente la realidad será contraria a lo que DIOS desea. Y la iglesia se torna débil por la prostitución con el mundo. La iglesia necesita líderes decididos a ser fieles a DIOS y a ser ejemplos en ese sentido. Se dice por ahí que los ministros también son humanos, por lo tanto pueden equivocarse. Es verdad, pero muchos yerran demasiado y en aspectos ridículos. Por ejemplo, mirar lucha libre, ya es demasiado. Como dice EGW, necesitamos de hombres y mujeres que se encuadren en el siguiente perfil: “La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos” (La Educación, 54).

Hoy, en la iglesia, el pueblo no sabe lo que es pecado y lo que no lo es. Como en el antiguo Israel, no tiene conocimiento para discernir. Se necesita que alguien lo guíe a estudiar, a leer y a buscar entendimiento. Oseas dijo que el pueblo iba pereciendo por falta de conocimiento (Oseas 4:6). Y esa es nuestra situación hoy. ¿Cuántos de nosotros estudian la Biblia diariamente? ¿Cuántos estudian los libros de EGW? ¿Cuántos estudian las lecciones de la Escuela Sabática? ¿Cuántos hacen el culto familiar? Eso sería lo mínimo.

La experiencia del profeta Oseas es una muestra de lo que DIOS sufre por causa de su pueblo, a lo largo de todos los tiempos. DIOS no puede ser visto como un ser frío, sin sentimientos. Debe ser visto, como en el trecho de Oseas, arriba, deseoso de que su pueblo, que hoy somos nosotros, nos volvamos a él. Cuánta tristeza pasa DIOS por nuestra causa. Entonces, la pregunta es ¿cómo se hace para enseñar al pueblo a vivir como DIOS desea? ¿Alguien podría explicar eso? Otra pregunta es ¿cómo puedo hacer yo para ver mis puntos débiles? En los otros, pueden fácilmente verse prácticas en abierto desacuerdo con la voluntad de DIOS. Pero, ¿cómo hacer para ver tales cosas en mí mismo? Esas son dos cuestiones que aún claman por respuestas.

Hoy es el tiempo de predicar y de enseñar, dentro y fuera de la iglesia. “En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan lo que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a las fabulas. Tú, por el contrario, sé prudente en todas las circunstancias, soporta los sufrimientos, dedícate a la evangelización; cumple con los deberes de tu ministerio” (II Tim. 4:1-5).

¿Qué es lo que DIOS quiere de nosotros hoy? Quiere la fidelidad completa, una entrega total. Eso significa una ruptura completa de todo aquello que compite con DIOS. Así como JESÚS se entregó totalmente por nosotros en la cruz, así nos quiere por entero, para transformarnos y tornarnos sus hijos que enviará al mundo para concluir el trabajo de advertencia a los demás. Quiere una iglesia fiel, libre de compromisos con la moderna idolatría. Estamos como en aquellos días, atraídos a los actuales ídolos del mundo, pero gracias a DIOS, la iglesia ya está dando una respuesta correcta, por medio del reavivamiento y reforma, ya en marcha. Esa es una actividad orientada por la iglesia, pero que compete hacerla a cada miembro individualmente. “…     ¿Esperamos ver que se reavive toda la iglesia? Ese tiempo nunca llegará. Hay personas en la iglesia que no están convertidas y que no se unirán a la oración ferviente y eficaz. Debemos hacer la obra individualmente. Debemos orar más y hablar menos” (Mensajes Selectos, tomo 1, 142, énfasis nuestra). Que cada uno tome su decisión personal y ande hacia adelante, con DIOS, conociéndolo y siendo transformado por él. Estamos en los últimos días.

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