Aspectos esenciales del ejercicio

Aspectos esenciales del ejercicio.

Las directrices del ejercicio sugieren que el objetivo tiene que ser alcanzar los 30 a 60 minutos por sesión.

El ejercicio sistemático aumenta la capacidad de apreciar las cosas espirituales. Con la energía renovada que procede del ejercicio también se intensificará en nosotros el deseo de servir a los demás.

El ejercicio es una manera de conseguir que el cuerpo empiece a moverse para conseguir una buena salud. Hipócrates, el padre de la medicina, dijo una vez: “Si fuésemos capaces de dar a cada uno la cantidad correcta de alimentos y ejercicio, ni demasiado ni demasiado poco, encontraríamos la manera más segura de mantenernos sanos”. Ese mismo desafío se nos presenta en pleno siglo XXI. La mayoría de nosotros nos pasamos la vida mirando una pantalla tras otra (teléfono inteligente, tableta electrónica, computadoras…) un mínimo de ocho horas al día. Luego, si a ello le añades que miras la televisión, al final resulta que nos pasamos más tiempo delante de una pantalla que durmiendo. Para gozar de una buena salud vibrante se necesita actividad, movimiento y ejercicio. La buena salud no es solo la ausencia de enfermedad, tiene que ver con la felicidad y la plenitud física, mental, social y espiritual. El ejercicio y la actividad nos ayudan a conseguir que esos resultados se hagan realidad.

Ante todo, el ejercicio es una parte del lote. Elena G. de White, una consejera de salud inspirada, esbozó una visión de la salud equilibrada y desde muchos ángulos que ha resistido la prueba del tiempo y la ciencia: “El aire puro, el sol, la abstinencia, el descanso, el ejercicio, un régimen alimentario conveniente, el agua y la confianza en el poder divino son los verdaderos remedios. Todos debieran conocer los agentes que la naturaleza provee como remedios, y saber aplicarlos” (Elena G. de White, Consejos sobre la salud, página 69).

Elena G. de White nos ofrece otra perspectiva útil: “El cuerpo es el único medio por el cual la mente y el alma se desarrollan para la edificación del carácter” (Elena G. de White, El ministerio de curación, página 77). De la misma manera que unos buenos cimientos son la base necesaria para construir una estructura sólida, un cuerpo que funciona correctamente facilita el desarrollo de la propia capacidad mental y, en última instancia, del carácter.

Beneficios del ejercicio.

La actividad física siempre es beneficiosa. Nunca es demasiado tarde para empezar y un poco de ejercicio es mejor que nada en absoluto.

El ejercicio facilita la pérdida de peso sostenible a la vez que mejora la postura y la apariencia. Asimismo, también reduce el riesgo de padecer alguna enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer, la enfermedad de Alzheimer, o su progresión, así como la muerte prematura. ¿Alguna vez te has sentido rígido y con falta de flexibilidad? El ejercicio aumenta la flexibilidad corporal, fortifica los músculos y las articulaciones, protege de las fracturas y contribuye a tener una musculatura sana. Entre los beneficios que se obtienen del ejercicio regular se encuentran la reducción de la tensión arterial, ritmo cardíaco menor y una reducción de riesgo de padecer obesidad y diabetes. Si te sientes demasiado cansado para practicar ejercicio, recuerda que aumenta la energía, la vitalidad, la rapidez y el rendimiento. Quien está en forma vence mejor las enfermedades y se recupera mejor de las heridas.

Después de haber considerado los beneficios físicos del ejercicio, ¿qué podemos decir de sus beneficios mentales?

Si existe una “fórmula mágica” para conseguir una buena salud mental, esa es el ejercicio. Un buen paseo por el parque o una corta carrera alrededor de la manzana mejora el rendimiento en el aprendizaje, la retentiva y todas las funciones mentales en general. Es un gran medio para combatir el estrés y mejorar la salud psicológica en general. Entre quienes practican alguna forma de ejercicio con regularidad, la incidencia de la depresión se reduce y aumenta la autoestima.

¿Te has fijado que el día que haces ejercicio duermes mejor?

El ejercicio también proporciona algunas habilidades sociales sorprendentes. Favorece la inteligencia emocional y la resolución de conflictos, fortalece la intimidad y la sexualidad y al mismo tiempo, genera un sentimiento de felicidad. Puesto que aumenta la afluencia de glóbulos rojos al cerebro, también mejora nuestra capacidad de meditar, orar y estudiar la Biblia. El ejercicio sistemático aumenta la capacidad de apreciar las cosas espirituales. Con la energía renovada que procede del ejercicio también se intensificará en nosotros el deseo de servir a los demás.

Un plan y algunos indicadores.

Una de las organizaciones líderes del mundo relacionadas con la fisiología del ejercicio, el American College of Sports Medicine, ha diseñado una plantilla para un ejercicio saludable. Cada uno de nosotros necesita al menos 150 minutos de ejercicio moderado a la semana. Para la mayoría, ese es un objetivo fácilmente alcanzable. Basta con una acera, un sendero en el bosque, una cinta de marcha… y dedicar un poco de tiempo, no más de tres horas a la semana o aproximadamente media hora al día, a hacer ejercicio. Por sorprendente que parezca, para hacer ejercicio no es necesario que seas un corredor ni un levantador de pesas. Un paseo a buen ritmo durante media hora cinco veces a la semana será suficiente. Investigaciones recientes indican que no es necesario hacer ejercicio de una sola vez. Tres sesiones de diez minutos producirán los mismos resultados que una de treinta.

Convendrás conmigo en que no basta con leer y hablar del ejercicio. ¡Hay que hacerlo! Alguien dijo: “Por más que hables de pasear no conseguirás que eso sustituya un buen paseo”. Revisa tus hábitos pasados, compáralos con los actuales y decide qué vas a hacer. No te preocupes pro si tienes éxito o no. Tan solo decídete a hacer lo mejor que puedas desde ahora en adelante. Empieza:

  1. Planifica: Aunque tenemos a nuestro alcance muchos y muy variados programas de ejercicio, aquí te presento cuatro principios para que los tengas siempre presentes: la frecuencia, la intensidad del programa de ejercicio, el tiempo que le dediques y el tipo de régimen. Pero siempre, antes de empezar, consulta a un médico de confianza.

Recuerda estos cuatro principios:

  1. Frecuencia: haz ejercicio con regularidad.
  2. Intensidad: haz ejercicio de forma enérgica.
  3. Tiempo: dedica al menos media hora al día.
  4. Tipo: incorpora ejercicios aeróbicos y ejercicios de fuerza al programa de ejercicio.

Si sigues este esquema básico conseguirás que tus entrenamientos no se caractericen por ser aburridos, evitarás las lesiones por sobrecarga y esquivarás el estancamiento en la pérdida de peso.

La medida más sencilla para adecuar el ejercicio aeróbico es conseguir un podómetro (un contador de pasos) y andar unos 10,000 pasos al día, según lo recomendado. Así te asegurarás de que consigues una forma física básica.

  1. Indicaciones: Con el fin de conseguir que tu programa de ejercicio funcione con independencia de si eres principiante o “profesional”, te presentamos algunas indicaciones:
  2. Muévete: a menos que te pongas en marcha, nada sucederá. Hazlo.
  3. Usa un modelo de cambios en tres pasos. Primero conoce tu nivel actual; después decide hacia dónde quieres ir; finalmente, desarrolla un plan para alcanzar tu objetivo.
  4. Aumenta tus conocimientos sobre los ejercicios. Empieza por investigar los temas relacionados con tus intereses personales. Haz hincapié en los aspectos positivos de poner en práctica un estilo de vida saludable: piénsalo, créetelo y habla de ello.

Empieza una y otra vez convencido de que tendrás éxito.

  1. No dejes de moverte. Empieza hoy mismo y no pares. La continuidad es esencial. Recuerda que los tres mayores obstáculos para el ejercicio son: la postergación, la inconstancia y el derrotismo. Quizá no alcances todos los objetivos que te hayas propuesto, pero no te desanimes. No abandones jamás.

Recuerda que todo el bien que le hagas a tu cuerpo no es más que un complemento y un apoyo para tus objetivos mentales y espirituales. Haz ejercicio y saborea las sensaciones positivas que lo acompañan. Evalúa tus progresos y no pierdas motivación.

Fuerza extra.

Una buena religión se complementa con buenos hábitos de salud que, necesariamente, tienen que incluir el ejercicio. El cuerpo y el espíritu están unidos indisolublemente y es adecuado rogar que ambos progresen para mayor gloria de Dios: “Amado, deseo que prosperes en todo, y tengas salud, así como prosperas espiritualmente” (3 Juan 2). Siempre que, al hacer la voluntad de Dios, nos enfrentamos a un problema, a un obstáculo o a un desafío, incluido el ejercicio físico, tenemos el privilegio de poder pedirle ayuda para que nos fortalezca en la toma de decisiones. Si escogemos vivir en armonía con los principios de una vida positiva y saludable, él nos ayudará para hacer lo correcto. No estamos solos en la batalla. A todo puedes hacerle frente gracias a Cristo que te fortalece. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Tu cuerpo es el santuario del Espíritu Santo, mediante él se comunica contigo. El ejercicio ayuda a mantener nuestro cuerpo en buena forma, de manera que podamos percibir qué quiere Dios que hagamos y que seamos capaces de hacerlo. Muchos comen demasiado, tienen malos hábitos y no practican ningún tipo de ejercicio. Luego piden a Dios que los sane. En tal caso, pensar que podemos violar a sabiendas las leyes de salud de Dios y esperar que nos dé salud es pecar de presunción. Si bien el ejercicio no nos garantiza por completo una buena salud, su ausencia sí puede ser garantía de que no la tengamos.

Hazte cada día el propósito de dedicar tiempo a hacer algo de ejercicio. Dedica asimismo tiempo a la oración y la meditación y a experimentar la comunión con el Creador. La mente, el cuerpo y el espíritu se verán vigorizados. Con el ejercicio y una buena salud no caben la postergación ni las excusas. A ti te corresponde mantener tu salud y tu bienestar. Nadie puede hacerlo por ti. Es tu responsabilidad.

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