Lectura bíblica. Génesis 45:1-8

Himno #289 ¿Qué me puede dar perdón?

  1. Introducción.

Tiempo atrás, vi el juicio de un conocido homicida americano que había matado más de 40 mujeres. En esa ocasión el juez permitía que familiares vinieran al juicio para manifestar sus sentimientos al culpable. La gran mayoría de ellos manifestaban mucho odio, rabia por el dolor que habían sentido al perder la hija, esposa o madre que había sido muerta de manera intencional y consciente. Entre todos los familiares que vinieron durante aquel día, hubo apenas un hombre mayor, de cabellos blancos que miró atentamente al homicida y le dijo: Yo siento un vacío muy grande desde que mi hija fue muerta de manera injusta por usted. No hay nada que pueda hacer para traerla a la vida nuevamente. El odio no va a resolver eso, por eso lo que quiero decirle es: así como Dios me perdona todos los días, yo vine aquí para ofrecerle mi perdón.

  1. Cuando nace el veneno del odio.

El sentimiento de odio es uno de los peores que puede existir. No destruye al ofensor, destruye lentamente al que lo nutre en su corazón. Guardar odio contra algo o alguien es como tomar un veneno lentamente y querer que la otra persona muera.

José había sido vendido como esclavo a un grupo de comerciantes víctima del odio de sus hermanos. Sin embargo, aún en este acto que parecía doloroso, Dios estaba trabajando en su vida. El espíritu egoísta que se había desarrollado en su corazón debido a la predilección de su padre ciertamente no lo dejaría sin marcas. José, por primera vez en su vida se sintió desolado y fuera de la protección de su padre terreno.

“Mientras tanto, José y sus amos iban en camino a Egipto. Cuando la caravana marchaba hacia el sur, hacia las fronteras de Canaán, el joven pudo divisar a lo lejos las colinas entre las cuales se hallaban las tiendas de su padre. Lloró amargamente al pensar en la soledad y el dolor de aquel padre amoroso. Nuevamente recordó la escena de Dotan. Vio a sus airados hermanos y sintió sus miradas furiosas dirigidas hacia él. Las punzantes e injuriosas palabras con que habían contestado a sus súplicas angustiosas resonaban aún en sus oídos. Con el corazón palpitante pensaba en qué le reservaría el porvenir. ¡Qué cambio de condición! ¡De hijo tiernamente querido había pasado a ser esclavo menospreciado y desamparado! Solo y sin amigos, ¿cuál sería su suerte en la extraña tierra adónde iba? Durante algún tiempo José se entregó al terror y al dolor sin poder dominarse. Patriarcas y Profetas, 214

III. El odio te exige una decisión.

José estaba en el punto de encontrarse cara a cara con Jesús. Así como todo discípulo necesita decir personalmente quien es Jesús para él y que es lo que él hizo en su vida. José necesitaba de una fe que fuese de él mismo y no la fe de su padre Jacob.

“Entonces sus pensamientos se dirigieron al Dios de su padre. En su niñez se le había enseñado a amarle y temerle. A menudo, en la tienda de su padre, había escuchado la historia de la visión que Jacob había presenciado cuando huyó de su casa desterrado y fugitivo. Se le había hablado de las promesas que el Señor le hizo a Jacob, y de cómo se habían cumplido; cómo en la hora de necesidad, los ángeles habían venido a instruirle, confortarle y protegerle. Y había comprendido el amor manifestado por Dios al proveer un Redentor para los hombres. Ahora, todas estas lecciones preciosas se presentaron vivamente ante él. José creyó que el Dios de sus padres sería su Dios. Entonces, allí mismo, se entregó por completo al Señor, y oró para pedir que el Guardián de Israel estuviese con él en el país adónde iba desterrado”. PP, 215

Decidió permanecer fiel a Dios y leal delante de todos los obstáculos que pudieran venir por delante.

“Su alma se conmovió y tomó la alta resolución de mostrarse fiel a Dios y de obrar en cualquier circunstancia cómo convenía a un súbdito del Rey de los cielos. Serviría al Señor con corazón íntegro; afrontaría con toda fortaleza las pruebas que le deparara su suerte, y cumpliría todo deber con fidelidad. La experiencia de ese día fue el punto decisivo en la vida de José. Su terrible calamidad le transformó de un niño mimado que era en un hombre reflexivo, valiente, y sereno.” PP, 215

Los diez años que trabajó al mando de Potifar José fue bendecido por el Señor en todas las cosas al punto de Potifar confiar a José todo el cuidado de su hacienda. De nada

Potifar tenía conocimiento a no ser del pan que colocaba en su boca. Pero cierto día la mujer de Potifar se enamoró de José y le hizo una propuesta indecente. Este hijo de Dios le respondió de manera fantástica: ¿cómo podría yo traicionar la confianza de alguien que tanto me amó? Su marido, expresó José, me compro en el mercado de esclavos, me trajo para su casa, me dio alimento, un techo y un trabajo. Me ha puesto como mayordomo de todas sus cosas, cómo podría yo pagarle con mal todo el bien que él me ha hecho?

Existen muchas personas en nuestra vida; personas queridas de nuestra familia que si pudieran apostar, apostarían en nosotros todas sus fichas para que fuésemos felices. Esas personas que oran todos los días por nosotros, personas de nuestra familia, nuestras esposas, nuestros hijos, no merecen nuestra traición. Como podríamos traicionar a Alguien que tanto nos amó?

  1. El amor Divino, es más poderoso que el odio.

En segundo lugar la respuesta de José contenía el gran amor que él tenía por Dios. José dijo: cómo podría pecar contra mi Dios que me ama tanto? En otras palabras José está diciendo que Dios ha sido tan bueno, ha sido tan misericordioso, tan leal, que sólo se merece nuestro amor, nunca nuestra traición. Por esta respuesta de José, todos nosotros sabemos que él fue echado a la cárcel y sufrió una acusación injusta delante los ojos de los hombres pero no delante los ojos de Dios. Hay situaciones en que Dios permite pruebas difíciles para sus hijos, pero su protección y cuidado son absolutas en todo tiempo aún más en los días difíciles.

Aún José estando en la cárcel Dios estaba trabajando en su vida; estaba construyendo su futuro pero no para la gloria de José, sino para la gloria de Dios. Un verdadero discípulo no vive para buscar sus intereses. Un verdadero discípulo vive para buscar los intereses del reino de Dios.

Los años se pasaron y José salió de la cárcel fue colocado como el segundo en el reino.

“José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron.” Su nombre hebreo había sido cambiado por el que le había puesto el rey; y había muy poca semejanza entre el primer ministro de Egipto y el mancebo a quien ellos habían vendido a los ismaelitas. Al ver a sus hermanos inclinándose y saludándole con reverencias, José recordó sus sueños, y las escenas del pasado se presentaron vivamente ante él”. PP. pág. 225

Hubo una gran necesidad en la tierra. Personas de todos los lugares venían a comprar alimento a Egipto. Un día uno de los compradores eran los hermanos de José, los mismos que lo habían vendido como un esclavo hace 20 años atrás. José podría haber devuelto el odio, podría haber devuelto el mal con mal; pero el escogió el camino del perdón. José estaba seguro que no eran sus hermanos que lo habían vendido a Egipto, José miraba por sobre el plan humano. Él dice claramente que fue Dios quien permitió todo esto para salvarles la vida a ellos mismos.

El problema de José no era con los seres humanos, el plan donde José se movía era el ámbito divino. Él sabía que era Dios y no los hombres, que dirigía su vida.

  1. Conclusión.

Dentro de la familia muchas veces, suceden episodios que pueden traernos tristeza o hasta desesperación. Muchas veces somos tentados a guardar sentimientos de rencor o de rabia o resentimiento contra una persona incluso de nuestra familia. Pero este no es el plan de Dios. Dios quiere que vivamos en paz. Dios quiere que nuestro corazón esté aliviado todos los días para que podamos recibir el Espíritu Santo nuestra vida. Porque sólo lograremos ser felices si nuestro corazón está en paz. Sólo lograremos felicidad en nuestro hogar si ejercitamos el verdadero perdón que sólo Dios puede otorgar y este es un fruto del Espíritu Santo. Es fruto de alguien que camina con Dios todos los días. Porque comunión, no es lo que yo hago, es lo que Dios está haciendo en mi vida.

“Un carácter recto es de mucho más valor que el oro de Ofir. Sin él nadie puede elevarse a un cargo honorable. Pero el carácter no se hereda. No se puede comprar. La excelencia moral y las buenas cualidades mentales no son el resultado de la casualidad. Los dones más preciosos carecen de valor a menos que sean aprovechados. La formación de un carácter noble es la obra de toda una vida, y debe ser el resultado de un esfuerzo aplicado y perseverante. Dios da las oportunidades; el éxito depende del uso que se haga de ellas. PP, 224 10

Llamado.

Hay alguien hoy aquí que está siendo víctima del odio mortal que te carcome y amenaza con destruirte. Te invito que permitas que el amor tierno de Dios inunde tu corazón este momento. Deja que Dios sane tu herida, permítele colocar bálsamo de sanidad en tu corazón. Sé que sufres y tu corazón se duele, ponte de rodillas conmigo en este momento y elevemos una oración de perdón a Dios y por esa persona que te ha herido.

Oración.

Señor sana mis heridas, sana a tus hijos que hoy de rodillas estamos postrados ante ti para recibir el perdón tuyo. Ayúdanos a perdonar. Amen

Unión Mexicana del Norte.

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