LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL

LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL (Hechos 1:3)

Jesucristo no regresó a los cielos de una forma definida después de su resurrección, sino que se quedó cuarenta días en la tierra, y estas pueden ser unas de las razones para extender su estadía con los discípulos aquí en la tierra, después de su resurrección:

1-Posiblemente deseaba asegurar, confirmar y perpetrar en la mente de los discípulos que él no estaba muerto, sino vivo.

2-Posiblemente quería grabar en la mente de los discípulos que con su resurrección había roto las cadenas del imperio de la tumba y de la muerte, y que su carácter y su misión en esta tierra, era cien por ciento de origen divino.

3-Posiblemente quería aprovechar ese tiempo para remover de una vez por todas, la mentalidad de los discípulos que asociaba el reino de Cristo a un reino terrenal. El versículo reza, que en esos cuarenta días, Jesucristo les habló del reino de Dios.

4-Posiblemente en esos cuarenta días en la tierra, Jesucristo planificó e instruyó a sus discípulos para que iniciaran la campaña evangelista más larga que ha existido en la religión cristiana, una campaña que ya lleva más de 2,000 años de duración.

“Cuarenta días” es un espacio de tiempo muy significante en la Biblia. Dios usa el número 40 como un término de prueba antes de que algún suceso importante ocurra con algo que tenga que ver con el reino de Dios.

Moisés estuvo cuarenta días y cuarenta noches antes de recibir los diez mandamientos

Después de que Moisés destruyó las tablas de piedras originales, pasó otros cuarenta días con el Señor, antes de recibir las nuevas tablas de los mandamientos

Los espías tomaron cuarenta días para explorar la tierra prometida

Cuarenta años peregrinó Israel por el desierto

Cuarenta días caminó Elías a través del desierto, dirigido por Dios hasta llegar al monte Horeb

cuarenta días dio Dios a Nínive para que se arrepintieran sus habitantes

A los cuarenta días Jesús fue presentado en el templo

cuarenta días Jesús oró y ayunó antes de ser tentado y comenzar su ministerio

Y ahora encontramos que Jesús tomó cuarenta días para estar con sus discípulos antes de su ascensión al cielo

Lo significante de este número en verdad no lo sabemos, pero la repetición de este espacio de tiempo y que usualmente está conectado con eventos importantes, nos lleva a pensar que hay un misterio divino es este espacio de tiempo que Dios usa para con los humanos.

Estas son las apariciones de Jesús registradas por la Biblia durante esos cuarenta días:

A María Magdalena (Marcos 16 y Juan 20)

A la mujer que lo visitó en el sepulcro, la misma que llevó a los discípulos el mensaje de reunirse con Jesús en Galilea (Mateo 28: 1-10)

A Pedro (Lucas 24:33)

A Cleofás y el otro, en el camino a Emaús (Lucas 24: 36-43)

A los 11 discípulos en Jerusalén, con la ausencia de Tomás (Lucas 24: 36-43)

“Ochos días después” a los discípulos, estando Tomás presente (Marcos 16:14)

A algunos discípulos mientras pescaban en el mar de Galilea (Juan 21: 1-24)

A Santiago (1 Corintios 15: 7)

A los discípulos, posiblemente todos ellos en cierta montaña de Galilea (1 Corintios 15: 6)

En la mañana de la ascensión (Lucas 24: 43-51)

Jesús deseaba asegurar a sus discípulos que su resurrección era real. Jesús deseaba que, antes de partir, en los discípulos no quedara ni la menor duda de su existencia, por lo tanto, una sola reunión no era suficiente.

Las pruebas de su existencia fueron multiplicadas y sus visitas se repetían constantemente. Su aspecto se hizo familiar a los discípulos, lo escucharon hablar, comió con ellos, incluso le preparó alimentos a la orilla del mar de Galilea.

Cuando Cristo partió, en la mente de los discípulos no quedó la idea de haber recibido una visión vaga acerca de la resurrección de Cristo; ellos quedaron convencidos de que la presencia de Jesús después de su resurrección era real, ellos lo presenciaron y lo palparon. Jesús era real: había vencido la muerte.

Esos cuarenta días de Jesús con sus discípulos, darían sus frutos en los siguientes cuarenta años de gracia que tenía Jerusalén, antes de ser destruida por los romanos.

El gran impacto que había producido en los discípulos la reaparición de Cristo después de su resurrección, aparentemente se disipó bien rápido. Justo antes de Jesús partir, posiblemente unos minutos antes, podemos observar a los discípulos enfrascados en las mismas conversaciones antiguas con Jesús.

Antes de morir Jesús, ellos estaban enfrascado en el altercado de quién sería el primero en el reino del Mesías; ahora después de la muerte y resurrección de Cristo, los apóstoles están volviendo al mismo tema antiguo y ahora están preguntando de nuevo acerca de su reino y de la fecha de su inauguración.

Después de haber resucitado, Jesús pasó cuarenta días con los discípulos para reafirmar su resurrección y para ayudarlos a entender mejor el Reino de Dios, sin embargo, justo antes de que Jesús partiera hacia el cielo, el tema que más ocupaba la mente de ellos era si finalmente había llegado el momento en que Jesús conquistaría a los romanos o no.

Posiblemente en esta ocasión, la pregunta era más profunda, ya que los apóstoles habían escuchado promesas más grandes de parte de Jesús; habían escuchado de la promesa del Padre, habían escuchado del bautismo del Espíritu Santo, habían escuchado que el reino de Dios había comenzado, y además sentían el reino de Dios en sus corazones.
La respuesta de Cristo fue el ocultamiento, “No es de vosotros saber los tiempos del Padre…” dijo Jesús

Sus propias ideas de lo que debía ocurrir eran tan fuertes que, sencillamente, no escuchaban lo que Jesús les estaba diciendo. Aun después de tres años y medio (el equivalente a un grado universitario) de instrucción detallada del mejor Maestro que el mundo conoció, los discípulos todavía tenían muchas ideas equivocadas.

“6°-Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? 7°-Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8°-pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1)

Jesús, en vez de perder tiempo corrigiendo sus falsas ideas, se concentró en el verdadero problema. Para sus discípulos, recibir poder del Espíritu Santo era mucho más importante que las discusiones políticas.

Después de contemplar a Jesús ascendiendo en las nubes, los discípulos notaron dos hombres parados junto a ellos. Estos les dijeron que Jesús volvería. Así como en el cielo era un Rey conquistador, vendría como el Rey y Conquistador que ellos soñaban cuando querían la restauración del reino a Israel. Pero ese día sobrepasaría aun los sueños más grandiosos: porque vendría como Rey de toda la creación, no solo como rey de un trozo de tierra en el Medio Oriente.

Los once discípulos regresaron a Jerusalén, llenos de recuerdos y con corazones resplandecientes con las verdades reveladas por Jesús (las que entendían). No obstante, necesitaban algo más. Debían esperar hasta que el Espíritu Santo los bautizara, porque, aunque el enemigo había sido derrotado, no estaba todavía acabado y ellos necesitarían poder de lo Alto para hacer lo que Jesús les había ordenado.

La ascensión de Cristo y su segunda venida están íntimamente entrelazados; así como los apóstoles estaban al umbral de la ascensión de Cristo, así nosotros estamos al umbral de su segunda venida.

Muchas veces la curiosidad, se vuelve el punto central de nuestra religión, cuando esto pasa, la respuesta para nosotros también es la misma respuesta que se le dio a los apóstoles: “No es de vosotros saber los tiempos del Padre…”

La pregunta de los apóstoles tenía dos lados: uno de esos lados era autorizado, el otro lado era desautorizado:

El lado autorizado tenía una fuerte fe en la venida del reino, además tenía un interés profundo por la salvación del mundo, y también tenía un sentimiento de repugnancia por todas las desgracias que el mundo sufría en esos días.

Pero la pregunta de los discípulos tenía un lado desautorizado:

La primera característica de ese lado desautorizado era la impaciencia humana, ellos deseaban contemplar el reino de Cristo demostrado en forma externa y material a los hombres.

La segunda característica del lado prohibido de la pregunta de los apóstoles era la curiosidad espiritual, lo que ellos deseaban saber solo le pertenecía y le pertenece a la secreta agenda del Padre.

La ignorancia del hombre acerca del futuro es uno de los departamentos de Dios, que se le ha prohibido al hombre casi en su totalidad, esto hace que el hombre sea empujado al estudio profundo de las escrituras o a la curiosidad.

La tercera era una santa indolencia: La santa indolencia o haraganería, es aquella que hace que nos crucemos de brazos y comencemos a buscar a Cristo en las nubes de los cielos, dicho en otras palabras, la santa indolencia consiste en buscar al Salvador en las nubes, sin trabajar para nuestra salvación, ni la de otros, aquí en la tierra.

“7°-Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;”

Siempre ha habido personas en la historia del cristianismo que han puesto fecha a la segunda venida de Cristo.

Uno de los rumores que hay en el mundo religioso e inclusive dentro de nuestra misma iglesia, es que nosotros la Iglesia Adventista del Séptimo Día también cometimos este error. Esto no es cierto. Lo que comúnmente llamamos “el gran chasco”, no sucedió a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Nuestra iglesia aún no se había fundado en este tiempo. Nuestra Iglesia se fundó hasta el 21 de mayo de 1863. Esto le sucedió al Movimiento Millerita, dirigido por Guillermo Miller; lo integraban hermanos bautistas, metodistas, luteranos… y católicos, entre otros grupos religiosos de la época.

Entre los años 1840-1844 surgió en los Estados Unidos un movimiento multidenominacional llamado millerita.

Los milleritas fueron todos seguidores de William Miller, granjero del estado de Nueva York, en los Estados Unidos, y ministro licenciado de la Iglesia Bautista. Miller se destacó por su énfasis en la predicación del retorno de Jesucristo y estudió detenidamente la Biblia por más de quince años; a lo largo de ese período utilizó las Escrituras como su propio intérprete. Fue un diligente estudiante de las Escrituras, a quien Dios dio un mensaje oportuno para el momento.

14°-Y él dijo: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado.” Daniel 8

Miller estudió la profecía de los 2,300 días de Daniel 8: 14 y bajo un estudio minucioso de la Biblia, llegó a la conclusión de que la venida de Cristo sucedería entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844.

Después de calcular estas fechas más rigurosamente de acuerdo con el calendario ritual de los judíos, él llegó a la clara y contundente verdad de que la venida de Cristo ocurriría el 22 de octubre de 1844.

Al no aparecer Jesucristo en esta fecha, todo este movimiento experimentó el conocido “gran chasco” y, como consecuencia, miles abandonaron el movimiento. El residuo que quedó en este grupo volvió al estudio de la Biblia para descubrir en que había consistido la equivocación.

No le demoró mucho tiempo a este grupo para descubrir que, aunque la fecha de 22 de octubre de 1844 era correcta, el lugar del evento era lo que estaba equivocado. El chasco sufrido por los cristianos el 22 de octubre de 1844 estaba predicho en la profecía de Apocalipsis 10.

De este grupo sale la Iglesia Adventista, que unos años más tarde descubren la verdad del sábado (1848) y cambian su nombre a Iglesia Adventista del Séptimo Día en 1860, nombre oficial que se mantiene hasta el día de hoy. Vale la pena recalcar que aún en el año 1859 este movimiento aún no tenía nombre. La Asociación General se organizó en 1863.

Cualquier persona que intente poner fecha a la venida de Jesucristo, está condenada al fracaso, esa fecha sólo el Padre que está en los cielos, la conoce.

A nosotros nos toca prepararnos para este día, o para el día de nuestra muerte.

Cuando nosotros pasamos al descanso, estamos a un paso tanto de la vida eterna como de la muerte eterna, sólo es asunto de saber en qué resurrección nos levantaremos.

En el humano hay una fuerte tendencia para reverenciar esos objetos que están conectados con lo grande y lo bueno. Si la cruz de Cristo se hubiera preservado, muchos reverenciaran esta reliquia de una manera pecaminosa.

Es muy interesante saber que los museos del mundo están llenos de objetos muy auténticos que provienen de la antigua Roma, Grecia, Babilonia y Egipto, pero pocos, quizás por no decir nadie, tienen objetos que pertenecen a la época de Cristo u objetos que le pertenecieron a Cristo mismo.

Dios en su infinita sabiduría se encargó de que esto no sucediera, ya que Dios conoce la tendencia natural del hombre a la superstición y a la idolatría. El evangelio que Dios nos ordenó no consiste en la búsqueda o en la adoración de objetos que supuestamente le pertenecieron a Cristo, la verdadera religión consiste en estudiar, recordar e imitar la vida de Cristo aquí en la tierra, haciéndolo de esta manera estamos testificando de nuestra fe y también de nuestro Salvador.

Muchas veces se ha dicho que Sócrates, fue el encargado de bajar al hombre de las estrellas a la tierra, cuando desvió la atención del hombre de la astronomía a la filosofía. Por el otro lado encontramos a Jesús que se encarga de elevar al hombre de la tierra hasta el cielo, no a través de la filosofía, sino a través de su amor y su gran sacrificio por la humanidad.

Cristo no vino a este mundo como un eclesiástico a fundar una nueva religión, tampoco vino como un filósofo a fundar una nueva escuela de pensamientos, no vino como un líder democrático a fundar un partido político o promover nuevos programas sociales. Cristo vino a este mundo como un Soberano a establecer su reino, un nuevo reino de amor, de justicia, de gozo y de libertad en el Espíritu del Señor. Fin.

Dios te bendiga.

 

 

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