Lectura bíblica: Salmos 103: 1-5

INTRODUCCIÓN: Leer Marcos 14: 3-9

Se acercaba el último sábado de su ministerio en esta tierra. El siguiente sábado Jesús lo pasaría en la tumba de José de Arimatea. Este, deseaba pasarlo en Betania, en la casa de sus amigos: Lázaro, María y Marta. El ministerio de Jesús estaba en su etapa final, se acercaban episodios dramáticos en la vida del Maestro… y tratando de encontrar quietud y reposo, decidió ir a Betania. Allí como un solitario peregrino que encontraba poca comprensión en los caminos de este mundo, estaría con sus amigos, algunos de los pocos que habían abierto su corazón y le habían aceptado como su Redentor.

En esta etapa final de su ministerio, había algunos elementos en el medio ambiente que se combinarían para que los ojos de la gente se volvieran a Jesús:

La fiesta de la pascua.

Los diferentes viajeros que se dirigían a Jerusalén, ya comenzaban a invadir los caminos. Los preparativos para la fiesta de la pascua, la fiesta más importante de los judíos, ya habían comenzado. La excitación de la gente se comenzaba a sentir. Pronto la gran ciudad sería el escenario de miles y miles, de propios y extraños, que se darían cita para celebrar la fiesta; que, aunque ellos lo ignoraban, daría por terminada la etapa de señalar al Mesías venidero, y por otra parte se iniciaría la expectativa del cumplimiento de la promesa de Jesús: «… hasta aquel día cuando lo beberé de nuevo en el reino de Dios».

La actuación pública de Jesús.

La realización de algunos de sus milagros, habían llamado poderosamente la atención de las multitudes, y hasta los dirigentes de los judíos estaban a la expectativa de saber si Jesús se presentaría en la fiesta. Sus propios familiares, un tanto confusos acerca de su misión, lo animaban a que se presentase en público.

La resurrección de Lázaro.

Otro elemento que estaba en la boca de muchos, era la resurrección de Lázaro. Muchos querían comprobar que Lázaro vivía otra vez. Querían escucharle hablar acerca de su experiencia en la tumba y buscaban oportunidad para encontrarse con el resucitado y también con el resucitador.

En medio de esas circunstancias, hay una persona agradecida que va a aprovechar la estancia de Jesús en Betania. Simón; que había sido leproso, al cual Jesús había sanado, se había identificado públicamente con Jesús, y ahora quería agasajarlo, ofreciendo una cena en su honor.

En esa cena, se produciría un espectáculo, que involuntariamente Simón habría de ver, y que siglos después tú y yo lo habríamos de escuchar: Una mujer no invitada, entrega a Jesús, la ofrenda que si fue aceptada.

  1. LA CELEBRACIÓN DE LA CENA

La lista de invitados contiene los nombres de las personas más destacadas de Betania, y posiblemente algunas familias que vendrán desde Jerusalén. Pero hay otros nombres también, que no sólo están en la lista, sino que deberán estar presentes para dar significado a la fiesta y que nuestro amigo Simón pueda lograr sus objetivos, además de incrementar su prestigio.

Por supuesto, Jesús es el objeto de la fiesta… Sus discípulos seguramente le acompañarán…

Lázaro estará allí. Simón quiere asegurarse que la atracción a la fiesta sea fuerte para que no haya mesas vacías.

Marta. Excelente organizadora de eventos… No puede faltar… Otros amigos, indudablemente.

¿Y María? No, ella no fue invitada, ella no estará en la fiesta, por lo menos eso pensaba Simón, el organizador. Su nombre pasa desapercibido… No sería bienvenida, además la historia de la vida de esa mujer, no era para una reunión de alta sociedad… María no recibió invitación… Y entonces se produce la sorpresa…

Quizá por la puerta de atrás, inadvertidamente entra María a la fiesta, sabiendo que allí encontraba al objeto de su agradecimiento, al Señor Jesús; y en la forma más reservada posible, ella quiere dar expresión a sus sentimientos. Modestamente se acerca a Jesús, abre el perfume y unge los pies de Jesús. Tan pronto ella, comenzó su acción, se puso de manifiesto su presencia por la fragancia del perfume de nardo. Y así como el olor corrió por toda la casa, también los pensamientos y hasta las expresiones de algunos de los presentes se hicieron sentir.

Simón, el organizador de la fiesta, aunque sentía gratitud por el Maestro, y le admiraba como un hombre destacado, aún no le había aceptado como su Salvador. Pero traía en su vida la carga mental de que esa mujer, que ahora se hacía presente en la fiesta a pesar de no haber sido invitada, él había sido uno de los que la habían seducido a esa vida depravada, cuya reputación, no encajaba con un evento como el que se estaba celebrando… Y pensaba Simón: Si Jesús supiese quién es realmente esa mujer, ni siquiera se dejaría tocar por ella…

Judas, ¿“piensa en los pobres”… Porqué ese desperdicio?… mejor se hubiese dado a los pobres.

Jesús interviene; (versos 6, 7) “Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho… A los pobres, siempre los tendréis…”

Jesús, como respuesta a esas mentes perversas como la de Simón y Judas, cuenta la historia de dos deudores, (según Lucas 7: 41-43)

¿Qué llevó a María a tomar esta decisión? ¿Por qué actuó de esta manera? ¿Por qué asistió a donde no la habían invitado?

  1. LA OFRENDA DE MARÍA ERA RESULTADO DE…

(Lucas 10:38-42) Incidente de la visita de Jesús a la casa de los hermanos Lázaro, María y Marta. Tan pronto el señor llegó, Marta, con su activa diligencia, decidió preparar algo para que el Señor disfrutara en casa… iba de un lugar a otro, sonaban los trastos en la cocina, en fin, se veía afanada por agasajar a su Maestro. En cambio, María, decidió quedarse escuchando las palabras de Jesús, que evidentemente contenían un grato mensaje para ella que escuchaba. El tiempo pasaba rápidamente, pero María lo disfrutaba. En algún momento, Marta no pudo soportar más y acusó a su hermana con Jesús: Señor, mi hermana me deja servir sola… Dile, pues, que me ayude. En respuesta a esta inquietud de Marta, Jesús respondió con un reproche para Marta y un elogio para María. -… María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

María, la que siempre se equivocaba, la que no sabía tomar buenas decisiones, que había vivido una vida en forma desperdiciada, ahora, por primera vez quizá, escucha de los labios de Jesús, que ha tomado una sabia decisión. Esas palabras cayeron a sus oídos como música. ¡Qué agradecida estaba, por hacer notar que había decidido bien!

(Juan 11: 1- 44) Resurrección de Lázaro Cuando Jesús finalmente viene a ver a las dos hermanas vestidas de luto por la muerte de su hermano, registra la escritura, que Jesús mandó llamar a María (Juan 11: 28) Después de que las hermanas informaron a Jesús que Lázaro hacía cuatro días que había fallecido, Jesús insistió en que lo llevaran al lugar de su tumba, pensando en lo que iba a suceder. Y ante la admiración de propios y extraños, Jesús ora al lado de la tumba y luego decide llamar por su nombre. ¡Lázaro, ven fuera! Y para sorpresa de todos, pero especialmente de sus hermanas, Lázaro sale de la tumba, sano y salvo. Quizá va y saluda a sus hermanas y les dice: “Listo”, vámonos a casa. ¡Otra vez la familia completa! Otra vez la familia unida. María estaba profundamente agradecida por lo que Jesús había hecho por ella y por su hermana.

(Juan 8: 3- 11) “… Vete no peques más” Era media mañana. Jesús se encontraba enseñando en el atrio del templo, cuando algo distrae la atención de las personas. Era una multitud que cada vez se hacía más grande, al acercarse a donde él estaba enseñando. Era una turba encabezada de algunos de los dirigentes religiosos, que traían casi arrastrando a una muchacha, que, según ellos, -le dijeron a Jesús- la habían sorprendido en el acto de la fornicación. Pero como ese incidente lo tomaron como carnada para entrampar a Jesús, le dijeron:

En la ley de Moisés se nos ordena que a personas como estas, se apedreen: ¿tú que dices? Entonces el relato dice que Jesús comenzó a escribir en el suelo. Entonces los acusadores un poco desesperados le insistieron al Maestro: Tú, ¿Qué dices? ¿Cómo estaría la pobre muchacha, esperando recibir la primera piedra sobre su cabeza?

El Señor les dijo entonces: (v. 7) “El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Ella, quizá sintió que esa era la orden para que la comenzaran a apedrear… y mientras se cubría el rostro con sus brazos esperaba su muerte segura. Pero el relato nos informa que cuando ellos (los acusadores) comenzaron a soltar las piedras y a retirarse, Jesús pregunta a la víctima: ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Y entonces para su sorpresa escucha esas bellas y maravillosas palabras: (verso 11) “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.

Sí, Jesús su Maestro, no se deleitaba en condenar, en exaltar las equivocaciones, sino en sanar las heridas; en curar, en dar libertad, en estimular y capacitar para disfrutar otra dimensión de la vida. ¿Cómo no iba a estar agradecida con su Maestro?

III. EL SIGNIFICADO DE LA ACCIÓN:

Ahora el Señor, está por morir; de alguna manera el cielo le ha revelado a María que su Maestro pronto será quitado de su alcance y antes que sea demasiado tarde, ella demostrará lo que hay en su corazón.

De alguna manera este perfume representaba el significado del sacrificio de Cristo. Al ser quebrantado su cuerpo, habría de morir, pero al resucitar, traería el perfume de salvación a tantos como lo habrían aceptado.

“El don fragrante que María había pensado prodigar al cuerpo muerto del Salvador, lo derramó sobre él en vida. En el entierro, su dulzura sólo hubiera llenado la tumba, pero ahora llenó el corazón con la seguridad de su fe y amor…. Pero María al derramar su ofrenda sobre el Salvador, mientras él era consciente de su devoción, le ungió para la sepultura. Y cuando él penetró en las tinieblas de su gran prueba, llevó consigo el recuerdo de aquel acto, anticipo del amor que le tributarían para siempre aquellos que redimiera”. (DTG. pág. 514).

Hoy es tiempo de manifestar al cielo, a través de nuestros dones, la gratitud que hay en nuestro corazón, por lo que Dios ha hecho por nosotros… (Por cierto, el próximo sábado, tendremos la oportunidad de entregar nuestra ofrenda de gratitud a Dios, como una expresión sincera de gratitud de lo que Dios ha hecho en nuestro favor, a lo largo del año que está por terminar). Después, en el futuro, mañana, puede ser demasiado tarde. Un día los valores que hoy manejamos, dejarán de ser, pero hoy podemos invertirlos en el banco del cielo.

“Se levantarán y caerán los reinos; los nombres de los monarcas y conquistadores serían olvidados; pero la acción de esta mujer sería inmortalizada en las páginas de la historia sagrada. Hasta que el tiempo no fuera más, aquel vaso de alabastro contaría la historia del abundante amor de Dios para con la especie caída”. (DTG. pág. 515).

CONCLUSIÓN.

“La misma necesidad es evidente en nuestro mundo hoy. Son pocos los que aprecian todo lo que Cristo es para ellos. Si lo hicieran expresarían el gran amor de María, ofrendarían libremente el ungüento, y no lo considerarían un derroche. Nada tendrían por demasiado costoso para darlo a Cristo, ningún acto de abnegación o sacrificio personal les parecería demasiado grande para soportarlo por amor a él”. (DTG. pág. 518).

Dios te bendiga.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *