El trono de Dios

“Tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia”

(1 Reyes 8:49).

¿Dónde habita DIOS (la Trinidad)? Por la Biblia sabemos que él habita en un Tabernáculo, un lugar de adoración, de reverencia, y allí, en el lugar santísimo, está su trono. Sabemos que allí también están los Diez Mandamientos originales de la Ley de DIOS, dentro de un arca. Ese es el lugar de donde brota amor para todo el Universo, y es el lugar más poderoso del Universo, en donde existe la capacidad de crear vida, de resucitar muertos, de juzgar con rectitud y de retribuir conforme a los hechos y posibles arrepentimientos, de forma justa y fidedigna, sin que se cometa el menor resquicio de favoritismo en la absolución ni de exageración de la pena en la condenación. En la condenación final, inclusive, un ángel en representación de todos, declarará: “Justo eres tú, oh Señor,…porque juzgaste estas cosas con justicia” (Apoc. 16:5, énfasis nuestro).

DIOS, que es eterno – existió desde siempre y existirá para siempre, y con Él existirán para siempre aquellos que lo aman, pues él también los ama – no necesita de un lugar de habitación. Después de todo, por lo que sabemos, DIOS creó todas las cosas que existen, solo no se creó a sí mismo, porque viene de la eternidad. Entonces, por lo que se puede deducir en nuestros torpes raciocinios, debe haber habido un tiempo en que no existía nada ni nadie más que DIOS.

¿Qué cosa será lo que DIOS creó primero? Siguiendo el mismo raciocinio, que ciertamente es discutible, Él debe haber creado en primer lugar su morada, su lugar de habitación, su Santuario, en donde más tarde las criaturas hechas por Él lo viniesen a adorar, esto es, lo viniesen a amar.

El motor central del gobierno de DIOS es el amor. DIOS, Él mismo, es amor. Y ese es el motivo original de su creación y de su modo de actuar. Es la única explicación para que JESÚS, miembro de la Trinidad, viniese a la Tierra a morir por nosotros, en situación tan humillante, porque nos volvimos pecadores y mortales.

Este raciocinio lleva aún a considerar la posibilidad de que DIOS no tenga necesidad de tener un lugar definido en donde habitar, pero, por causa de sus criaturas, tiene un lugar en donde habita y hacia donde se dirigen los seres inteligentes. Tiene una sede, con una ciudad capital y un palacio, esto es, un tabernáculo y su trono. Para que lo sirvan, él creó a millares de seres inteligentes, aunque es interesante notar que Él no necesita ser servido. Es servido en demostración de amor por parte de los que lo sirven. Entre nosotros es incomprensible la forma en que ocurre esa relación de amor entre DIOS y sus criaturas ya que nosotros tenemos una naturaleza pecaminosa. Como dijo el sabio Salomón, el Creador tiene un lugar en donde habita por un motivo muy especial, a fin de que todos se dirijan allá para adorarlo. Al fin y al cabo, su lugar es nuestra casa de adoración, de vida eterna, de felicidad absoluta. Es el lugar de donde procede el amor de DIOS y hacia donde converge nuestra gratitud, eternamente. ¡Qué lugar maravilloso! “Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado? Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti; que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar. Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona” (1 Reyes 8:27-30).

Para los pecadores, el lugar de habitación de DIOS es una fuente de esperanza para el retorno a la vida eterna. Y para aquellos que no   se perdieron porque nunca pecaron, y que ciertamente no están aquí entre nosotros, ese lugar es una fuente de amor eterno y perfecto.

El lugar del trono es un lugar de justicia, de juicio, de gracia y de verdad. Allí están los Diez Mandamientos, que resumen en diez puntos cómo se ama a DIOS y como se ama al prójimo comenzando con nuestros padres. Son los mandamientos que desgraciadamente son tenidos en muy poca cuenta en nuestro mundo, castigado por la discordia, la violencia, la inmoralidad y la corrupción. Faltan los Diez Mandamientos. Estos mandamientos, que son el centro de la justicia divina, se resumen en dos: amar a DIOS y amar al prójimo y, por lo tanto, se resumen en uno solo: amar a todos. El amor es el principio general del gobierno de DIOS. Por lo tanto, ese amor será el principio rector cuando nos dirigimos a Él, o sea, cuando seamos atendidos por Él. Es eso lo que simboliza el trono de DIOS, o mejor dicho, es así que Él gobierna a todos.

Aquí en la Tierra, nosotros estamos ante DIOS en una situación especial. Él nos ve como seres a quienes es necesario rescatar del pecado para el amor. Nosotros no sabemos a ciencia cierta lo que después de todo es el amor, sin embargo tenemos por lo menos una pálida idea. Por ejemplo, sabemos que el amor es bueno y que es capaz de morir por nosotros. Otra cosa muy importante que debemos hacer constar al meditar sobre el trono de DIOS, es que allí está el ser que lo puede todo. Allí está la fuente de todo poder en el Universo. Allí está quien tiene todo el poder, que es capaz de saber lo que pasa en todas las mentes de sus criaturas, y que es capaz de estar presente en todos los lugares. Y si no fuera así, DIOS no sería capaz de gobernar este inmenso Universo, el cual tal vez sea infinito. El Universo es un gigante, y DIOS es mayor y más capaz que todas las fuerzas e inteligencias que se encuentran en el Universo. Y si DIOS no tuviese las capacidades que tiene, su gobierno no podría ser de amor, ya que dependería de testigos y agentes que lo coloquen a la par de todo lo que acontece a lo largo y ancho del Universo. Y DIOS tiene esos testigos, pero no los necesita. Ellos existen para confirmar a todos que DIOS ya lo sabe todo y que es justo y recto. Los testigos de DIOS, de los cuales hacemos parte, tienen un propósito: confirmar a todos, buenos y malos, de nuestro planeta y del resto del Universo, que DIOS actúa por amor. ¡Y eso es todo!

¿Qué cosa es, al fin y al cabo, adoración? ¿Y por qué las criaturas deben adorar a DIOS? Esas preguntas son simples y fáciles de responder. Si conocemos a DIOS, sabremos que Él es un ser social, que crea criaturas para poder amarlas y hacerles el bien. Eso lo reprodujo, por ejemplo, en los seres humanos, que nacen, crecen, casan y que quieren tener hijos para amar. En situaciones normales, porque hoy las cosas están saliendo de la normalidad, las criaturas aman a sus padres, se aman el uno al otro cuando se casan, y aman a los hijos cuando procrean. Y ese amor viene de DIOS, por eso aman en primer lugar a la fuente de ese amor. Si no mantienen esa relación primordial de amor a DIOS, no sabrán tampoco cómo amar al prójimo. Eso es lo que ocurre en nuestro mundo castigado por el pecado y por el odio.

Hay dos maneras en que DIOS se relaciona con sus criaturas, una es con las que nunca pecaron y otra con las pecadoras. Las primeras no necesitan ser salvas, pero necesitan ser protegidas para que no se vuelvan pecadoras también. Nosotros, que desgraciadamente pecamos, necesitamos ser salvos, cosa que las otras criaturas no necesitan. Pero el principio general del gobierno de DIOS es uno solo: el amor. Deteniéndonos en el amor de DIOS para con nosotros, en cómo Él se relaciona con nosotros, podemos imaginar al señor JESUCRISTO, en pie delante del trono de DIOS Padre, intercediendo por la vida de cada pecador. Y si oramos a DIOS, podemos imaginar al ESPÍRITU SANTO traduciendo nuestras imperfectas palabras y frases en gemidos indecibles ante DIOS Padre.

Hoy, el centro de las atenciones en el trono de DIOS es la actividad del Cordero, el señor JESUCRISTO. El Universo entero está observando, y nosotros aquí en la Tierra no lo suficiente porque andamos distanciados de actividades tan importantes como esa. El Cordero hace allí lo que aquí en la Tierra hacía el sumo sacerdote en el día de la expiación. Él intercede por nosotros ante DIOS Padre traducido por el ESPÍRITU SANTO, esto es, cada vez que aparece un pedido de perdón, JESUCRISTO se vale de su sacrificio para ofrecer el perdón a ese pedido por los méritos que sólo pertenecen a Él y a nadie más, ni siquiera al Padre y ni al ESPÍRITU SANTO, y mucho menos a algún ser humano.

Viendo las cosas desde ese ángulo, entonces sí entendemos lo que es adoración: es un tributo de agradecimiento a DIOS, porque nos creó y porque en JESUCRISTO nos salvó. Nosotros, terrestres, tenemos dos motivos de adoración: la creación y la salvación. Los demás seres no caídos sólo tienen por motivo de adoración a la creación. Aun así, me gustaría ser uno de ellos.

“Nuestro Dios es un Padre tierno y misericordioso. Su servicio no debe mirarse como una cosa que entristece, como un ejercicio que desagrada. Debe ser un placer adorar al Señor y participar en su obra. Dios no quiere que sus hijos, a los cuales proporcionó una salvación tan grande, obren como si Él fuera un amo duro y exigente. Él es nuestro mejor amigo; y cuando le adoramos quiere estar con nosotros, para bendecirnos y confortarnos llenando nuestro corazón de alegría y amor. El Señor quiere que sus hijos hallen consuelo en servirle y más placer que fatiga en su obra. Él quiere que quienes vengan a adorarle se lleven pensamientos preciosos acerca de su amor y cuidado, a fin de que estén alentados en toda ocasión de la vida y tengan gracia para obrar honrada y fielmente en todo” (El Camino a Cristo, 103).

DIOS observa y presta atención a lo que ocurre en el Universo, y también aquí en la Tierra. Él gobierna con absoluta justicia, sea sobre el contexto del pecado terrestre, sea sobre el contexto de pureza del resto del Universo. Aquí él juzga con rectitud, y cada cosa a su tiempo. En el debido momento irá a retribuir a los buenos por su arrepentimiento, y a los malos por los actos de los cuales no se arrepintieron. A los primeros les devolverá la vida eterna como recompensa; a los segundos los exterminará para siempre. Desgraciadamente tendrá que proceder así, pues no puede permitir que el mal persista eternamente. Ese es su acto extraño, incoherente con el amor, pero que tiene que ser hecho.

La historia de la humanidad comprende una sucesión de actos de DIOS aquí en la Tierra. Primero vino el pecado, luego una sucesión de injusticias, y después, sólo al final viene el juicio. Ya estamos en el tiempo del juicio, desde 1844. Es la fase investigativa. Es el tiempo en que los justos serán juzgados para ver si son realmente justos. Eso implica lo siguiente: no que los justos tuvieron una vida sin pecado sino que se arrepintieron y que les fue atribuida la justicia de CRISTO demostrada en la cruz. Si en su vida se manifiesta la sangre de CRISTO, así como en las puertas del pueblo de DIOS a la salida de Egipto, ellos serán considerados puros así como CRISTO fue un ser humano puro y venció.

Antes de la ejecución, durante el milenio, habrá una fase del juicio en que los libros estarán a disposición de los salvos para que investiguen al respecto de las razones de la condenación de los otros. Después viene la fase ejecutiva, cuando los justos serán llevados para el Cielo, y los impíos serán condenados a la extinción. “Todos los impíos del mundo están de pie ante el tribunal de Dios, acusados de alta traición contra el gobierno del cielo. No hay quien sostenga ni defienda la causa de ellos; no tienen disculpa; y se pronuncia contra ellos la sentencia de la muerte eterna” (El Conflicto de los Siglos, 648).

Que existe un santuario en donde DIOS habita, allí está el trono del Universo y allí están los Diez Mandamientos, y allí se hace justicia verdadera. Ese es el lugar de donde viene la gracia para todos aquellos que la desean. Es un lugar en donde la verdad tiene valor, y de donde emana amor a todos los seres del Universo.

“El alma puede elevarse hacia el cielo en alas de la alabanza. Dios es adorado con cánticos y música en las mansiones celestiales, y al expresar nuestra gratitud nos aproximamos al culto que rinden los habitantes del cielo. Se nos dice: “El que ofrece sacrificio de alabanza me glorificará”. Salmos 50:23. Presentémonos, pues, con gozo reverente delante de nuestro Creador, con “acciones de gracias y voz de melodía”. Isaías 51:3 (El Camino a Cristo, 103-104).

Tengamos en mente que DIOS existe, Él es amor, nosotros somos pecadores, y lo necesitamos para salvarnos. Existe un lugar en el Universo donde DIOS ministra, es su santuario, en donde está su trono. Allí ocurre el juicio de la raza humana, ahora para saber quién será salvo, y después para saber cuál será la sentencia de los que se perdieron. Por favor acude al trono de la gracia oportunamente, no esperes a que sea demasiado tarde. Dios te bendiga.

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