La gratitud manifestada por un pagano

INTRODUCCIÓN.

Leer 2 Reyes 5: 14-16, Damasco, la capital de Siria, representaba el mejor y más brillante escenario donde los turistas podían visitar las catedrales de las principales deidades, de esa nación. Allí estaba el templo de Ea, el dios de la magia. La catedral de Hadad, el dios del tiempo atmosférico. No dudo que Naamán haya visitado estos templos, especialmente a medida que su enfermedad se arraigaba. Evidentemente visitó también a Shamai, el dios de la justicia y Nabú que era el dios de la sabiduría. Pero la situación de la salud de Naamán, no presentaba mejoría alguna. Su posición privilegiada en el reino le permitía acceder a los mejores centros de salud y tener contacto con los mejores médicos, dentro y fuera de su país.

Cuando Naamán comienza a vivir los últimos rayos del sol de su esperanza, y habiendo hecho todo lo que estaba a su alcance, el Señor enciende una luz.

Un tiempo atrás, en una incursión del ejército sirio a territorio israelí, entre los prisioneros de guerra traídos a Siria, estaba una jovencita, humilde y formal, que fue vendida como esclava; y tocó en suerte servir en la casa de Naamán. No pasó mucho tiempo sin que esta jovencita se diera cuenta de la penosa situación por la que estaba pasando el esposo de su ama, y en un impulso de simpatía, motivado por la compasión que experimentó su corazón, se atrevió a decirle a su ama, (2Reyes 5: 3) “Si rogase mi Señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra”. Esta jovencita cuyo nombre no se registra en la Biblia, estaba poniendo en las manos de su ama, la llave de la fe que ella experimentaba y que podía ser el medio por el cual ese capitán valiente y orgulloso, también participara de esa fe.

Dios, desde hacía un tiempo atrás, estaba preparando el escenario para encender la luz de la verdad en esa tierra pagana e idólatra de Siria.

“Aunque esclava y muy lejos de su hogar, esa niña fue una de los testigos de Dios, y cumplió inconscientemente el propósito para el cual Dios… “le había traído a ese lugar.

  1. LOS ELEMENTOS QUE DIOS HA DE USAR

En vez de renegar por su condición de esclava, o en vez de lamentar las circunstancias en las cuales había venido a ese lugar, lejos de su patria, simpatizó con su amo enfermo señalándole a la esposa, lo que para ella era la solución.

“Mientras los padres de aquella niña hebrea le enseñaban acerca de Dios, no sabía cuál sería su destino. Pero fueron fieles en su cometido; y en la casa del capitán del ejército sirio, su hija testificó por el Dios a quien había aprendido a honrar”. (PR. Pág. 185)

Cuando la esposa de Naamán escuchó la sugerencia de esta niña, y habiendo observado la diligente y ahora ansiosa búsqueda de salud de su esposo, evidentemente confió en esa sugerencia y la comentó con su esposo. El capitán Sirio no se habría tomado el trabajo de entrevistarse con el rey, si no hubiera estado convencido que eso podría ser la solución a su problema.

Naamán logra convencer al rey, que vale la pena ausentarse de su puesto e incursionar en territorio israelí, pero ahora para solicitar la ayuda que tanto necesitaba.

El rey, sin poner objeciones, en forma espontánea se manifestó diciendo: (v. 5) “Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel”. Habiendo hecho todos los arreglos, y teniendo la autorización y las cartas del rey, Naamán se dispone. Evidentemente le acompaña su escolta especial, lleva las cartas oficiales, va preparado para pagar los honorarios de la consulta y para devolver los favores que pueda recibir. Da las indicaciones a los que conducen el carro, y se pone en marcha el capitán, víctima de la lepra. Con la expectativa de encontrar la salud, el camino se acorta y esta caravana hace su arribo al palacio real del gobierno de Israel.

¡Cuando Naamán llegó al palacio y se presenta ante el rey y al mismo tiempo presentó las cartas que llevaba, lleno de esperanza,… Oh triste realidad! Allí se cortó el hilo de la esperanza. Al leer el rey las cartas, se sintió frustrado y amenazado. (Notemos el verso 7) Su actitud decía: “No sé”, “no puedo”. “A mí no me toca”…

– ¡Que decepción ha de experimentar Dios! Cuando nosotros nos identificamos con la actitud del rey de Israel.

Felizmente, aún hay esperanza. Dios no ha de permitir que ese pobre peregrino, se regrese chasqueado a su casa. ¡Triste y enfermo! Como había venido.

  1. LA GRAN PRUEBA DE FE

Dios tenía su reserva. Cuando las puertas de nuestras expectativas se cierran, Dios tiene aún centenares de puertas que pueden estar a nuestra disposición. Dios permitió que el profeta Eliseo supiera la notica de esta visita al rey y de la pésima recepción ofrecida, y entonces pidió que Naamán fuera a su casa. El corazón vuelve a palpitar aceleradamente hasta que llega a la siguiente recepción.

La Recepción. Al parar su carro al frente de la casa de Eliseo, Naamán esperaba otro tipo de bienvenida. Ya había tenido un chasco con los lamentos del rey, con su derrotada actitud; pero ahora había sido llamado por Eliseo; lo mínimo que este sirio esperaba que hiciera, es salir a recibirlo; pero para su sorpresa en lugar de eso, sale un siervo de Eliseo con la receta en la mano. (Verso 11) “He aquí yo decía para mí: saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar y sanará la lepra”.

“Naamán tenía sus propias ideas, pero no coincidían con las de Dios. Cuando oyó del hombre que podría curarlo de su lepra, sacó de inmediato sus propias conclusiones acerca de cómo realizaría la curación. Formuló un plan propio, y esperaba que Dios lo adoptara. Pero los preconceptos humanos en cuanto a la forma de actuar del Señor muchas veces son erróneos. Cuando trazamos de antemano los caminos que debe seguir la providencia, podemos desengañarnos” (CBA. tomo 2, pág. 873)

La Receta. (v. 10) “ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se restaurará, y serás limpio”. ¡Qué chasco! ¡Qué frustración! Realmente eso pareció una burla para el Capitán Sirio. Este caballero estaba impuesto a dar órdenes, y a que éstas se cumplieran; y por el cargo que ocupaba, el camino automáticamente se despejaba. Era atendido con respeto y deferencia… Y ahora ni siquiera se me saluda, se me atiende. – Pensó Naamán- ¡Qué informe llevaría al rey de Siria! Ahora habría otro muy buen pretexto para otra guerra entre estos dos países; que ya estaban impuestos a vivir de esa manera.

La Reacción. Las escrituras en el verso 11, dice que se fue enojado, haciendo una comparación con los ríos de su tierra. Bastante había soportado y ni de broma pensó en zambullirse en el Jordán.

Abana y Farfar. “El espíritu orgulloso de Naamán se rebelaba contra la idea de hacer lo ordenado por Eliseo. Los ríos mencionados por el Capitán Sirio tenían en sus orillas hermosos vergeles, y mucha gente acudía a las orillas de esas corrientes agradables para adorar a sus ídolos. No habría representado para el alma de Naamán una gran humillación descender a uno de esos ríos; pero podía hallar sanidad tan sólo si seguía las indicaciones específicas del profeta”. (PR. pág. 186)

– ¡Cuantas veces pensamos que la obediencia es otra cosa! No quisiéramos que estuviera relacionada con lo que le pedimos a Dios. Pero precisamente nuestra falta de sumisión a la voluntad divina, con frecuencia es la causante de muchos de nuestros extravíos.

III. UNA CURACIÓN POR FUERA Y POR DENTRO

Después de haber rechazado Naamán la indicación de Eliseo, el siervo de Dios; aún la reserva divina no se había agotado. Allí estaban los criados, esos hombres humildes encargados de manejar las riendas de los caballos, de darles de comer y de hacer lo más cómodo el viaje, hablaron con su Señor, y le convencieron. (v. 13) ¡Ya estamos aquí, ¡Señor, hazlo!

La transformación. “Se estaba probando la fe de Naamán, mientras su orgullo contendía para obtener la victoria. Por fin venció la fe, y el altanero sirio dejó de lado el orgullo de su corazón, y se sometió a la voluntad revelada de Jehová. Siete veces se sumergió en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios”. (PR. pág. 186)

(v. 14) “y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio”. Totalmente sano y limpio. Sano por fuera.

(v. 15) “He aquí ahora que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel”. Sano por dentro.

Sus palabras eran evidencia de una transformación desde adentro. El orgullo había dado lugar a la fe, y la fe le había motivado a obedecer la orden de Dios dada por el profeta.

La expresión de gratitud. Ahora afloraba a los labios de Naamán una franca y contundente evidencia de la transformación experimentada por Naamán. (v. 15) “Te ruego que recibas algún presente de tu siervo”. Su gratitud espontánea era evidencia de su transformación interior.

(v. 17) leer… “No sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová”.

Ahora su vida sería una vida de devoción dedicada a quien lo había sanado. “Naamán mostró su gratitud, cuando regresó para ofrecer una recompensa a Eliseo… Naamán demostró estar en mayor armonía con el verdadero espíritu de un hijo de Dios que los que pretendían ser su pueblo escogido… El capitán de los ejércitos de una nación pagana mostró fe y gratitud, que eran ajenas al profeso pueblo de Dios. El Señor está cercano a los que estiman sus bendiciones y se muestra bondadoso para con ellos”. (CBA. tomo 2, pág. 874)

Un hombre pagano es atraído al Dios que le ha sanado y ahora entrega su voluntad a quien identifica como el Dios verdadero.

CONCLUSIÓN.

“Cada acto de reconocimiento de nuestra obligación hacia Dios fortalecerá el sentido del deber. La gratitud se profundiza cuando la expresamos y el gozo que proporciona es vida para el alma y el cuerpo”. (CMC. pág. 85)

¿No quisiéramos profundizar en nuestra vida ese sentimiento de gratitud? Aprovechemos toda oportunidad para expresarla. ¿No quisieras hacerlo ahora? Tienes en tu corazón, ¿motivos de gratitud? ¿Cuántos tenemos algo qué decirle al Señor hoy? ¿Por qué no lo hacemos en oración?

Unión Mexicana del Norte

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