(Hechos 1:4) Hechos 1: 12-14)

La presencia del Espíritu Santo en esta tierra la podemos encontrar desde la creación hasta nuestros días, desde el génesis hasta el apocalipsis, de pasta a pasta, en otras palabras, la presencia del Espíritu Santo siempre ha existido en nuestra tierra. David dijo: “No quites de mi tu Santo Espíritu”

A la ascensión de Cristo hacia el cielo, comenzó una nueva etapa laboral completa del Espíritu Santo, ahora él tomó completo control de los asuntos espirituales de la religión de Cristo en el mundo entero.

Los apóstoles estaban reunidos esperando la promesa del Padre de enviar un Consolador.

La situación anímica era difícil para los discípulos, apenas se habían recuperado de la violenta muerte recibida por Cristo, la aparición de Cristo fue solamente por unos cuantos días, y ahora sufrían otro revés con la partida de Cristo, estaban quedando solos en esta tierra, en una condición tal, ellos necesitaban asegurar su fe.

Una gran obra espiritual estaba por dar inicio, son obras espirituales tan grandes que acobardan al más fuerte de los humanos. Moisés tembló cuando se dio cuenta de la gran misión espiritual que se le había encomendado, Jonás huyo cuando recibió la orden de ir a Nínive, Jeremías dijo: “apenas soy un niño”, y ahora encontramos a los atribulados discípulos al principio de una gran obra espiritual.

Los discípulos tenían que enfrentar los prejuicios de los judíos y también los prejuicios de todos aquellos hombres que escucharían a la nueva religión naciente, tendrían que entregar un mensaje nuevo a culturas nuevas, a naciones nuevas, a idiomas nuevos y a idiosincrasias nuevas, estarían atrapados entre los judíos y los paganos, hoy más que nunca tenían que esperar la promesa del Padre.

Sin recibir la promesa del Espíritu Santo estaban totalmente descalificados para esta monumental obra:

-Eran Pocos

-Carecían de influencia

-Eran lentos para aprender

-Eran tímidos en extremo

-Tenían ambiciones mundanales

-Eran problemáticos y ambiciosos entre ellos mismos

Cuando recibieron la promesa del Espíritu Santo, todo cambio en sus vidas

-La lentitud de aprendizaje fue cambiada por una comprensión rápida

-La cobardía fue cambiada por valentía

-La rivalidad fue cambiada por compañerismo

-La mente terrenal fue cambiada a una mente celestial

Los discípulos estaban reunidos en el aposento alto, ya que era imposible celebrar ese servicio religioso en el templo de la ciudad, porque las autoridades de la iglesia local eran hostiles a la pequeña compañía que guardaba el celoso cometido de Jesucristo.

El aposento alto posiblemente era el mismo lugar donde Cristo había impartido la primera y última santa cena en la tierra, el aposento alto, probablemente era propiedad de unos de los discípulos de Cristo.

Si ese era el mismo lugar, cuantos recuerdos pudieron revivir en la mente de los discípulos, pudieron recordar las palabras de Cristo, pudieron recordar su discurso, pudieron recordar la oración de Cristo, pudieron recordar la promesa de Cristo y pudieron recordar la humildad de Cristo cuando lavo los pies de todos los allí congregados.

Era algo común para un judío tener un aposento alto en sus casas, lugar que la mayoría de las veces era dedicada para servicios religiosos. Encontramos a Pedro en uno de ellos y también al apóstol Pablo dirigiéndose a la iglesia en la ciudad de Mileto.  (Hechos 1:5)

Juan usó el agua en el bautismo para limpiar la contaminación del mundo que se adquiere desde el vientre materno.

El bautismo con agua es necesario porque tenemos un sentimiento de culpabilidad y necesitamos el perdón.

El bautismo con agua es necesario porque sabemos nuestra corrupción, y necesitamos santidad.

El agua no puede limpiar el alma, el agua moja nuestra parte exterior y su efecto es superficial, por eso Cristo promete a la nueva iglesia cristiana, no un bautismo de agua solamente, sino un bautismo con el Espíritu Santo.

Nuestra culpabilidad necesita ser perdonada, nuestra corrupción necesita ser santificada, nuestra mancha necesita ser limpiada, nuestra miseria necesita cambiada por riquezas, nuestra impotencia necesita ser fortificada, todo eso se consigue a través del bautismo del Espíritu Santo. (Hechos 1:13,14)

Lucas nos entrega la eminente lista de los primeros once pastores de la iglesia cristiana, estos estaban recién graduados, estaban estrenando credenciales, estaban recién salidos del colegio más prominente que haya existido alguna vez en la tierra, como fue El Colegio Apostólico Cristiano Galileo, todos ellos estaban reunidos en el aposento alto y tenían una tarea especial que realizar, y era perseverar en la oración y el ruego.

También allí estaban las mujeres que habían acompañado al Señor en el ministerio de esta tierra, y también estaba María la madre de Jesús.

La Biblia dice María madre de Jesús, la Biblia no dice María madre de Dios, como impíamente se le sabe llamar. La Biblia profetizó que por el fruto de su vientre serian benditas todas las familias de la tierra. Muchos no logran entender esto y han creado el temible sacrilegio de la Maridolatría.

En ese aposento alto estaba la cuna de los iniciadores del gran movimiento cristiano, que unos años más tardes llegaría a sacudir los confines de la tierra, el lema para esa reunión fácilmente pudo haber sido: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmos 133:1) (Hechos 1:4)

ESPERAR

La paciencia, de una de las materias espirituales que la mayoría de nosotros la aplazamos, y la aplazamos en grande.

Vivimos en un mundo instantáneo, todo es instantáneo, los alimentos son instantáneos, las bebidas son instantáneas, el transporte es extremadamente rápido, los procesos de pagos y de cobros son inmediatos, la medicina actúa casi instantáneamente, la comunicación alrededor del mundo es instantánea. El mundo en que vivimos nos deja muy poco espacio, para practicar la paciencia.

“Mira hacia el mar” dijo Elías a su criado mientras oraba a Dios pidiendo de nuevo la lluvia para el pueblo de Israel,
“No hay nada” dijo el criado. Siete veces repitió la misma orden el profeta Elías, y seis veces contestó con la misma respuesta el criado de Elías, hasta que, en la séptima vez, en el cielo se dibujó una pequeña nube que subía de la mar con la forma de la palma de una mano. La paciencia y la perseverancia tienen una prima-hermana llamada fe.

La orden de Cristo era esperar, no vagabundear, no estar en el óseo, sino esperar dedicados a la oración y al ruego, para recibir la promesa divina.

Si estudiamos la vida del apóstol Pedro, nos damos cuenta de que su principal característica fue ser impulsivo.
Su naturaleza fue así, era un hombre de poca paciencia y hablaba y tomaba decisiones sin pensar, decisiones que le acarreaban y lo colocaban en problemas difíciles de solventar.

Uno de sus arrebatos o impulsos lo encontramos en el libro de (Mateo 14; 27,28)

En medio de la postal que tenían los discípulos confundiendo a Jesús con un fantasma, el más valiente de todos, se atrevió a hablar y dijo: “Si eres tú” Esta expresión denotaba la inseguridad de pedro acerca de la persona con quien estaba hablando. El temor de que Satanás hubiera tomado la forma de un ángel de luz y que imitara la voz de Jesús, existía en la mente de Pedro y de los discípulos. A pesar de esa inseguridad o temor, Pedro se lanzó al agua y comenzó a caminar.

Encontramos otro impulso de Pedro:

En el cuerpo ministerial de Cristo, había dos espadas, parece un poco gracioso y curioso en saber que los doce discípulos, andaban cargando con ellos 2 espadas y también suena curioso y gracioso el saber que Jesús se los permitía.

El historiador Josefo dice que era común para el pueblo judío cargar espadas debajo de la ropa para ese tiempo; especialmente cuando se subía a Jerusalén a visitar al templo, por el peligro del asaltante. Lucas 22:35-38

Por supuesto el consejo de Jesús de comprar espadas no era literal, era sencillamente una advertencia a estar preparados humanamente ante la gran tormenta que se les aproximaba a los discípulos, donde todos ellos perderían la fe.

Es natural que cuando al humano le falla o le falta la fe, echa mano de las herramientas humanas para sobrevivir.

Recuerdo a uno de nuestros pastores en la iglesia de mi niñez. El pastor deseaba sentarse en una silla, pero estaba allí la cartera de una hermana. Él tomó la cartera y la movió a la siguiente silla, cuando le llamó la atención el peso de la cartera. Estando la cartera semi-abierta le hecho una mirada y descubrió que nuestra santa hermana andaba cargando un revolver. Medio indignado el pastor se le acercó a la hermana y le preguntó: ¿Usted de verdad confía en Dios? Si, si, si dijo ella –El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y le guardan- añadió, confirmando así su respuesta.
El pastor no pudo más y le preguntó directamente: ¿Y esa pistola en su cartera? Ella le dijo- Mire pastor yo de verdad confío en Dios, pero por si las cosas fallan, allí la ando cargando-

Con una de esas espadas en un momento de impulso, Pedro trató de matar a Malco, que era un criado del sumo sacerdote. (Juan 18:10,11)

La acción de Pedro tiene tres lados y los tres lados son malos y peligrosos:

El primer lado lo puso en peligro de ser corregido por los soldados romanos, dicho en otras palabras, la acción de Pedro pudo haber llevado a los soldados a usar sus armas en contra de Pedro

El segundo lado de la acción de Pedro es la desconfianza en la protección de Dios y el tercer lado malo es la resistencia que Pedro ponía para que no se cumpliera la voluntad de Dios.

Encontramos otro de los arrebatos o impulsos de Pedro, Cristo dio la orden de ir a Jerusalén y esperar. Pedro decidió que había que elegir a alguien para llenar la vacante ministerial que dejo el hermano Judas Iscariote. (Hechos 1:15-26)

Ellos habían tenido de Cristo la orden de esperar, se ha descubierto que es más fácil -hacer mucho- que esperar largamente. Ellos no tenían que hacer nada antes de tiempo, la orden era esperar por el Espíritu Santo, y una vez el Espíritu Santo posesionado de la vida de ellos, sería el mismo Espíritu Santo quien dictaría las cosas necesarias para hacer.

Ellos tenían que mantenerse en oración. La oración es el resultado inmediato del deseo y de la expectación del ser humano.

Cuando al humano se le entrega una promesa, inmediatamente la promesa se transforma en oración. Es por eso que las promesas que nos ha hecho Dios vienen a ser asuntos de una oración especial y de ruegos hacia Dios, para que él cumpla lo prometido.

La oración secreta es la vida del individuo

La oración familiar es la vida de la sociedad

La oración de la sociedad es la vida de una nación

La oración de la congregación es la vida de la iglesia

Toda alma que es negligente en la oración es simplemente un alma muerta

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, se tienen que regocijar cuando un individuo, la familia, la comunidad o la iglesia dedican servicios enteros a la oración, porque ese es el medio para abrir los canales de vida del cielo, para clamar por las promesas divinas, para recibir perdón y santidad, para recibir toda clase de bendiciones desde el pan de cada día, hasta la misma vida eterna.

Pero no, el impulsivo Pedro no pudo esperar, no pudo seguir la orden de Cristo “se levantó en medio de sus hermanos” y comenzó a dirigir la elección de un apóstol de Cristo. La orden fue estar sentado, pero Pedro no pudo estar sentado, se tenía que levantar, no pudieron esperar diez días para saber los planes del Espíritu Santo.

“13°-…No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros…” (Éxodo 14);

“17°-… paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros” (2 Crónicas 20);

“Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. (Salmos 37: 9);

“Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca.” (Lamentaciones 3: 25) (Hechos 1:23-26)

Escogieron dos hombres, después de escogerlos oraron, y después de orar echaron suerte. Hay algo errado en esta postal, hay algo desequilibrado en esta secuencia de eventos.

Eran diez días nada más que tenían que esperar para tener con ellos al Espíritu Santo, tristemente terminaron echando suerte.

La suerte cayó sobre Matías, esta es la primera y última vez que la Biblia menciona el doceavo discípulo electos por sus mismos colegas. Saulo era su nombre, era príncipe, era letrado, era corajudo, era implacable, era el encargado de llevar el evangelio hasta los confines de la tierra de esos días, Saulo era el ministro escogido por el cielo, para reemplazar la vacante ministerial dejada por el apóstol Judas Iscariote.

¿Qué era echar suerte?

La Biblia menciona muchas veces en el Antiguo Testamento que el pueblo de Dios echaba suerte, cuando se necesitaba tomar decisiones serias o cuando se andaba buscando a un delincuente.

Este asunto de -echar suerte-, era el método que tenía Dios con el pueblo de Israel, para demostrarles su voluntad, o sus decisiones en negocios delicados del pueblo.

En el caso de Matías, esta es la última vez que se menciona –echar suerte- en la Biblia, con la venida del Espíritu Santo, ya no se necesita este método. Ahora llevamos todo a Dios y es el Espíritu Santo el encargado de llevar a cabo las decisiones de la iglesia, cada vez y cuando nosotros hacemos las cosas bien en la iglesia.

Dicho sea de paso, hacer las cosas bien en la iglesia, eso es lo últimos que hacemos. Si usted anda buscando un lugar donde haya un total desequilibrio, política y discriminación, asista a una junta de nombramientos en todos los niveles de la iglesia y allí lo podrá encontrar.

En nuestros días modernos hay muchos que aun trabajan echando suerte, aparentemente es el método más fácil para tomar decisiones, pero recordemos que no es el método divino.

Cuando elegimos a alguien para cualquier cargo de la iglesia, casi siempre nos equivocamos, ya que nosotros decidimos basados en nuestro juicio, en interés propios, en el éxito de la persona, elegimos por curiosidad, especulación, consideraciones familiares, salud, tiempo, influencia, dinero y muchos más parámetros que hemos creado en nuestras mentes.

Esto no pasaba en el tiempo antiguo, con la suerte divina, ese acto de echar suerte era dirigido e intervenido por Dios directamente.

Por ejemplo, se echaba suerte sobre los machos cabríos que se usaban para el día de la expiación, en este día se tomaban dos machos cabríos uno era para Azazel y el otro era para Dios. El sumo sacerdote tenía una caja de madera que contenía dos barras de oro, en una de las barras estaba escrito “para Azazel” y en la otra barra estaba escrito “para Dios” El sumo sacerdote sacudía la caja, tomaba una barra en cada mano, se ponía en medio de los dos machos cabríos y allí abría sus manos. De acuerdo con lo que la barra decía, así era como se escogía a los machos cabríos.

También la Biblia menciona que cuando se repartieron la tierra de Canaán a los Israelitas, se hizo por medio de la suerte.

Este proceso fue algo parecido al de los machos cabríos usados para el día de la expiación. Se pusieron dos efod, uno de ellos con el nombre de las tribus de Israel y el otro efod con el nombre de los linderos de la tierra. El sumo sacerdote, estaba vestido con sus ropas de sumo sacerdote, incluyendo las dos piedras en su hombro llamadas urin y tumin, que era por las cuales Dios contestaba ya sea afirmativa o negativamente. Cuando se consultaba a Dios, si la piedra del hombre derecho resplandecía la respuesta era positiva, pero si la piedra del hombro izquierdo resplandecía, la respuesta era negativa.

El sumo sacerdote metió la mano en los dos efod al mismo tiempo, y allí sacaba el nombre de la tribu y la porción de tierra que le pertenecía. De esa manera todos sabían que la decisión no era humana, sino divina, y nadie puso problemas.

Para descubrir el pecado de Acán, también se echó suerte. Para casos como este se usaba la botella. Era un frasco de mármol con un cuello largo, donde depositaban pelotitas de mármol que pasaban muy estrechamente por el cuello de la botella. Las pelotitas de mármol eran blancas y negras. El culpable sacudía la botella, la invertía y allí saldría una pelotita y dependiendo el color, así era la culpabilidad del acusado. Blanco significaba inocencia, negro culpabilidad.

Estas historias están en la Biblia y estas informaciones se encuentran en los libros de historia nacional de la nación judía, historia que viene escribiendo desde que fueron fundados como nación.

Sobre Jonás, también se echó suerte y Dios intervino eficaz y prontamente. Dios quería que su nombre fuera glorificado.

En este caso los que echaron suerte eran paganos, ellos se dieron cuenta que la tormenta que estaban sufriendo era anormal, llegaron a la conclusión que era “algún dios” que estaba furioso con alguien de los pasajeros de la nave. Echaron suerte, Dios intervino y la suerte cayó sobre Jonás: (Jonás 1:7-16)

Cuando Jonás salía, estropeadamente hacia obra misionera por todos lados, en este caso, una tripulación se gradúa espiritualmente con altos honores, en la academia de la aflicción. Mas tarde por la predicación de Jonás, se arrepiente Nínive. Solamente de una campaña evangelística al aire libre se convierten más de 120,000 personas, posiblemente Jonás sea el evangelista más exitoso de todos los tiempos.

La historia judía afirma que Jonás era hijo de la viuda de Sarepta, y que Jonás también era el mismo personaje que asistía al profeta Elías en el grandioso día del Monte Carmelo, frente a los profetas de Baal. Jonás y Elías era contemporáneos.

Las decisiones arrebatadas de Pedro le podemos llamar “la religión del impulso”

La religión puede actuar en los humanos bajo tres formas:

1-La religión puede actuar sin el intelecto; simplemente impulsada por lo exterior, esta es una religión basada en las emociones.

2-La religión puede actuar bajo el intelecto; controlada por el juicio y la razón de la persona, y esta es la manera correcta la cual que tiene que ser

3-La religión puede actuar en contra del intelecto; esta es la religión del impulso y su ejemplo vivo es Pedro

Estas son unas de las características para descubrir si sufrimos de la “religión del impulso”

1-La religión del impulso siempre hace pedidos extravagantes: En el caso de Pedro, él pidió caminar sobre las aguas. Para evitar caer en manos del enemigo, tenemos que tener dominio propio y buscar la ayuda divina.

2-La religión del impulso nos conduce a conductas peligrosas. Un acto de necedad nos puede hundir en un mar de dificultades

3- La religión del impulso siempre es corregida por Dios. Dios siempre permite que el humano desarrolle sus pasiones y su fanatismo y después corrige a la persona, exponiendo su error: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” Pregunto Jesús a Pedro.

Recordemos que el uso de la fe incluye el intelecto, la razón, evidencias y dependencia de Dios.

Por lo pronto esto es todo cuanto podemos decir, más adelante seguiremos investigando y le daremos un final feliz, debemos de prepararnos para que Dios nos use en la misión de predicar las buenas nuevas de Salvación.

 

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