Cantos de gratitud

Lectura Bíblica: Salmo 95: 1-3

INTRODUCCIÓN

Leer Salmos 77: 15-20 La música es una manifestación artística, con fines, entre otros, de expresar sentimientos, emociones, circunstancias, pensamientos e ideas. “A menudo se pervierte (la música) haciéndola servir a malos propósitos… pero debidamente empleada es un precioso don de Dios, destinado a llevar los pensamientos a temas nobles, a inspirar y elevar el alma”. (La Educación, pág. 163)

No sólo como individuos, sino también como grupos usamos la música para manifestarnos. La iglesia no es la excepción; canta para dar culto al Creador, canta para agradecer su manifestación de amor, canta para manifestar su estado de ánimo.

El pueblo de Dios, a lo largo de la historia ha cantado para manifestar su gratitud, fe, gozo y esperanza en Dios, quien le ha conducido a través de su largo peregrinar en esta tierra. Si bien es cierto que, como pueblo, hemos transitado por valles de sombras, de muerte; también es cierto que el camino pasa por lugares de delicados pastos y por aguas de reposo, y es entonces cuando elevamos nuestra voz de gratitud a través de los cantos, que han grabado en nuestra mente las grandes verdades del evangelio.

En esta ocasión quiero referirme a algunos cantos especiales que son parte de la experiencia del pueblo de Dios, a lo largo de los siglos.

Después de siglos, de haber puesto Dios las bases de la formación de su pueblo, se dispone a emanciparlo de Egipto y conducirlo a un lugar apropiado para orientarlo y hacerlo crecer para que cumpliera con su misión.

Después de una serie de milagros y prodigios, el pueblo sale de su tierra de esclavitud, con la autorización del Faraón. Sus sentimientos y emociones estaban encaminados a disfrutar un futuro más promisorio. Mientras el pueblo avanzaba para enfrentar su primer y grande desafío, la mente de ellos recordaba cómo las plagas, especialmente la última, la muerte de los primogénitos, había afectado a sus opresores, mientras ellos eran librados. Pero al mismo tiempo, el Faraón y sus oficiales analizaban cómo afrontarían su programa de desarrollo, sin la fuerza de trabajo que ahora estaban perdiendo. Mientras Faraón y su ejército deciden revocar la autorización de liberación, el pueblo llega al mar rojo, donde se elabora y se canta.

  1. EL PRIMER CANTO CONGREGACIONAL

(Éxodo 15: 1-21) Cuando el pueblo de Israel vio que su camino se terminaba en las riberas del mar rojo y tras ellos venía el arrepentido Faraón con su ejército; no viendo salida a los lados, temió por su existencia. Pero Moisés les dijo: “No temáis, estad firmes… Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos”. (Éxodo 14: 13, 14) Y entonces se produce ese drama portentoso. Cuando el pueblo no tiene otra alternativa, se da cuenta que sólo Dios puede librarlos. Jehová dijo a Moisés: “¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen”. (Éxodo 14:15) Y ante la vista de todo el pueblo, las aguas del mar se parten en dos, dejando un camino en seco por en medio, por donde el pueblo pudo avanzar sin tropiezo alguno, durante toda la noche.

“… La columna de nube se levantó majestuosa hacia el cielo, pasó sobre los israelitas y descendió entre ellos y los ejércitos egipcios. Se interpuso como muralla de tinieblas entre los perseguidos y los perseguidores… Pero a medida que la obscuridad de la noche se espesaba, la muralla de nube se convirtió en una gran luz para los hebreos, inundando todo el campamento con un resplandor semejante a la luz del día… y siguiendo los egipcios, entraron tras ellos hasta el medio del mar, toda la caballería de Faraón, sus carros y su gente de a caballo. Y aconteció que, a la vela de la mañana, que Jehová miró el campo de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y perturbó el campo de los egipcios… Al despuntar el alba, las multitudes israelitas pudieron ver todo lo que quedaba de su poderoso enemigo: cuerpos vestidos de corazas arrojadas a la orilla. Una sola noche les había traído completa liberación del más terrible peligro”. (PP. págs. 290-292)

Y ahora el pueblo canta alabando y agradeciendo a Jehová:

(Éxodo 15: 1, 2) “… Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación. Este es mi Dios y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré.

(vs 3, 4) Jehová es varón de guerra, Jehová es su nombre Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército; Y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo.

(v. 8) Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas Se juntaron las corrientes como en un montón; Los abismos se cuajaron en medio del mar.

(v. 19) Porque Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de a caballo en el mar, y Jehová hizo volver las aguas del mar sobre ellos; más los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar.

Dios había actuado allí prodigiosamente y el pueblo agradece a Dios alabándole con ese himno cantado en la otra ribera del mar, ¡totalmente a salvo! Notemos esta declaración inspirada: “Jehová solo les había libertado, y a él elevaron con fervor sus corazones agradecidos. Sus emociones encontraron expresión en cantos de alabanza. El Espíritu de Dios se posó sobre Moisés, el cual dirigió al pueblo en un triunfante himno de acción de gracias, el más antiguo y uno de los más sublimes que el hombre conoce”. (PP. 292)

Hay otras declaraciones en el canto que tienen una aplicación adicional, al momento que fue cantado, por ejemplo: -v. 3 “… Lo llevaste con tu poder a tu santa morada”. -v. 17 “Tú los introducirás… en el monte de tu heredad”. -v. 18 “Jehová reinará eternamente y para siempre”.

Y como dijéramos en nuestros cultos de alabanza, ahora vamos a estudiar dos.

  1. CANTOS ESPECIALES… POR LOS ÁNGELES

Hay hermanos y hermanas, a quien Dios ha dotado con el don del canto, que es un verdadero privilegio escuchar, y que con su talento edifican a la iglesia; ahora, escuchar un canto de los ángeles, ¿qué será?

En ocasión del nacimiento de Jesús. (Véase 2: 8-14) El tiempo seguía su curso; reinos ocupaban el escenario y luego desaparecían para dar lugar a otro. Reyes eran entronizados, gobernaban, venía la decadencia y luego otro ocupaba el trono. Generación tras generación, especialmente en el pueblo de Dios habían esperado la aparición del Mesías, pero todo era en vano. Para algunos, el cumplimiento de esa promesa se hacía urgente. Para otros, la promesa se había desvanecido, y no existía más esperanza para el futuro.

Una noche, en las colinas de Belén, un grupo de pastores que cuidaban sus ovejas, platicaban precisamente de la venida del Mesías y oraban a Dios por el cumplimiento de esa promesa; cuando repentinamente un resplandor iluminó el rosto de los pastores; ellos, pasmados de espanto, escucharon la dulce voz del ángel decir: “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo… Que ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor… La tierra enmudeció, y el cielo se inclinó para escuchar el canto:

Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz,

Buena voluntad para con los hombres.

(Véase DTG. pág. 31)

El cielo había cumplido su promesa. El Mesías había venido a este mundo. El Dios hombre era ahora una realidad. Aunque fueron relativamente pocos los que escucharon ese canto, los que tuvieron ese privilegio, fueron los pastores y los magos de oriente, entregando sus dones. Unos lo poco que poseían y otros dando de la abundancia de sus posesiones. Este canto debe repercutir aún en nuestros oídos y corazones, como una profunda manifestación de nuestra gratitud por el don que el cielo nos concedió en la persona de Jesucristo.

En ocasión del regreso de Jesús al cielo. (Salmo 24)

Otra vez los ángeles se oyen cantar, pero ahora allá en el cielo. Sin embargo, mencionemos una palabra en cuanto al origen de este salmo. “El Salmo 24, uno de los himnos compuestos para celebrar la fundación de Jerusalén como la ciudad del gran Rey, parece tener su marco histórico en los acontecimientos narrados en 2 Samuel 6 y 1 Crónicas 15. Después que David tomó la fortaleza Jebusea de Sion (2 Samuel 5: 6-10), decidió trasladar el arca desde su sede transitoria en la casa de Obed-edom, en Quiriat-jearim, hasta el lugar que le había preparado en Jerusalén. Preparó una ceremonia para esta ocasión, y como parte culminante de este servicio, se cantó el Salmo 24”. (CBA, tomo 3, pág. 696)

Pero ahora Jesús ha terminado su misión en la tierra. Dio ejemplo como hijo y miembro de una familia. Llevó responsabilidades, trabajando en el banco del carpintero para apoyar al sostén de sus padres. Como corolario de su vida en la tierra, gastó tres años y medio en su ministerio público, sanando enfermos, instruyendo y preparando un puñado de hombres llamados y elegidos, sobre los cuales depositaría su tarea al partir; y predicando el evangelio del reino en todo lugar donde fuera.

Ahora allí, sobre el Monte de los Olivos, un lugar muy conocido para él, se despide de sus discípulos, diciéndoles: “Vendré otra vez”. Desaparece en el horizonte, mientras “todo el cielo estaba esperando para dar la bienvenida al Salvador a los atrios celestiales”. Mientras ascendía, iba adelante, y la multitud de cautivos libertados en ocasión de su resurrección le seguía. La hueste celestial, con aclamaciones de alabanza y canto celestial, acompañaba al gozoso séquito.

Al acercarse a la ciudad de Dios, la escolta de ángeles demanda:

“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,

Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria”.

Gozosamente los centinelas de guardia responden: “¿Quién este Rey de gloria?” Dicen esto no porque no sepan quién es, sino porque quieren oír la respuesta de sublime loor: “Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras puertas eternas y entrará el Rey de Gloria”. Vuelve a oírse otra vez: “¿Quién es este Rey de gloria?” porque los ángeles no se cansan nunca de oír ensalzar su nombre. Y los ángeles de la escolta responden: – “Jehová de los ejércitos, Él es el Rey de la gloria”.

Entonces los portales de la ciudad de Dios se abren de par en par, y la muchedumbre angélica entra por ellos en medio de una explosión de armonía triunfante”. (DTG. 772, 773) Un canto de gozo, un canto de triunfo, un canto de gratitud. Había cumplido su misión, había regresado a su Padre y éste le había aceptado. Ese canto que tú y yo no escuchamos, nos incluye; el triunfo de Jesús, es el nuestro. La victoria que él ganó es nuestra victoria. Como dice el apóstol San Pablo (1Corintios 15: 57)

“Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

III. EL ÚLTIMO CANTO CONGREGACIONAL

Aunque tú y yo hemos estado cruzando nuestros propios mares, no cruzamos el Mar Rojo con Moisés, no entonamos ese canto. Aunque más de una vez hemos escuchado música sublime, no tuvimos la oportunidad de escuchar las notas angélicas: “Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz”. Tampoco escuchamos a los ángeles dándole la bienvenida a Jehová el fuerte y valiente, el poderoso en batalla, pero hay otro canto aún. Hay un canto que pronto se va a cantar. Un glorioso canto de gratitud en el cual tú y yo podremos participar. El libro de Apocalipsis lo identifica como el Cántico de Moisés y del Cordero (Apocalipsis 15: 2, 3)

-Apocalipsis 14: 2, 3 “Y cantan un cántico nuevo delante del trono…” Ese canto será cantado por todos aquellos que, a pesar de su indignidad, por la gracia de Dios alcanzarán la victoria. Será cantado fuera de los límites de este mundo, ante la presencia de Dios y del Cordero. Su tema será la liberación experimentada por todos aquellos que lo puedan cantar, dando honor y reconocimiento a Aquel que lo hizo posible. Los corazones de aquellos que canten este canto, estarán henchidos de profunda gratitud, y por ello exclaman:

“La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero… La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. (Apoc. 7: 10,12).

Notemos la descripción inspirada que hace el espíritu de Profecía… “Adán mira en torno suyo y nota a una multitud de los redimidos de su familia que se encuentran en el paraíso de Dios. Entonces arroja su brillante corona a los pies de Jesús, y, cayendo sobre su pecho, abraza al Redentor. Toca luego el arpa de oro, y por las bóvedas del cielo repercute el canto triunfal: “¡Digno, digno, digno es el Cordero, que fue inmolado y volvió a vivir!” La familia de Adán repite los acordes y arroja sus coronas a los pies del Salvador, inclinándose ante él en adoración.

Presencian esta reunión los ángeles que lloraron por la caída de Adán y se regocijaron cuando Jesús, una vez resucitado, ascendió al cielo… están en pie los ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los hombres; se oye una voz como el estruendo de muchas aguas y como el estruendo de un gran trueno. Cantan un cántico delante del trono, un cántico que nadie podía aprender sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil. Es el cántico de Moisés y del Cordero, un canto de liberación”. (CS. págs. 706, 707)

Mis queridos hermanos, mientras estemos en este mundo va haber batallas, pero también habrá victorias. El Señor ha prometido estar con nosotros todos los días, hasta el fin; y su diaria asistencia nos garantiza el triunfo final. Ese es el tema del canto en el cual estamos invitados a participar. Un poquito más, y el que ha de venir vendrá y no tardará.

CONCLUSIÓN

Mientras el Salvador contempla a la multitud reunida en torno a él, transformados todos a su semejanza, con voz que todos pueden escuchar exclama: “¡Contemplad el rescate de mi sangre! Por éstos sufrí, por éstos morí, para que pudiesen permanecer en mi presencia a través de las edades eternas. Y entre los revestidos con túnicas blancas en torno del trono, asciende el canto de alabanza: “¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición! (Apoc. 5: 12)” (CS. págs. 729,730)

Mis hermanos, ¿no estamos sumamente agradecidos a Dios por su promesa? ¿No debiéramos agradecer a Dios esta mañana por las promesas de rescate, de liberación; por la promesa de salvación?

-Cuantos quieren agradecer (junto con nuestra ofrenda de gratitud) a Dios por la redención en Cristo Jesús?… Orar.

Unión Mexicana del Norte.

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