El hombre más humilde del pueblo.

El hombre más humilde del pueblo.

“Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación.” Salmo 149:4

Cuando me toca realizar una reflexión me gusta mucho ilustrarla con una historia para entrar en contexto de lo que se trata de expresar en ella, así que para comenzar esta reflexión te voy a contar una pequeña historia.

Cuenta la historia acerca de un pueblo en el que una persona un día sugirió al alcalde del pueblo que se le diera un reconocimiento de manera muy especial a la persona más humilde de ese lugar. La población de aquel lugar era pequeña, por lo que todos se conocían. Acordaron entonces que una persona fuera casa por casa, puerta por puerta e hiciera una encuesta a los vecinos sobre quién ellos creían que era la persona más humilde de aquel pueblo. De modo que uno fue puerta por puerta por cada casa de cada persona que habitaba el lugar y la respuesta fue unánime entre todos: casi toda la población votó por la misma persona. La decisión estaba tomada, por tanto, el alcalde del pueblo, acorde con todas las demás personas, decidieron que honrarían a aquel hombre otorgándole una distinción especial; una banda en la que se podía leer: “Al hombre más humilde del pueblo”.

Prepararon y adornaron la cinta de la mejor forma que pudieron y establecieron una fecha para que el alcalde del pueblo hiciera entrega de este precioso distintivo en el salón de actos cívicos de la escuela secundaria de ese lugar.

Llegó la fecha establecida y todos los habitantes asistieron al acto de reconocimiento. La orquesta de la escuela secundaria se presentó en el acto y tocó sus mejores piezas musicales. Después que el alcalde hubo expresado su discurso ante los lugareños en reconocimiento a tal especial ciudadano, pidieron al hombre que subiera a la plataforma para poder hacerle entrega de su banda distintiva. Al colocarle su banda, el público se puso en pie y estalló en una gran ovación.

Al día siguiente del evento, el alcalde, con gran decepción, tuvo que retirarle la banda a aquel hombre debido a que todavía la llevaba puesta. Pero, ¿por qué?

Bueno, en su lógica, el alcalde dedujo que una persona verdaderamente humilde no habría mantenido su banda puesta.

Esta es solo una historia; pero la lección es clara: Una persona verdaderamente humilde no se jacta de ello porque, al hacerlo, deja de ser humilde.

Esta historia me recuerda un poco a la experiencia que pasó el levita de Efraín.

Después de un viaje largo y cansado decidieron pasar la noche en Gabaa de Benjamín. Al entrar a la ciudad se dirigieron a la plaza y se sentaron allí, porque no hubo nadie en el lugar que les invitara a pasar la noche en su casa.

Finalmente, siendo ya de noche, pasó por el lugar un anciano que regresaba de trabajar en el campo y se encontró con el levita. Después de hacerle un par de preguntas a este viajero desconocido el anciano le dijo: “Paz sea contigo. Tu necesidad quede a mi cargo, con tal que no pases la noche en la plaza” (Jueces 19:20). Y a pesar de que el viajero le había dicho al anciano que nada le hacía falta a él, a sus asnos y a su esposa, el anciano los llevó a su casa y no dejó que gastaran de sus recursos para satisfacer sus necesidades, sino que él mismo le dio de comer a sus asnos y proporcionó alimento y bebida al levita y a su esposa.

¡Qué gran humildad! ¿No crees? Pero después de estudiar y meditar en todo esto tal vez puedas hacerte la siguiente pregunta: ¿Cómo puedo reconocer a una persona verdaderamente humilde?

Bueno, existen diferentes maneras de comprobar la humildad de una persona, si es genuina o no:

  1. Una persona humilde NO trata de ser el centro de atención. Recuerda que Jesús reprendió a los fariseos por sus ansias de aplausos. “Hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Porque ensanchan sus filacterias, y alargan los flecos de sus mantos” (Mateo 23:5).
  2. Una persona humilde NO se apresura a expresar sus opiniones. Aprende a escuchar primero antes de hablar. “…todo hombre sea pronto para escuchar, lento para hablar, lento para enojarse” (Santiago 1:19).
  3. Una persona humilde NO busca venganza contra sus enemigos. “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: ‘Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor’” (Romanos 12:19).

“…Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os maltratan y persiguen” (Mateo 5:44).

Recordemos la bienaventuranza que Jesús expresó en el sermón del monte: “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:5).

Así como en Jesús, la humildad debe formar parte de nuestro carácter.

Si una persona es verdaderamente humilde, todos los demás lo sabrán menos ella.

Que en nuestra oración diaria pidamos a Dios que la humildad que hubo en Jesús al estar en esta tierra se vea reflejada en nosotros, para que a través de ella podamos ser una luz en medio de la oscuridad, y así otros puedan conocer el carácter de Jesús a través de nosotros.

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