Estar con la gente de Dios.

Estar con la gente de Dios.

“No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).

Honrar a Dios el sábado por la mañana no es nada difícil, siempre y cuando ese tiempo esté ocupado con la Escuela Sabática y el culto de adoración. Por desgracia, algunos descuidan la asistencia a la iglesia aunque las Escrituras nos digan que debemos ir. He oído que algunos dicen que andar por el bosque o por la playa los llena más que ir a la iglesia. Estoy seguro de que estar a solas con Dios en la naturaleza inspira y es una bendición, pero no debemos verlo como un sustitutivo de la reunión con el cuerpo de Cristo: “Porque donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).

Algunos miembros de la iglesia no se acercan a la Escuela Sabática. Puede ser por dos razones. En primer lugar, el sábado por la mañana, a la gente le gusta dormir hasta un poco más tarde; y, en segundo lugar, a veces al programa de la Escuela Sabática le sobra tanta improvisación y le falta tanta preparación que no consigue captar el interés de los asistentes. En algunos lugares, los fieles dedican casi todo el sábado por la mañana y no regresan a casa hasta la noche. Para ellos, el día está lleno de adoración, comunión y actividades misioneras.

Te lo recomiendo, no desprecies la experiencia de asistir a la iglesia. Cuando enfermamos físicamente, llamamos a una ambulancia para que nos lleve al hospital. Sin embargo, cuando enfermamos espiritualmente, en lugar de asistir a la iglesia, solemos alejarnos de ella. Si empiezas a tener la sensación de que prefieres alejarte de la iglesia, ese es el momento de esforzarse por no dejar de asistir.

¿Qué sucede con la tarde del sábado? Recuerda el principio del aniversario y no busques antiguas parejas (“No améis al mundo, ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” [1 Juan 2:15]). Recuerda que hacer cosas con otros observadores del sábado puede ser una gran bendición. En la planificación está la clave.

Echar una cabezada estaría bien, pero tenemos que resistir a la tentación de dormir toda la tarde. Además del descanso físico, necesitamos un cambio de ritmo. La vida puede convertirse en una rutina aburrida. El sábado puede romper esa rutina y darnos una nueva perspectiva. Pero si nos quedamos en la cama todo el sábado, el viernes se mezcla con el domingo y nos habremos perdido el cambio que tanto necesitábamos.

¿Te imaginas a Jesús durmiendo todos los sábados?

Asistir a la iglesia también es importante porque a través de ella aprendes a formar relaciones íntimas con tus hermanos en Cristo. Pero, ¿por qué es tan importante aprender a relacionarnos con los demás dentro del cuerpo de Cristo?

Para Dios los nombres son importantes porque para Dios los nombres representan personas, y para Dios cada uno es importante. Dios no mira a todo el mundo de forma general. Sí, Dios tiene un pueblo, Dios tiene una iglesia, pero ese pueblo y esa iglesia están formados por personas individuales con una relación individual con él, y como iglesia somos importantes para el Señor, pero como individuos también lo somos.

Juan 10:3 dice: “A éste el portero le abre, y las ovejas reconocen su voz. Llama a sus ovejas por nombre, y las saca del redil”. El Señor no solo nos llama como iglesia. El Señor, como un Buen Pastor, nos llama a cada uno por nuestro nombre, y en los nombres hay algo importante.

Podemos ver en las diferentes cartas que Pablo escribió, que él conocía los nombres de sus hermanos, y Pablo no era precisamente alguien que estaba solo en Roma, sino que viajaba por muchos lugares y aun así recuerda una larga lista de nombres de sus hermanos que están en Roma y otros lugares, y no solo sus nombres, sino que recuerda además cosas de ellos: “Este fue mi hermano, este fue mi colaborador, este es mi pariente, esta es su madre y la mía, estos estaban antes que yo llegase, esta viene de aquí y va para Roma, recibidla en el Señor…”. Empieza a decir cosas: “Estas dos son obreras, estos dos son un matrimonio: Priscila y Aquila que han servido al Señor mucho…”. Pablo no solo conoce los nombres, sino que conoce las vidas de sus hermanos.

¿Qué nos enseña esto? Que la iglesia tiene que tener relaciones. Un hombre ocupado como Pablo, un hombre que no paraba de predicar como Pablo, un hombre que fundaba y pastoreaba durante algunos tiempos a miles de creyentes recuerda sus nombres.

¿Sabes los nombres de los miembros de tu congregación? ¿No? ¿Sabes por qué no te sabes los nombres de tu congregación? Porque ya no somos como esa iglesia primitiva. Ahora somos “consumidores de iglesia”. Ahora busco una iglesia que me satisfaga, que me cuide a los niños durante una hora, que me haga sentir bien y luego quiero llegar a casa a medio día, cerrar la puerta, bajar las persianas, poner una película o mi serie de Netflix, vivir tranquilo y descansar porque ya he cumplido con la iglesia. Eso no es la iglesia.

En un sermón que daba un conferencista llamado Juan Manuel Vaz decía: “Si no quieres que la gente se meta en tu vida no sigas a Jesús. Si no quieres rendir cuentas de cómo vives no sigas a Jesús. Si no quieres que la gente te corrija cuando vayas no sigas a Jesús. Si no quieres preocuparte por los demás mas que por tu casa y el ombligo de tu núcleo familiar no sigas a Jesús. Porque seguir a Jesús es involucrarte en la vida de los demás, y que los demás se involucren en tu vida”.

Hagamos que el verdadero significado y valor de congregarnos como hermanos resurja, y que no sea simplemente “un compromiso más”.

Valoremos realmente estar con la gente de Dios.

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