Los límites, ¿qué son y para qué sirven?

Los límites, ¿qué son y para qué sirven?

La misión más delicada que se ha encomendado a los padres es la crianza responsable y comprometida de los hijos. Sin embargo, puede resultar agobiante. ¡Cuántas veces no flaqueamos y estamos a punto de decir: “Está bien, hagan lo que quieran”!

La responsabilidad de criar a los hijos con límites y amor es de los padres, con la ayuda del Padre de todos.

Establecer límites a los hijos requiere energía, contundencia y sabiduría.

Conforme avanzan la tecnología y los medios de comunicación masiva, la tarea se vuelve más difícil. Los pequeños están expuestos a estímulos múltiples que les facilitan emplear unos argumentos que asombran y paralizan.

A pesar de ello, los padres deben saber que la instrucción de los hijos en los caminos de Dios, es más que orar. Es una labor que requiere energía, entrega y conocimiento. Es preciso usar estrategias adecuadas para hacer de ellos adultos responsables, llenos de amor y empatía, personas que respeten la autoridad y los límites propios y ajenos.

A continuación, veremos algunas de estas estrategias, planteadas a bases de estudios realizados por la Doctora Ana Patricia Sánchez.

¿Cómo implementar límites?

Los límites son reglas que los padres establecen a los pequeños y, de no ser obedecidos, acarrean una consecuencia establecida previamente. Por el contrario, la obediencia suele producir una recompensa.

Existen tres aspectos fundamentales para alcanzar el éxito al aplicar límites. El primero tiene que ver con la firmeza con que se cumple la consecuencia. A pesar de la tristeza que cause al niño y a los padres, una vez que desobedeció tiene que sufrir las consecuencias.

El segundo aspecto es que el niño aprenda a decidir si obedece o no.

En ese caso, necesita tener en claro que su decisión siempre tendrá consecuencias. El tercer aspecto implica lograr que el ejercicio de la autoridad esté íntimamente ligado con el amor. Un padre que comprende el dolor de sus hijos cuando sufren las consecuencias de su desobediencia, es el mayor ejemplo que puede brindar del amor de Dios.

Según crezca el niño y sus vivencias le permitan comprender que sus decisiones tienen consecuencias agradables o desagradables, se convertirá en un adulto capaz de pensar con detenimiento en el resultado que obtendrá al tomar determinada decisión.

Errores comunes.

A menudo los padres cometen errores por no tener en cuenta los aspectos ya mencionados. Por ejemplo, establecen un horario para dormir pero el niño nos convence de darle más tiempo. Poco después, él es quien establece el límite y no sus padres. El simple hecho de oscilar entre firmeza y laxitud, estimulará en el niño el deseo de probar si en otras circunstancias más delicadas también puede traspasar los límites.

Es necesario comprender que no recibimos a los niños con límites incorporados. Enseñarlos es responsabilidad de los padres. El correcto uso del concepto de “límite” permite a los pequeños crecer sabiendo que no pueden ser dueños de todo lo que desean. Este aprendizaje desarrolla su tolerancia a la frustración por lo que, cuando sean adultos, aceptarán que no puede tenerse todo en la vida. Asimismo, respetarán las propiedades ajenas y los sentimientos de otras personas porque sabrán que tampoco les pertenecen.

Recuerda que se necesita mucha sabiduría y perseverancia para alcanzar este objetivo, y llegarán momentos en los que creerás que no puedes más. Aun así, cuando te arrodilles y pidas la ayuda del cielo, harás un equipo invencible con el Rey del universo.

La responsabilidad de los padres.

Los padres necesitan saber que la disciplina y la aplicación de límites es un proceso que lleva años, y a veces parece más fácil evitarlo. Pero no es un deber obvio. Cuanto más pequeño sea el niño, mejor será realizar esta labor; cuando llegues a la adolescencia, conservarás solamente el respeto que hayas ganado en la niñez.

Cuando el niño comprende y acepta que sus padres son la autoridad, se desarrolla en él un sentido de respeto que se tiene hacia otras autoridades, como los maestros, jefes de trabajo y la policía. Se forma entonces un adulto que se respeta, y respeta, porque ha sido tratado con respeto.

La implementación de los límites es cuestión de valientes, y no es exagerar. Recuerda a un niño en el supermercado que hace un berrinche por algo que desea y el padre está decidido a no dárselo. ¿Acaso no es de valientes mantener la firmeza y la ecuanimidad a pesar del espectáculo que ofrece el niño?

En algunos casos parecen crueles, pero los límites constituyen una barrera de protección contra los propios impulsos de los hijos; por consiguiente, evitan que tomen decisiones para las cuales no están preparados.

En Costa Rica existe una campaña publicitaria para evitar accidentes de tránsito que dice: “No le dejes toda la responsabilidad a tu ángel de la guarda”. En efecto, no le dejes toda la responsabilidad a tu ángel guardián, y decide criar a tus hijos con límites y amor.

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