Somnolencia peligrosa

Somnolencia peligrosa.

“Y si os parece mal servir al Señor, entonces elegid hoy a quien servir; o a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses amorreos en cuya tierra habitáis; que yo y mi casa serviremos al Señor” Josué 24:15.

Cuando David Livingstone fue sepultado en la abadía de West-minster, se apiñaron miles de personas en las calles para prestar un último homenaje al gran misionero en África. En medio de la multitud había un hombre encanecido, vestido modestamente, que lloraba convulsivamente. Alguien le preguntó por qué lloraba cuando todos trataban de honrar al ilustre muerto. “Le diré por qué”, respondió el hombre bañado en lágrimas. “David Livingstone y yo nacimos en el mismo pueblo, crecimos en la misma escuela, fuimos a la misma iglesia, trabajamos juntos en la misma sala, pero David siguió el camino del evangelio y yo lo desprecié. Ahora él es honrado por toda la nación y por los cristianos de todas partes, pero yo soy olvidado, desconocido e ignorado. No tengo nada que esperar del futuro a no ser la sepultura de un borracho”.

Josué, ya en el crepúsculo de su vida, reunió a “todas las tribus de Israel en Siquem, y llamó a los ancianos de Israel” y les presentó un memorable desafío. Después de recordarles las poderosas operaciones de Dios en favor de su pueblo, invitó a la nación a escoger a quién servir. El culto a los dioses paganos era practicado secretamente por muchos de ellos. Y ahora Josué les presenta la necesidad impostergable de tomar una decisión. “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron del otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.

¡Qué insensatez sería para Israel escoger las divinidades de los amorreos! Sus dioses fueron evidentemente impotentes para proteger a sus adoradores, que fueron destruidos y la tierra que poseían fue dada por herencia al pueblo de Dios.

Hay decisiones que producen consecuencias duraderas. Una buena elección será fuente de bendiciones; una mala, una maldición.

Vayamos mentalmente a aquel lugar apacible, con las montañas Ebal y Gerizim como testigos de aquel memorable encuentro. El líder exhorta: “Escogeos hoy a quién sirváis”. El dilema provocó una respuesta favorable. Dijo el pueblo: “Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses” (Josué 24:16).

¿Cuál será nuestra respuesta? ¿La vida o la muerte? ¿La bendición o la maldición?

Jack y Gladys Tipps no alimentaban esperanzas. Mes tras mes, año tras año, aguardaban que su hijo se despertase de aquella larga hipnosis. El 21 de mayo de 1967, Gene, de 20 años, regresaba a casa en Tejas aprovechando el ofrecimiento de un amigo. Súbitamente el auto donde iba se deslizó en el asfalto sobre una resbaladiza mancha de aceite y, derrapando fuera de control, chocó contra un barranco. El amigo sufrió heridas leves, pero Gene tuvo varias fracturas y perdió los sentidos. Durante treinta días permaneció en coma profundo, pasando después a un estado de somnolencia semiconsciente.

En tal estado, no reconocía a los padres ni daba señales de su personalidad anterior. Su inteligencia vivaz y espontáneo humor desaparecieron. Respiraba, pero su comportamiento fisiológico no era normal. Después de innumerables tentativas frustradas, el equipo del hospital les pidió a los padres que lo llevaran a casa. Neurocirujanos y neurólogos fueron consultados, pero ninguno pudo hacer algo capaz de despertar al desventurado joven.

En 1975, una infección en la vesícula biliar lo llevó de nuevo al hospital. Fue operado y, aproximadamente 65 horas después, ocurrió lo inesperado. Sin saber lo que había acontecido, Gene emergió de su estado vegetativo. Miró espantado a la madre, y le preguntó: “¿Cuánto tiempo hace que estoy en este hospital?” Esa fue la primera pregunta que formuló en ocho años. La madre se volvió, sorprendida, y respondió: “Hace tres días que estamos aquí”.

Gene se levantó y, sentado, oyó con asombro a la madre contar que había sufrido un accidente y que, como consecuencia, había permanecido durante ocho años en estado semicomatoso.

“Por eso se dice: ‘Despierta, tú que duermes, levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Efesios 5:14), es la exhortación que el apóstol nos dirige hoy. Hay muchos entre nosotros que, a lo largo de la jornada de la vida, sufrieron accidentes espirituales y, como Gene, perdieron la conciencia y ahora viven adormecidos, insensibles a los llamados del Espíritu Santo.

“Dios invita a todos… a que se despierten… Las escenas de la historia terrenal están llegando rápidamente a su fin. Vivimos en medio de los peligros de los postreros días. Mayores peligros nos esperan, y, sin embargo, no estamos despiertos… Satanás y sus ángeles… saben que si los hijos de Dios duermen un poco más… su destrucción es cierta” (Servicio cristiano, pp. 47, 48, 103).

La última mentira diabólica es: “No aceptes a Cristo hoy, acéptalo mañana, acéptalo después”. Porque Satanás sabe que la vida es corta, y en cualquier momento puedes morir, y si tú mueres sin Cristo estás perdido, y en tu mente estuviste engañado de que tendrías tiempo en la vida para aceptar a Jesús. El diablo te mintió de que primero es el placer, primero es la diversión, primero son las cosas de este mundo, primero hay que disfrutar. El diablo te engañó, y esa mentira te está destruyendo, esa mentira te está alejando de Dios. El diablo primero te aleja de Dios para destruirte. Él no puede destruirte cuando tú estás en la presencia de Dios, y para alejarte de Dios te aleja de su Palabra, por eso es que la Biblia que tienes en tu casa está cerrada y empolvada. Prefieres revisar tus redes sociales, prefieres ver televisión, prefieres cualquier otra cosa menos abrir la Palabra de Dios. El diablo quiere distraer tu atención porque la Biblia te abre los ojos y te dice la verdad, te dice cuál es el camino que debes seguir, te dice qué cosa tienes que hacer, y mientras más cerca estés de la Biblia más lejos estarás de esta mentira. Recuerda que la mentira cierra la puerta de los cielos.

Escoge tú hoy a quién vas a servir. No mañana, ni la semana que viene, ni el mes que viene, ni el año que viene, sino hoy, “porque él dice: ‘En tiempo aceptable te oí, en el día de la salvación te ayudé’. Ahora es el tiempo aceptable, ahora es el día de la salvación” (2 Corintios 6:2). No desprecies el llamado que Jesús hace a tu vida hoy.

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