Visión, fe y ánimo

Visión, fe y ánimo

“Porque el Señor ejecutará su Palabra sobre la tierra, cabalmente y con prontitud” Romanos 9:28.

En la pared de na estación ferroviaria, en Europa, se encuentran pintadas, en letras de oro, las siguientes palabras:

“Visión para ver. Fe para creer. Ánimo para ejecutar”.

Visión. El ojo es el más noble de nuestros órganos. Es también el más revelador. Ni las manos, ni la boca, ni la cabeza nos comunican tanto como los ojos. Son las ventanas del ser.

¿De qué forma estamos usando este noble órgano? Cristo nos exhorta a que usemos el sentido de la visión para contemplar los desafíos de un mundo estremecido por la desesperación. Él nos dice: “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses hasta la siega? Yo os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos. Ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).

El profeta Isaías, viendo las terribles condiciones de sus días, exclamó: “Por amor a Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha” (Isaías 62:1).

Fe. La incredulidad siempre fue una característica en la vida de los filósofos racionalistas. Ahora, sin embargo, verificamos con sorpresa, en el seno del cristianismo, la existencia de un número creciente de teólogos y ministros liberales que destilan en sus libros y mensajes el veneno de la duda.

Y hasta nosotros, portadores del último mensaje de Dios para este planeta moribundo, cuando contemplamos la inmensa obra a ser realizada a la luz de nuestras insuficiencias, somos llevados a veces a los abismos de la duda y la incertidumbre.

Ánimo. Israel, después de haber vagado durante tantos años a través de las escaldantes arenas de un calcinado desierto, reveló una sorprendente ausencia de entusiasmo para ejecutar la obra de penetración y conquista de Canaán.

Igualmente nosotros, el Israel moderno, hemos peregrinado en el desierto de este mundo durante más de 157 años. Estamos ahora, en la cronología profética, junto a la frontera de la Tierra Prometida.

Y la misma apatía que caracterizó a Israel en el pasado, parece permear algunos segmentos de la iglesia hoy.

Concédanos Dios la visión para contemplar las necesidades del mundo; la fe para elaborar grandes planes de acción misionera; y el ánimo para, en rápidos y vibrantes movimientos, escribir el último capítulo de la historia de la evangelización.

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