Aprende a donar

 

Aprende a donar.

En México, como en otros países, existe una gran demanda de donación de órganos. Sin embargo, en la población no hay una cultura tal, a pesar de la gran necesidad.

El doctor cirujano adventista Yisvanth Pérez Ponce relata una experiencia muy interesante respecto a este tema. Al estar en contacto con pacientes graves en un hospital donde se realizan procedimientos quirúrgicos de tercer nivel (hospitales que cuentan con infraestructura y programa de donación de órganos), sus compañeros le empezaron a cuestionar acerca de la donación de órganos cuando supieron que era Adventista del Séptimo Día. Pero, ¿qué dice la Santa Biblia en relación a la donación de órganos?

¿Transgredimos algún Mandamiento de la Ley de Dios al donar órganos? ¿Habrá dado Dios algunos principios por los cuales nos podamos guiar en cuanto a la donación de órganos?

Con estas preguntas en mente, el doctor Yisvanth buscó en la Biblia para guiar este estudio en relación a la postura de un médico adventista y la donación de órganos. Que estos comentarios sirvan de base para un estudio personal y profundo de la Palabra de Dios en relación a este actual e interesante tema.

Principios bíblicos y la donación de órganos

“Entonces Dios el Señor modeló al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser un ser viviente” (Génesis 2:7). La Santa Biblia aclara el origen del hombre, confirma que Dios lo creó. El Señor con sus propias manos lo moldeó, se inclinó a tierra y finalmente “sopló en su nariz hálito de vida”.

El origen de toda la humanidad es común, todos salimos de las manos de Dios. Por lo tanto, tus órganos y mis órganos tienen el mismo origen, podemos compartirlos con quienes los necesiten. La donación de órganos nos permite preservar lo que Dios creó, nuestro origen es común, por lo tanto, podemos participar en dar y aceptar la donación de órganos.

Tipos de donadores

Se puede clasificar los donadores por su origen: “Donador vivo relacionado”, es aquella persona que está relacionada por consanguinidad (padres, hermanos, tíos, primos) y el “donador vivo no relacionado o relacionado afectivamente” (cónyuge, adoptado, adoptante). Este donador solo puede donar un riñón, por ser un órgano par. También se puede donar médula ósea (en este caso la donación puede ser de un menor, claro, con aprobación de sus padres).

Otro tipo frecuente de donación es el de “donador cadavérico”, que es de un paciente que se le ha determinado muerte cerebral, aunque su corazón continúa latiendo. Este tipo de pacientes puede estar en terapia intensiva o bien, en urgencias, con el antecedente de un traumatismo cráneo-encefálico (por atropellamiento, volcadura, herida por proyectil de arma de fuego). Estas son las causas más frecuentes de muerte cerebral, aunque también puede ser por una hemorragia o un tumor cerebral. Es necesario que conozcas que este tipo de donadores son “multiorgánicos”, porque pueden donar: corazón, dos pulmones, dos riñones, intestino y dos córneas. ¿Te das cuenta a cuántas personas puede ayudar? ¡Ocho!

En caso de ser “donación cadavérica” no hay contraposición con el principio bíblico, si vamos y revisamos el momento de la aparición de la vida o alma viviente:

“Molde de barro” (A) + “hálito (aliento) de vida” (B) = ser (alma viviente).

Dios formó un “alma viviente” o al hombre de A + B, separados no hay vida. Por ejemplo, el agua se compone de H2 + O, separados, son elementos con características propias y específicas, diferentes y, claro, no existe el agua. Podemos donar órganos o recibir donación de órganos, pues el donante ya falleció, se separó el “hálito de vida” (B) de la parte orgánica (A) y, previamente, dejó de existir (falleció), por lo tanto, no le estamos quitando la vida, ya que su corazón bombea con la ayuda de una máquina, no por sí mismo.

Imitación y amor

“Haya en vosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús. Quien, aunque era de condición divina, no quiso aferrarse a su igualdad con Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomó la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Y al tomar la condición de hombre, se humilló a sí mismo, y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:5-8). Jesús, el verbo de Dios, a pesar de ser el Creador, cuando el pecado entró, estuvo dispuesto a ofrecerse para rescatar a la raza humana de la muerte eterna, al grado de dar su vida y humillarse tomando forma de hombre y dar así su vida por el pecador. Recibir un órgano representa “vida” para el receptor, entonces no hay contradicción en compartir, Dios dio, por lo tanto, tú y yo también podemos compartir parte de lo que nos dio: vida.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino tenga vida eterna” (Juan 3:16). “Pero Dios demuestra su amor hacia nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Dios no solo muestra su amor, él es amor, y nos pide que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, si Cristo murió por nosotros, entonces cuando se comparte, no se cuestiona si la otra persona lo merece, como Dios nos ama, así debemos amar, como Dios dio, así debemos dar, para mostrar su amor a los demás. Por amor a Dios y a nuestros semejantes podemos compartir la vida con otros.

¿Dios nos hará un trasplante?

“Os tomaré de las naciones, os juntaré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos. Os daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezequiel 36:24-26).

Después de juntar al pueblo de Dios, nos limpiará de nuestra maldad, enfermedad y pecado; nos quitará lo que nos lleva hacia el pecado, lo que nos aleja de él, y nos pondrá un corazón nuevo. ¿Qué es esto? Un trasplante. Dios necesita cambiar lo que ya no es útil, en este caso lo que está contaminado por el pecado, y hacer un gran cambio. Dios promete, después de limpiarnos, ponernos un corazón nuevo que le ame y guarde sus mandamientos. También nos pondrá su Espíritu, el cual nos capacitará para serle obedientes.

A la luz de las Sagradas Escrituras, y desde el punto de vista del doctor Yisvanth y mío, no encontramos la contradicción o instrucción de Dios de tan notable acción: donar órganos. Para la persona que falleció ya no son útiles sus órganos, pero representan vida para quien los recibe. Nuestro Dios es un Dios de segundas oportunidades, y lo que podamos hacer, hagámoslo por amor a Dios y a nuestros semejantes. Sería una gran muestra de amor, ¿no crees?

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