Tres condiciones esenciales

Tres condiciones esenciales.

“Cuando te vaya bien, sé feliz; y en el día del mal considera. Dios hizo lo uno y lo otro. Por tanto, el hombre no descubre lo que le traerá el futuro” Eclesiastés 7:14.

Todos tenemos días alegres y prósperos. Sólo no perciben la presencia de los días venturosos los que cultivan un espíritu ácido y sombrío. Hay personas que murmuran cuando llueve, pero no saben cantar cuando brilla el sol; que protestan por las espinas que incomodan, pero no se entusiasman con las flores que alegran la vida. Les falta, al parecer, la capacidad de saber disfrutar las alegrías de la vida en su plenitud.

¿Y qué decir de aquellos que realmente poseen un bien, o muchos bienes, físicos y morales, y no saben cómo disfrutarlos? ¿Es la abundancia lo que los enfada? ¿O será la avidez inmoderada de mayor prosperidad lo que los tortura? Son seres inquietos que no saben “gozar el bien”. El rostro siempre entristecido refleja una permanente angustia interior; se muestran melancólicos e introvertidos.

Tú, sin embargo, “en el día de la prosperidad goza del bien”, aconseja el sabio inspirado. Naturalmente, si queremos “gozar del bien” debidamente debemos observar tres condiciones esenciales:

Gozar con gratitud: “Cuando Dios te manda un beneficio, recíbelo con reconocimiento”, decía Horacio, el célebre poeta latino. Y conviene resaltar el hecho de que Horacio era pagano. Hubo y hay paganos que tuvieron y tienen chispazos de cristianismo en su vida; por otro lado, hubo y hay cristianos que cultivaron y cultivan algo de paganismo en el corazón. La ingratitud hacia Dios no pasa de un resquicio del paganismo más abominable.

Gozar el bien que te pertenece: Sin codiciar los bienes concedidos a los otros, goza del bien que recibiste. No lo desprecies, ni lo juzgues insuficiente; gózalo intensamente, seguro de que la fuente de tu alegría está en el bien que Dios te concedió a ti, y no en los bienes concedidos a los otros.

Gozar plenamente: Para poder disfrutar plenamente de los beneficios confiados por la Providencia, gózalos, permitiendo que tus semejantes también disfruten con ellos.

¡Cuántos hay que viven atribulados por la miseria del hambre, que habitan en tugurios sombríos y que arrastran consigo las heridas del cuerpo! ¡Si quieres gozar del bien abundantemente, debes hacerlos participantes de tus bendiciones!

Siguiendo estas tres condiciones podrás disfrutar plenamente del bien otorgado por Dios.

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