Una alimentación para toda la vida

Una alimentación para toda la vida.

Los alimentos integrales fortalecen un cuerpo sano: disfrútalos.

Tenemos un cuerpo que es una maravilla de la ingeniería y evidencia palpable de una inteligencia infinita. Piensa en los prodigios que esconde una sencilla célula, en la complejidad del cerebro, en las maravillas que adornan el corazón o en el milagro divino de un nacimiento. Al igual que un auto de lujo, nuestro cuerpo también necesita que le proporcionemos el mejor combustible posible. Si nuestra alimentación no es la apropiada, nuestro cuerpo no funcionará correctamente.

Una alimentación equilibrada, escogiendo los mejores productos, nos proporcionará los nutrientes esenciales para el crecimiento, el mantenimiento y la generación de energía. Cuando consumimos productos de baja calidad o si, aun siendo los mejores, no comemos lo suficiente, la maquinaria del cuerpo se debilita. Asimismo, si ingerimos un exceso de alimentos refinados, con toda facilidad, sufriremos de sobrepeso y de falta de nutrientes esenciales. Nuestro Creador se preocupa por nuestra salud. Nosotros también tendríamos que hacerlo. El apóstol Juan se hacía eco del deseo del Señor cuando decía: “Querido hermano, pido a Dios que, así como te va bien espiritualmente, te vaya bien en todo y tengas buena salud” (3 Juan 2).

La alimentación está en el centro mismo del plan de Dios para nuestra vida. No me malinterpretes. No es que comiendo nos ganemos el cielo. Somos salvos por la gracia y la gracia sola: “Porque por gracia habéis sido salvos por la fe. Y esto no proviene de vosotros, sino que es el don de Dios” (Efesios 2:8). Sin embargo, es posible que no consigamos alcanzar el propósito que Dios tiene para nuestra vida debido a que nuestros hábitos alimenticios nos provoquen una enfermedad prematura y evitable que nos cause la muerte. No nos equivoquemos: lo que comemos sí importa.

¿Qué hemos de comer?

Alimentamos el cuerpo con la comida que escogemos. De ella obtenemos los nutrientes esenciales para disfrutar de una vida sana y productiva. La digestión es el intrincado proceso destinado a descomponer bioquímicamente los alimentos y transformarlos, de manera que el cuerpo pueda asimilar los nutrientes que poseen para mantener la vida. Ese proceso empieza en la boca, sigue en el estómago, pasa al intestino delgado y acaba en el colon o intestino grueso. Podemos clasificar los nutrientes necesarios para el cuerpo en estas tres categorías principales:

  • Hidratos de carbono: En una alimentación de “gasolina súper”, la mayoría de los hidratos de carbono tendría que proceder de productos ricos y sin refinar, como los cereales integrales, legumbres, frutas, verduras y hortalizas.
  • Proteínas: Todas las células del cuerpo contienen proteínas. Son necesarias para el crecimiento y la reparación de los tejidos. En casi todos los alimentos encontramos cierto porcentaje de proteína. Los productos de origen animal como la leche y los huevos son ricos en proteína; pero también las legumbres (garbanzos, frijoles, lentejas) contienen proteínas de primera calidad.
  • Lípidos o grasas: Son una fuente de energía concentrada. A menudo, nuestra alimentación es alta en grasas. Como nos gusta el sabor que las grasas dan a los alimentos, muchos preferimos las papas fritas a las hervidas. No hemos de olvidar que las nueces (de nogal, almendras, avellanas, cacahuates, nueces de la India, etcétera), consumidas con moderación son una excelente fuente de grasas de calidad.
  • Vitaminas: Son un componente orgánico esencial de nuestra alimentación. Se necesitan en pequeña cantidad para que el crecimiento y la actividad se desarrollen con normalidad. La mayoría están presentes de manera natural en los alimentos. Algunas se disuelven en las grasas, y otras en el agua Un suministro inadecuado resulta en una deficiencia.
  • Minerales: Estos elementos inorgánicos son vitales para la salud humana y se obtienen fácilmente tanto de los alimentos de origen animal como vegetal. Su escasez puede conducir a una deficiencia.
  • Antioxidantes y fitoquímicos: No hace mucho que los científicos empezaron a descubrir cientos de estas sustancias. Su función es proteger el cuerpo de las enfermedades y algunos de los efectos del envejecimiento. Se encuentran, principalmente, en los cereales, frutas, hortalizas y nueces. Todas estas categorías de nutrientes son necesarias para disfrutar de una buena salud. El secreto está en cómo se combinan.

Considera desde hoy incluir en tu dieta diaria las cantidades adecuadas de todo lo que antes se mencionó, para que lleves una vida sana y placentera, y entonces los propósitos de Dios para tu salud se cumplan en ti.

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