El valor de una alimentación vegetariana

El valor de una alimentación vegetariana.

La dieta vegetariana aporta enormes beneficios y no resulta excesivamente caro. Si bien requieren compromiso y tiempo, ayudan a mantener la glicemia dentro de los parámetros de la normalidad y previenen daños oculares, renales y vasculares (en particular en las extremidades inferiores). El investigador y médico británico Denis Burkitt estaba en lo cierto al comentar: “Si la gente se cayera constantemente de un acantilado tienes dos posibilidades: poner un montón de ambulancias al pie del acantilado o construir una cerca que impida llegar a él y evite que la gente se caiga. Pues bien, lo que nosotros hacemos es poner un montón de ambulancias al pie del acantilado”.

Muchos, en esencia, dicen: “Doctor, deje que viva como me plazca, coma lo que me apetezca, fume y beba cuanto quiera y deme una píldora mágica que me mantenga sano”. Hay, sin embargo, un camino mucho mejor que transgredir las leyes de la salud y esperar lo inesperable para disfrutar de buena salud. En lugar de eso, podemos levantar “cercas” que nos protejan, a nosotros y a nuestros hijos, de las enfermedades y la muerte prematuras siguiendo una alimentación saludable y natural, haciendo ejercicio con regularidad, descansando adecuadamente, bebiendo mucha agua, desarrollando relaciones positivas y teniendo fe en un Dios que se preocupa de verdad por nosotros. Como adulto, tienes el privilegio de poder forjar hábitos saludables en tus hijos que los protegerán de una pandemia tan virulenta.

Al mismo tiempo, nuestra propia salud también saldrá beneficiada.

Necesitas estar físicamente activos y animar a tus hijos para que ellos también hagan ejercicio. Tienes que ser un buen modelo para tus hijos presentándoles las opciones de alimentación más saludables como la prioridad en los planes y el presupuesto familiares. Ello se aplica en especial a las mujeres embarazadas, quienes tienen en sus manos tanto las elecciones de sus hijos como su salud futura o, posiblemente, su falta posterior.

La Biblia contiene excelentes consejos y orientación para guiarnos, a nosotros y a nuestros hijos, en la toma de decisiones relacionadas con la salud y las conductas en general. “Adiestra al niño en el camino que debe seguir, y aunque sea anciano, no se apartará de él” (Proverbios 22:6). En el siguiente consejo relacionado con la ley de Dios y sus enseñanzas se nos describe hasta qué punto son importantes el ejemplo y la repetición en la instrucción: “Y estas palabras que te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés en casa o cuando vayas por el camino, al acostarte y al levantarte” (Deuteronomio 6:6, 7).

Como padres, deben dedicar tiempo, demostrar amor, y dar ejemplo de buenos hábitos y perseverancia a sus hijos, desde el mismo momento de la concepción hasta que se independizan del cuidado paterno.

Las Escrituras nos recuerdan que somos una “creación admirable”: “Te alabo, porque de modo formidable y maravilloso fui hecho. Maravillosas son tus obras. Lo sé muy bien” (Salmo 139:14). Nuestra respuesta, por tanto, tendría que ser de alabanza y gratitud, en honor al Creador, en todo cuanto hagamos: “Así, si coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Él es fiel y nos ayuda en la toma de decisiones que van desde la elección del tamaño de las raciones y los alimentos que mejor satisfacen nuestras necesidades hasta el ejercicio y el descanso adecuados. Uno de los mayores motivos para mantener el cuerpo en buena forma es el deseo de honrar a Dios que nos creó. Por más que sigamos meticulosamente las leyes de la salud, a menos que el Señor vuelva antes, llegará un día en que la muerte nos alcanzará a todos sin excepción. Nuestro cuerpo no es un centro de diversión, ha de ser el santuario del Espíritu Santo, ahí radica la diferencia.

Hace años, Albert Reece, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, estaba ayudando a una mujer que había fumado durante décadas a que abandonara el tabaco.

Lo había probado todo, pero parecía como si ella fuera incapaz de perseverar en el más mínimo avance. Aunque podía dejar los cigarrillos durante unos días, no eran muchos y volvía una y otra vez a fumar. Un día, Reece, que es cristiano, le dijo que su cuerpo era el templo del Espíritu Santo y que, a través del Espíritu, Jesús anhelaba vivir en su cuerpo. Le explicó que las elecciones que hacía en cuanto al cuidado del cuerpo determinarían en parte su idoneidad para la eternidad. Al cabo de una o dos semanas, cuando fue a visitarla para darle ánimo, ella le dijo: “Lo conseguí. Dejé de fumar desde el último día que me visitó. Cuando quise hacer la primera inhalación de humo, me imaginé al Espíritu Santo tosiendo. Ya no quiero perjudicar el templo de mi cuerpo con el tabaco. Cuando Jesús vuelva, quiero poder presentárselo en el mejor estado posible”.

¿Querrás ofrecer tu cuerpo a Jesús como un sacrificio vivo para que sea un templo en donde él pueda morar a través del Espíritu Santo?

¿Por qué no lo invitas ahora mismo para que te dé fuerza de voluntad y determinación para vivir de forma saludable? Él no dudará en acudir en tu ayuda. Un médico humano no puede cambiarte el corazón, Dios sí puede hacerlo. La Biblia así lo dice: “Os daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Pondré mi Espíritu dentro de vosotros, y haré que andéis en mis Mandamientos, que guardéis mis normas, y las cumpláis” (Ezequiel 36:26, 27). Todos necesitamos que nos ayuden cuando queremos cambiar de conducta. Busca ayuda fuera de ti, busca la ayuda de Dios. Sin él te será imposible, pero él no hará nada sin que tú lo decidas y cooperes.

Pide a un buen amigo o a un familiar que te acompañe, que te dé ánimo y ore contigo. Cuando experimentes los resultados de tu elección y vivas la vida plenamente, estarás satisfecho de haberla tomado.

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