El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado

El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado.

“Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud” Salmo 143:10.

Actualmente, la palabra “obediencia” no pasa por sus mejores momentos. Casi se ha convertido en un concepto anticuado. Evidentemente, la palabra hace que la gente piense en la esclavitud y la opresión, en la violencia y el castigo. La gente del siglo XXI es tan autosuficiente que no tolera la idea de que nada ni nadie pueda ser dominado.

Los votos tradicionales de matrimonio han cedido el paso a expresiones más poéticas. De modo que la palabra “obedecer” ya casi no se usa. Nadie quiere que lo obliguen a obedecer a nada ni a nadie; ni a la ley, ni al maestro, ni al predicador y aún menos al padre o a la madre.

No obstante, si queremos ser capaces de dar nuestro mejor potencial, la obediencia es necesaria.

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El ejemplo perfecto

El ejemplo perfecto.

“Porque ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho, vosotros también hagáis” Juan 13:15.

Recuerdo que, de niño, observaba a los hermanos de la iglesia mientras se lavaban mutuamente los pies en el rito de humildad, justo antes de la Cena del Señor.

En ese entonces no entendía el significado de lo que hacían. Su verdadero significado se me escapaba incluso después de ser bautizado y empezar a participar con otros jóvenes de mi edad.

En Pakistán es común la expresión “mostrarle a alguien el zapato”. Es una muestra de desprecio por la otra persona. Ahora podemos comenzar a entender por qué Pedro le dijo a Jesús: “¡No me lavarás los pies jamás!”. “Mostrarle a alguien el zapato” es el insulto más grave porque se considera que el pie es la parte más vergonzosa del cuerpo. Por eso Pedro no podía permitir que Jesús tocara sus pies.

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Un tiempo para Dios

Un tiempo para Dios.

“Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré” Salmo 5:3.

El pastor Richard O’Ffill cuenta una anécdota que ocurrió una vez en su hogar. Relata que su hijo menor trabajaba en los jardines de una clínica de reposo. Durante la semana, guardaba la ropa de trabajo en la clínica y el viernes la llevaba a su casa para que su madre la lavara. Una tarde lluviosa de viernes, la esposa de este pastor le pidió que saliera y llevara la ropa sucia que su hijo había dejado en el automóvil. Como llovía demasiado fuerte, para salir, además de la canasta, el pastor tomó un paraguas. Ya en el auto, fue poniendo la ropa sucia en la canasta hasta llenarla. No quería hacer un segundo viaje; así que amontonó el resto de la ropa sobre la canasta llena. Luego se dispuso a regresar a la casa. Pero, mientras caminaba bajo la lluvia, la ropa que amontonó de más empezó a caer al suelo.

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Familias que oran juntas

Familias que oran juntas.

“En la tarde, al amanecer y al mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz” Salmo 55:17.

Si deseamos disfrutar de salud espiritual, cada día tendremos que apartar un tiempo para estar a solas con Dios. Para muchos, el mejor momento para la meditación personal es a primera hora de la mañana. Algunos se sienten incómodos ante la idea de estudiar la Biblia por la sencilla razón de que no les gusta estudiar. Si tú eres uno de ellos, ¿qué te parecería la idea de leer la Biblia? A la mayoría de la gente, la idea de leer la Biblia no le resulta incómoda. Hay personas quienes se proponen leer la Biblia de tapa a tapa, como si se tratara de una novela o un cuento. Pero no es extraño que se queden atorados en Levítico, y pierdan la lectura a partir de ese libro del antiguo testamento. Si este es tu caso, puede que te resulte mejor y más útil leer la Biblia “a la carta”; es decir: un poco de aquí y otro poco de allí…

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La palabra de Dios es alimento

La Palabra de Dios es alimento.

“¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Más que la miel a mi boca!” Salmo 119:103.

Durante el tiempo que vivió en la tierra, todo lo que hizo Jesús estuvo íntimamente relacionado con su uso de las Escrituras. Desde que, en el templo, cuando contaba con tan solo doce años de edad, enseñaba a los ancianos hasta que, en la cruz, exclamó: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?”, las Escrituras fueron su guía.

Un claro ejemplo de esto lo encontramos cuando Satanás lo tentó en el desierto. Jesús venció con las palabras: “Escrito está”. También cuando los fariseos trataban de ponerle alguna trampa para acusarle ante el sanedrín, él usaba la Palabra de Dios para mostrarles su error y no encontraban razón alguna en sus palabras para acusarle: “¿Qué dice la Escritura?”; “¿No habéis leído?”; “¿No está escrito?”.

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Nada es demasiado difícil para Dios

Nada es demasiado difícil para Dios.

“Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: “Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado” Mateo 9:22.

He oído que algunas personas han hablado de la fe como si se tratase de una excavadora capaz de empujar a Dios. Una vez escuché a un famoso curandero que decía: “Si se tiene fe, se le puede decir a Dios qué tiene que hacer”.

En la otra cara de la moneda, ¿cuántas veces habremos oído decir: “Oramos y no sucedió nada; será que no teníamos suficiente fe”? ¿Es posible que unos tengan tanta fe y otros tan poca?

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Manso y humilde

Manso y humilde.

“Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” Mateo 11:29.

“Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra” (Mateo 5:5).

Para comenzar con esta reflexión debemos entender primero lo que significa la palabra “mansedumbre”. ¿Qué conlleva o qué quiere decir ser “manso”?

El nuevo testamento fue escrito en griego. El griego es un idioma que me gusta mucho, ya que a través de ciertas palabras que en español pueden escribirse igual, en griego son distintas palabras que llevan un distinto significado y dan un contexto más claro al verso en cuestión.

Hay dos palabras en griego que recuerdo que son “adelphos mou”, que significa, “mi hermano”. Ahora cuando vayas a la iglesia los sábados por la mañana puedes estrechar la mano de alguien y decirle: “Feliz sábado, adelphos mou”.

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Señor, consérvanos puros

Señor, consérvanos puros.

“El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” Apocalipsis 3:5.

Una cosa es descubrir que las culturas idólatras y paganas del mundo son impuras y otra muy distinta, ver que el mundo cristiano le da la espalda a la moral y la pureza. Es la realidad de hoy en día. Las personas rechazan el verdadero carácter cristiano porque no están dispuestas a renunciar a sus malos hábitos ni dejar que Dios obre en ellos conforme a su voluntad. No hay influencia que corrompa más el corazón y, por desgracia, la mente de muchos que profesan ser cristianos, que los medios de comunicación de masas, en particular la televisión y el internet, que son los medios que se consumen más en estos días.

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¿Cómo vencer la tentación?

¿Cómo vencer la tentación?

“¿Por qué dormís? Levantaos y orad conmigo para que no entréis en tentación” Lucas 22:46.

“Después Jesús salió, y se fue, como solía, al monte de los Olivos. Y sus discípulos lo siguieron” (Lucas 22:39).

La última cena había terminado. Jesús y sus discípulos habían llegado al huerto de Getsemaní. Aquella noche se decidía si Jesús estaba dispuesto a beber la amarga copa del sufrimiento y la muerte.

“Cuando llegó a ese lugar, les dijo: ‘Orad para que no entréis en tentación’. Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oró,” (Lucas 22:40, 41).

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Un llamamiento al arrepentimiento

Un llamamiento al arrepentimiento.

“El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia” Proverbios 28:13.

Con el paso del tiempo ha habido una palabra que ha ido desapareciendo casi por completo de la predicación y de la vida de muchos creyentes. Esa es “arrepentimiento”. ¿Por qué no nos gusta oír esta palabra? Básicamente, cuando escuchamos la palabra “arrepentimiento” implica que somos responsables de lo que hacemos.

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